Soñar alimenta nuestra esperanza y nos da los primeros hilos para tejer una realidad que, para el enraizamiento de los hispanohablantes en Canadá, significa trenzar la identidad que traemos al llegar aquí con las capas de historia cultural y natural que dan sentido a esta nueva tierra nuestra.
Para los mexicanos, celebrar el Día de Muertos en Canadá es una experiencia única y emotiva, pues cumple con una de las dos importantes fechas emocionales de nuestro calendario: el 12 de diciembre, Día de Santa María de Guadalupe, patrona de México, y los días 1 y 2 de noviembre, Día de Muertos. Pero, además, celebrar la vida y honrar a nuestros seres difuntos en esta tierra nos llena de orgullo, mucho sentimiento y una mexicanidad muy especial que no necesita micrófono: sencillamente se siente y se muestra con toda la belleza, espiritualidad, creatividad y enorme contenido.
Es el día para preparar toda una gastronomía especial para la ofrenda, con la fragancia y el negro humo del copal, las encendidas flores de cempasúchil anaranjadas y amarillas y la llamada piel de terciopelo, papel picado y elementos de vida que simbolizan tierra, aire, agua y fuego para recibir a los que se fueron. Es un momento para compartir y reunir a la familia y a la comunidad, a la familia mexicana en Canadá.
Los mexicanos celebramos y honramos a nuestros fieles difuntos porque no los olvidamos, porque en México hasta la muerte tiene su día en el calendario y porque, para nosotros, es un puente entre la vida y la muerte, un umbral que te lleva al Mictlán, lugar sagrado de los muertos.
En el ritual del calendario, celebramos una de las tradiciones más representativas que nos identifican. El Día de Muertos es tradición festiva y solemne, privada y comunitaria, arte y devoción, celebración y remembranza. Un universo enorme y sagrado que ofrece también muchos puntos de entrada a las artes. Ofrece una dimensión comercial, el tianguis que acompaña toda manifestación pública desde épocas prehispánicas; mas no es mercancía. Es festiva, pero no es un festival folclórico. Guarda la memoria y una visión única de la vida y la muerte, costumbres rituales y técnicas ancestrales.
En los pueblos originarios de México, es un ritual de vida que se vive todo el año, desde la siembra hasta la cosecha, estrechamente vinculado con el ciclo de vida y muerte.
El Día de Muertos en Canadá nace en 1985, cuando, como estudiante de licenciatura en York University, monté una ofrenda de gran formato, convocando a mi diáspora a participar con música, bailables y poesía. Tuve que echar mano de mis técnicas de arte, como el papel maché y la cartonería, y aprender a hornear el pan de Muertos, pues no existían las tiendas latinas donde comprar los elementos y objetos de esta fecha.
La tradición me sedujo y, desde entonces, es un tema en mi arte. La estudio e investigo en fuentes secundarias, como libros, y en fuentes primarias, en las comunidades. La cuido, la desenvuelvo, la presento y la promuevo desde el espacio sagrado del arte y con mi comunidad. La he llevado a varias ciudades y provincias canadienses, en especial a las grandes celebraciones y ofrendas monumentales de Harbourfront Centre, donde abrimos un espacio para México durante 22 años seguidos.
Hoy vemos con alegría una multiplicidad de iniciativas de mexicanos comprometidos con esa tradición y, este año, se presentan en diversos foros: el grupo The Mexicans y su ballet de Jorge Zárate Tristán, en Evergreen Brick Works; en The Beaches Sandbox, guiados por Silvia Sánchez; en Nathan Phillips Square, con producción de Silvia Méndez; la Caravana de Catrinas en College Park, bajo la dirección de Angélica Pérez; en Wychwood Barns, presentado por el Colectivo Día de los Muertos Collective; en la Universidad de Toronto, con el evento anual organizado por el Dr. Juan Carlos Rocha Osornio, del Departamento de Español; y la proclamación de «November 2 Toronto Día de Muertos», dirigida por una servidora, que celebraremos próximamente desde el Consulado General de México en Toronto.
Recibir anualmente, desde 2003, la proclamación del Gobierno canadiense, que reconoce la tradición mexicana del Día de Muertos como parte del tejido cultural del país, es motivo de mucho orgullo y emoción para nosotros, los mexicanos de Toronto.
El Catrinas Festival de Angie Pérez, una propuesta muy singular, concentra una de las imágenes más representativas del Día de Muertos: la Catrina, calavera y calaca de grandes vuelos, vestida con atuendos elaborados. La Catrina es fascinante, como lo es su historia. Fue Cihuacóatl, la diosa femenina, mujer serpiente que lleva los huesos de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, al Mictlán. Es la Llorona que por las noches llora a sus hijos perdidos, aludiendo quizá a las madres mexicas que, en tiempos prehispánicos, lloraban a sus hijos sacrificados en rituales. Y también es la calavera elegantemente vestida, con un gran sombrero de plumas, que camina por las calles de la gran Ciudad de México.
Angélica Pérez tuvo un sueño en 2021, cuando, en un día frío y lluvioso, convocó a unos 20 mexicanos para maquillarse, asumirse como catrinas y caminar en caravana por las calles de Yonge Street, en Toronto. Hoy es una caravana que presenta a 80 catrinas: mujeres, hombres, niñas, niños y mascotas, todos con espectaculares caracterizaciones, que reúnen a muchos cientos de mexicanos, latinos y canadienses en un festejo de flores y cantos.
Aquí, en Toronto, a la Catrina, con la creatividad que nos distingue, la transformamos en la patrona del Catrinas Festival. Nos vestimos como ella, salimos en caminata a cantar nuestros cantos y pintamos las calles con nuestras flores, tradiciones y nuestra eterna sonrisa.
María Luisa de Villa
“A t’aane’ un naajil a pixán, tu idioma es la casa de tu alma, en esa casa milenaria, permanece tu palabra” -Jorge Miguel Cocom Pech, y el tlamatini de México, Miguel León Portilla, nos dice que una lengua refleja una visión única del mundo y representa la memoria de un grupo.
















