11

Desde que tengo noción de mis sueños, el número 11 ocupa en ellos lugar preferencial. Hoy, finalmente, me enteré el porqué de esa singular recurrencia.

Cuando salí del cinema eran las 11 de la noche. Para llegar a casa tuve que caminar 11 cuadras. 11 pisos subieron el elevador para llegar al apartamento número 11, que mi novia y yo ocupamos hace 11 días. Nada había cambiado en su interior, desde que lo abandoné 11 horas atrás.

Antes de lanzarme al vacío para recorrer los 11 pisos en caída libre, conté los orificios que mi ataque con arma blanca dejó en el cuerpo de mi compañera. Fueron seis.

Durante el acelerado descenso hacia la acera de la calle número 11 del barrio, repasé las veces que tuve que apuñalar a su sorprendido amante para neutralizarlo. Recordaba la quinta y última, al producirse el fatal encontronazo.

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