Pasando página al año de la pandemia

Termina el 2020. Un año muy complicado y del que pocos o ninguno habrá salido indemne, ya sea en el aspecto financiero o familiar. Empezó como un año prometedor y de numerología auspiciosa, año también de Juegos Olímpicos y Eurocopa. Pero el virus venido de China se lo llevó todo por delante. Sólo los muy viejos recordarán haber escuchado de una pandemia como la que vivimos hoy, la llamada gripe española de 1918. Los demás nunca habíamos siquiera imaginado una situación así. El mes de marzo de este año que acaba quedará marcado a fuego en mi memoria como un momento de emergencia, de supervivencia colectiva de nuestra especie.

Dentro de todo, este país que nos acoge supo organizarse y dar la batalla al virus. El gobierno de Justin Trudeau tomó decisiones rápidas y efectivas que paliaron los efectos más inmediatos de la pandemia; ahora, sin embargo, los fondos escasean y la cuesta de enero se avecina mucho más empinada de lo habitual. La buena noticia es que las primeras vacunas ya están aquí. Ayer anunciaron que antes de fin de año, miles de canadienses estarían vacunados. Se ve finalmente la luz al final del túnel.

En medio del justificado entusiasmo, no debemos ni podemos olvidarnos de los que hoy ya no están con nosotros. Hoy hay muchas familias que lloran a algún ser querido. Para nosotros los latidieneses (latino-canadienses), la distancia con nuestras familias de origen en Latinoamérica supone en estos momentos una carga emotiva muy fuerte. Somos muchos los que hemos tenido que despedirnos de un ser querido a la distancia.

Pero como siempre, de todas las situaciones hemos de aprender algo. Hemos aprendido, por ejemplo, a adaptarnos al trabajo a distancia y la importancia de los valores cívicos para actuar en unísono frente a una amenaza colectiva. Por ello, hemos de evitar la tentación de recordar este año 2020 como un año “malo.” Si echamos la mirada atrás aquilataremos muchas enseñanzas, momentos de alegría, reencuentros inesperados, la calidez de extraños, y otros aspectos positivos que nos permitieron librar momentos difíciles.

En lo personal, estoy agradecido con el 2020 por haberme ayudado a reencontrarme con amistades de otros tiempos, quienes muy amablemente se acercaron a preguntarme cómo estaba yo y mi familia, y mostraron su empatía cuando el fallecimiento de mi madre.

¿Qué nos espera en 2021? Sólo Dios sabe. Si algo aprendimos de este año que termina es que la vida puede cambiar de un momento a otro. Pero mi deseo y esperanza para el año que entra es, primeramente, volver a la normalidad cuanto antes. Logrado esto, restablecer los lazos vecinales en nuestras ciudades, y los vuelos internacionales que nos permitan a los migrantes ser efectivamente binacionales.

Mi deseo también es que salgamos de esta experiencia fortalecidos, un poquito más sabios, y más humildes. Deseo también paz a aquellos que hoy lloran a la distancia a un ser querido, y que tengamos pronto la oportunidad de estar con nuestras familias para despedirlos como se lo merecen. Finalmente, deseo una pronta recuperación económica, y que los que hoy buscan empleo lo encuentren.

Mi abuelo decía: año de pares es de pesares; año de nones, año de dones. Que así sea. Bienvenido 2021. Y deseando un 2021 lleno de triunfos. Salud.