Hay sueños que nos dan esperanza y los primeros hilos para tejer una realidad, este es el caso de la selección mexicana en la Copa Mundial FIFA 2026.
A mis 84 años, no recuerdo haber vivido esa vibra de mexicanidad que vivimos los mexicanos en todo el planeta durante los días luminosos de la Copa Mundial FIFA 2026.
Fueron días de mucha alegría y momentos inolvidables que quedan grabados en la memoria colectiva. La selección mexicana jugó como un equipo muy equipo que nos llevó a una extraordinaria manifestación del festejo como vivencia colectiva, una sola familia. Desde la cancha, nuestra selección logró unir a los mexicanos en el mundo entero en una sola voz. Nos llevó a pintar ciudades de verde esperanza, color
presente en nuestra bandera, movilizó una audiencia mundial de 60 millones y congregó en Paseo de la Reforma al pie del Ángel de la Independencia, a 1,4 millones de personas para gritar muy fuerte: ¡Viva México!
En mi visión y a pesar del inevitable duelo de perder el quinto juego, la Copa Mundal 2026, resultó ser un golazo para México, dimos una imagen que impactó al mundo. Desde la espectacular inauguración donde se echó a volar el águila nacional en el imponente estadio Azteca de CDMX, catedral del fútbol con la imagen del tradicional papel picado y los colores dorados del sol Tonatiuh que abraza nuestro suelo y el turquesa de nuestro mar caribeño, un fino y blanco huipil brocado de seda y tejido por manos artesanas,
regios penachos de plumas y excelente representación de la música popular contemporánea.
Llegamos hasta la cancha y el domingo pasado, mi selección lo dio todo: dos magníficos goles y actuación espléndida que generó muchoselogios, nada fácil para la selección de Inglaterra, meter esos 3 goles. Cito a Frank Lampard, exfutbolista y entrenador inglés, considerado de los mejores jugadores del Chelsea F.C.: “Me pareció que México estuvo excepcional. La gente solo recordará que Inglaterra se clasificó, pero cualquiera que haya visto el partido sabe que México obligó a Inglaterra a esforzarse al máximo durante cada minuto. Nunca dejaron de creer. Presionaron con intensidad, jugaron con valentía y demostraron exactamente por qué el fútbol es tan impredecible; México se marcha con el respeto del mundo del fútbol”.
Mexico jugó y todo un pueblo se detuvo, una sola voz y sentimiento, volar juntos y alcanzar la gloria. En parte resultado del asedio de Trump o porque, al fin herederos del juego de pelota mesoamericano y la primera pelota de caucho fabricada hace miles de años en las selvas de Yucatán, quién sabe. Lo seguro es que volamos alto como el águila, alimentados por un sueño, supimos del sentido de pertenecer a un pueblo que se manifestó colectivo acompañado de emociones profundas, vivencia manifiesta en formas
positivas, el abrazo entre extraños y la toma de las calles por la ciudadanía que transforma la oscuridad de la noche en libertad y fiesta.
Llegamos a un ángel por un partido, por “el quiero volar”, por reconocernos como bastión de la Copa Mundial y manifestar las finas formas con que recibimos a otros. Por unos días inolvidables, juntos
vibramos de emoción, lloramos y cantamos el himno nacional y el cielito lindo, recuerdos que no se borran, quedan en la conciencia colectiva, inspiración para futuras generaciones. Para TEHUAN: nosotros, los mexicanos de Canadá, estos días de orgullo, de vernos juntos y juntos soñar, ondear nuestra bandera, gritar y cantar nuestro himno y nuestras canciones en las calles y ciudades en tierras canadienses, es un sentimiento único.
Nos queda decir gracias, muchas gracias a los jóvenes hombres de nuestra selección que nos permitieron soñar unidos por un mismo sentimiento. Gracias por enseñarnos a decir “y, si sí”, palabras que cambian la realidad, que nos dicen que se vale soñar, que podemos volar alto como el vuelo del águila nacional, como el vuelo de la pelota de un verano feliz. ¡Sigamos juntos! quien quita y de los altos donde canta el cenzontle de las cuatrocientas voces, lleguemos a la cima donde se aparea el águila.

María Luisa de Villa
“A t’aane’ un naajil a pixán, tu idioma es la casa de tu alma, en esa casa milenaria, permanece tu palabra” -Jorge Miguel Cocom Pech, y el tlamatini de México, Miguel León Portilla, nos dice que una lengua refleja una visión única del mundo y representa la memoria de un grupo.










