Campesinos sin Tierra y Constructores sin Casa

Existe unanimidad en todos aquellos a los cuales les he preguntado acerca de las tres características positivas más sobresalientes de los inmigrantes latinoamericanos, debo confesar lo orgulloso que me siento cuando hago la pregunta y la persona casi sin dudarlo me responde lo siguiente:

1- Los latinos somos vistos como personas SUPER TRABAJADORAS. (Dicen que somos impresionantemente laboriosos, que se cansan de solo vernos trabajar)

2- Admiran nuestro APEGO A LA FAMILIA. (Reconocen que para nosotros la familia es sagrada, saben que incluso daríamos nuestras propias vidas sin dudarlo, por nuestros hijos, nuestros viejos y en general por nuestra familia)

3- Ven con asombro que a pesar de las dificultades y limitaciones, SOMOS GENTE FELIZ Y CONTENTA.

Después de analizar lo anterior, siempre me ha quedado la duda, la curiosidad de saber cómo es posible que con al menos estas tres virtudes tan maravillosas, mi querida comunidad no esté en una mejor posición en el contexto de las comunidades inmigrantes canadienses, ¿qué es lo qué nos pasa y por qué nos cuesta tanto salir adelante en este hermoso y bendecido país?.

Les confieso que esta incógnita no me dejaba en paz y creo que finalmente he llegado a una conclusión muy íntima y personal. Creo que la respuesta al enigma es la siguiente: los latinoamericanos somos excelentes para ganarnos el dinero, en eso casi nadie nos gana, pero al mismo tiempo somos pésimos ahorradores.

Como diría mi querida madre, somos maniflojos con el dinero, somos impulsivos al momento de tomar decisiones financieras y optamos por el camino ancho y cómodo de la gratificación inmediata, no por algo estamos entre los mejores compradores de vehículos nuevos en todo Canadá.

Como ejemplo a lo anterior, debo decirles que en el ejercicio de mi profesión como agente inmobiliario me encuentro a diario con profesionales de la construcción, personas super trabajadoras, quienes adoran a sus familias y que además siempre tienen una bella sonrisa en su rostro, pero quienes con tristeza en mi corazón observo que construyen casas hermosas para otras personas pero, en muchos de los casos, no tienen un vivienda propia para sus amadas familias.

A ellos los podríamos llamar ‘’CAMPESINOS SIN TIERRA’’ o su equivalente canadiense ‘’CONSTRUCTORES SIN CASA’’. ¿Qué hacer? ¿qué aconsejarles a estos admirables trabajadores?

Mi humilde y sincera opinión es la siguiente: tenemos que empezar a enojarnos con nosotros mismos y romper de raíz con los malos hábitos de consumo que aprendimos desde muy jóvenes, debemos valorar todo lo que hemos sacrificado y sufrido para estar en este país y empezar a ser más inteligentes en el uso de nuestro dinero.

Por último, debemos escoger con cuidado a quién estamos escuchando y de quién recibimos consejo. Seguramente nuestro primo quebrado o nuestro vecino rumbero, no nos ayudarán mucho al momento de buscar opiniones serias que nos ayuden a salir del círculo vicioso de la pobreza y el consumo desmesurado de objetos con valor pasajero.

Si usted piensa que estoy equivocado y que estoy exagerando, déjeme decirle que lo felicito, seguramente usted es de los pocos latinos organizados, maduros al momento de usar su dinero y que cuenta con un círculo de amistades que lo quieren ver cada dia mejor, si lo ofendí, le pido me disculpe, pero es que veo tantas injusticias y abusos a mis hermanos latinos, que a veces se me va la mano.

Me despido deseándoles siempre lo mejor y recordándoles que tengo licencia inmobiliaria para servir y ayudar a todo aquel que necesite mis servicios.

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