TEHUAN / Nosotros: canto a los mexicanos de Canadá

Hoy, en el marco de las celebraciones del 215 aniversario de la Independencia de México, vengo a cantarle a los
mexicanos de Canadá y a anunciar la primera historia de la diáspora mexicana, el libro que se llama, TEHUAN: Nosotros,
los mexicanos de Canadá /Nuestras historias /Our Stories /Testimonio y memoria de un pueblo. Te invitamos a participar,
búscanos con Grupo TEHUAN /FLORyCANTO/encuentros, /AHORA Canadá /Cuéntameunlibro.
Hace 58 años, empecé mi camino con el idioma español que nos une a los hispanohablantes del Canadá y con las artes
y tradiciones de México, construyendo comunidades, convocando artistas y artesanos, creando proyectos e intercambios
creativos, tocando puertas de instituciones canadienses, compartiendo saberes y espacios con otros. Este ha sido un
camino de flores y de aprendizaje, conocer otros mexicanos en Canadá y conocer la riqueza de acentos del español que
hablamos los latinoamericanos y que leemos en la palabra de Nicolás Guillén, Eduardo Galeano, Jorge Luis Borges,
García Márquez o Gabriela Mistral. Conocer el arte de los artistas locales, la chilena Amalia Jiménez, la española Lupe
Rodríguez, el argentino Eduardo Galla, el salvadoreño Oscar Camilo de las Flores, solo para nombrar a cuatro de
muchos artistas hispanohablantes que participaron en las exposiciones que organice en los ’70 y ’80 en Toronto. Pero,
hoy en el marco de las celebraciones de la Independencia de México, vengo a cantarle a la tierra que me vio nacer.
Hay unas palabras del poeta mexicano Ramón López Velarde, que se antojan cada que se acercan las fiestas patrias, y
dicen así: “Suave patria, te amo no por mito sino por tu verdad de pan bendito”
Hoy, traigo flores y CANTO y he venido a cantarle a los mexicanos de Canadá. Nosotros, los mexicanos de Canadá,
traemos una memoria y una muy rica y milenaria cultura, legado de las grandes civilizaciones de los pueblos
mesoamericanos y encuentros con otros mundos europeo, africano, judío, árabe y japonés. Traemos nuestra voz a esta
gran nación que llamamos Canadá, lugar de agua, de grandes lagos y majestuoso bosque boreal, la tierra que lleva olor
a hierba dulce de los Inuit, Metis y Primeras naciones.
Aquí en estas tierras canadienses, donde yace enterrado el soldado mexicano Rafael Rodríguez, quien lucho por Canadá
en la 1era Guerra Mundial de 1918, venimos nosotros, las mexicanas y mexicanos a construir nuestra casa /calli, nuestro
hogar, que dicen las crónicas del quinto sol: “mi hogar no está en la tierra”, y yo digo, nuestra casa hermanos migrantes,
esta donde estemos nosotros, está en el olor a tortilla de maíz salida del comal, en el color de nuestros sueños y el canto
del colibrí al amanecer, no es de piedra, se levanta con el vuelo del águila y está hecha de anhelos y mucho corazón.
Venimos a construir los valores colectivos de una comunidad y una identidad mexicana en Canadá aún cuando
aprendemos a nombrar las flores con otros nombres y nuestras emociones con otros acentos.
Somos pueblo de manos artesanas y pensamiento creativo, traemos los saberes de los tlacuilos, y con nosotros, los
mexicanos traemos la enorme diversidad de nuestros colores, artes y ciencias y esos maravillosos secretos de una muy
fina y diversa gastronomía, como pocas. Traemos nuestras tradiciones y la pachanga, los reventones, esas nuestras
fiestas divertidísimas, nuestro canto y nuestros bailes, nuestras guitarras, violines y caracoles.
Traemos la facinante tradición de Muertos que ha conquistado al mundo, nuestras ofrendas barrocas, el naranja amarillo
cempasúchil, el pan de Muerto a flor de azahar, el aterciopelado mole, el chocolate espumoso, el viento del papel picado,
las calacas danzantes y sonrientes calaveritas de azúcar y nuestras veladoras, oraciones y profundo respeto siempre
para Día de Muertos. Celebración y remembranza que perfumamos con flores cada año en la fiesta de los idos, ahora, en
el hemisferio norte de este lado del río y dos fronteras, pues no los olvidamos, porque para nosotros los mexicanos, Dios
nunca muere.
Con nosotros, traemos la imagen hermosa de nuestra Virgen de Guadalupe,
Y, con nuestros rosas mexicanos, nuestros íconos y mitos, los trajes de charro y huipil, nuestros rebozos y nuestros
apapachos, nuestros chismes, cuentos y leyendas, las historias y bordados de nuestras abuelas, también traemos los
diseños más contemporáneos, un natural ingenio y una visión inovadora. Traemos nuestras muchas y finas maneras del
ser mexicano. Somos de copal, volamos con el humo, sabemos lo que es trabajar en chinga, echarle los kilos y
reinventarnos, sabemos que en los retos están las oportunidades y lo que no hay, neta, lo creamos nosotros mismos,
sabemos ser y caminar bonito y despacito, dejamos huella pues.
Cada día, nuestro ingenio y conocimiento enriquecen a Canadá, desde nuestras empresas, médicos y científicos,
artistas, escritores, músicos, periodistas, académicos, diplomáticos, atletas y hasta un mexicano que diseña los billetes
del banco de Canadá y un cineasta Guillermo del Toro, cuya magia en la cinematografía y sabias palabras humanistas,
recorren el mundo entero y lo tenemos con nosotros en Toronto.
Y si, traemos las manos que limpian casas y oficinas, cuidan enfermos y construyen edificios y pavimentan carreteras y
esas benditas manos que trabajan los campos canadienses para llevarnos frutas y verduras frescas a nuestras mesas y
flores a nuestros hogares.
Con nosotros, los mexicanos de Canadá, traemos ese diseño que es muy nuestro, el de la piedra del rojo tezontle, el oro
bronceado del sol en la piel y el cenzontle de las cuatrocientas voces. Traemos, nuestra águila real y con ella volamos
alto, muy alto y la plasmamos en nuestra bandera de verde, blanco y rojo. Traemos nuestro grito, ese grito que nos brota
del pecho, cada que le cantamos al amor y al desamor y cada que celebramos a México, libre, soberano y hermoso, sus
selvas, montañas y valles, sus volcanes, mares y finas arenas, su linda gente y su golfo de México.
Gritemos pues, nuestro orgullo de sabernos mexicanos en tierras canadienses.
Vivan los mexicanos de Canada!!

VISUALES

INFORMACIÓN de la autora

Maria Luisa de Villa, artista visual, curadora, escritora, investigadora en artes y cultura de Mexico y maestria por la UNAM, con 58 años en las artes, pionera de la tradición de muertos en Canadá desde 1985 y del idioma español desde 1967.

María Luisa de Villa
Artista visual, curadora, investigadora en artes y cultura de México. |  + posts

“A t’aane’ un naajil a pixán, tu idioma es la casa de tu alma, en esa casa milenaria, permanece tu palabra” -Jorge Miguel Cocom Pech, y el tlamatini de México, Miguel León Portilla, nos dice que una lengua refleja una visión única del mundo y representa la memoria de un grupo.

“A t’aane’ un naajil a pixán, tu idioma es la casa de tu alma, en esa casa milenaria, permanece tu palabra” -Jorge Miguel Cocom Pech, y el tlamatini de México, Miguel León Portilla, nos dice que una lengua refleja una visión única del mundo y representa la memoria de un grupo.