Domingo de ofertas

El centro comercial quedó en penumbras. Fue arduo el trabajo, pero la necesidad hace que superemos todos los obstáculos. No en vano invertí varias noches en ubicar la acometida eléctrica principal.

Debo apresurarme, pues la cuadrilla de mantenimiento detectará pronto el origen de la falla y vendrá a repararla.

Oigo el pulular de los visitantes. Parecen en estampida; agitándose inquietos en la oscuridad… buscando a sus hijos para protegerlos. Fue excelente mi elección, pues la cantidad de gente es mucho mayor el domingo, especialmente cuando cae la tarde.

La gritería me excita, al igual que los cuerpos temblorosos cuando emanan ese especial olor que produce el miedo. Casi puedo acariciar la angustia que sienten.

Llegó el momento; dispongo de algunos minutos para saciar mi hambre. Me siento débil, pues desde hace días no me alimento; por ello hoy sólo atacaré niños… la piel de sus cuellos es más suave para mis ya desgastados colmillos.