Otro giro en Perú

  La destitución del presidente José Jerí sumió una vez más a Perú en un ciclo de inestabilidad política que preocupa a habitantes de ese país sudamericano y a latinos en Canadá atentos a la turbulenta situación.

    El Congreso peruano aprobó el pasado 17 de febrero una moción de censura que cesó al mandatario de su cargo tras apenas 130 días al frente del Ejecutivo.

    Fue acusado de omitir la declaración de reuniones con empresarios chinos y de enfrentar investigaciones por presunto tráfico de influencias y contrataciones irregulares en su gobierno.

   Jerí, quien defendió la gestión propia alegando no haber cometido delitos y resaltando los esfuerzos por garantizar elecciones limpias, retornará a su curul en el Congreso, y el flamante jefe de Estado es José María Balcázar.

    Dicho cambio se produjo a menos de dos meses de las elecciones generales convocadas para el 12 de abril, y representa el séptimo cambio en menos de una década.

    A juicio de diversas voces, el suceso refleja la profunda crisis institucional que atraviesa Perú y un Congreso con poderes dominantes frente a ejecutivos debilitados.

   MALDITA VACANCIA

   La historia reciente peruana es un desfile de presidentes, con seis  en una década, según recordatorios de diferentes medios de prensa.

   Para especialistas en el tema, esta sucesión de vacancias (destituciones) no es casual, y a criterio del politólogo y profesor universitario Carlos Meléndez “hay una fragmentación partidaria profunda y un Congreso con incentivos a corto plazo, especialmente en contextos electorales”.

   En su opinión, la cercanía de las elecciones ha empujado a muchos congresistas a distanciarse de presidentes para “mostrar firmeza contra la corrupción”, aunque ello no garantice estabilidad.

   Más allá de la política formal, la inestabilidad tiene efectos palpables en la vida cotidiana de los peruanos.

   Durante las protestas de 2025, el preludio de la crisis de Jerí, miles de ciudadanos salieron a las calles para reclamar cambios profundos al sistema político y clamar por seguridad ante el aumento de la criminalidad y la corrupción.

   Citada por reportes de prensa, María Quispe, comerciante en Lima, consideró que “la gente está cansada, y no importa quién está de presidente, sino quién puede traer seguridad para nuestras calles y futuro para nuestros hijos”.

   Subrayó que los constantes cambios en el Ejecutivo no han reducido las extorsiones ni mejorado la economía de su barrio.

   Por otra parte, el académico César Ugarte observa un problema de legitimidad: “los presidentes que no son elegidos directamente por mayoría popular enfrentan una débil base de apoyo ciudadano, lo que los hace vulnerables a mociones de censura rápidas y frecuentes”.

    Los jóvenes también se muestran desencantados y al decir de varios “no votamos por ninguno de estos líderes, pero sufrimos sus decisiones”,     

    CERCANO ESCENARIO ELECTORAL

    Con la cita en las urnas muy cercana, Perú vive un ambiente de incertidumbre.

    Las campañas han cobrado fuerza, y no es pequeña la cantidad de candidatos inscritos para la presidencia (más de 30 aspirantes), lo que podría fragmentar aún más el voto y abrir la posibilidad de una segunda vuelta.

    Analistas consultados por agencias internacionales de prensa alertan sobre el riesgo de que estos cambios de presidentes se traduzcan en desconfianza hacia las instituciones y afecten la participación electoral y el cumplimiento de políticas públicas después de los comicios.

    FUTURO

    Los eventos en Perú representan para la comunidad latina en Canadá tanto una crisis política como un llamado de atención sobre los desafíos que enfrentan las democracias ante la corrupción, el debilitamiento institucional y la polarización social.

     Además, aunque la economía peruana ha mostrado resiliencia macroeconómica en años recientes, la falta de confianza política amenaza con poner freno a inversiones, atizar inconformidad social y erosionar el tejido cívico.

    Sin dudas, mientras se aproxima la consulta en las urnas, los peruanos reflexionan sobre si una nueva generación de líderes podrá romper con la “maldición” de la vacancia y encaminar al país hacia una estabilidad duradera.

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