Sin esperar al pitazo final de la Copa Mundial de Futbol que tuvo a Estados Unidos como uno de sus escenarios, regresan las amenazas de ataques del actual gobierno de ese país contra Cuba.

Esta vez el propio presidente Donald Trump respondió a un periodista en el Despacho Oval que si el país caribeño poseyera drones iraníes se encargarían de ello. Sugirió además que allí podrían estar almacenando misiles iraníes, algo que su administración “está investigando en este momento”.

Poco tiempo después CBS publicó una amplia nota en la que expone que altos funcionarios del Pentágono “observan discretamente” un “punto conflictivo”: Cuba”.

De acuerdo con el reporte, en las últimas semanas se analizaron diversas opciones para una posible acción contra la isla, incluido un asalto aéreo liderado por el Ejército en el que participarían miles de soldados estadounidenses, llevado a cabo por la 101.ª División Aerotransportada.

Aunque CBS aclara a través de sus fuentes que esos ejercicios “no indican que el presidente Trump o el Pentágono hayan decidido llevar a cabo una operación”, sí resulta evidente que agredir Cuba es una opción.

Ese mismo día 15 de julio el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozak, retomó en el Senado el discurso que denota a la mayor de las Antillas como estado fallido y afirmó que su país no tolerará “la amenaza” que representa la isla para la seguridad nacional estadounidense en tanto “territorio amigable” para algunos de sus adversarios.

Tales informaciones encuentran eco en el escenario mediático casi en paralelo con las declaraciones de cuatro congresistas demócratas que viajaron el último fin de semana a Cuba. Mark Pocan de Wisconsin, Teresa Leger-Fernández de Nuevo México, Maxine Dexter de Oregón y Delia Catalina Ramírez de Illinois coincidieron en calificar la actual realidad del país caribeño como la de una “Gaza silenciosa”, en alusión al cerco energético impuesto a través de una orden ejecutiva del presidente Trump en enero de este año.

Durante la visita de cuatro días, los congresistas sostuvieron un encuentro con el mandatario Miguel Díaz Canel Bermúdez y también intercambiaron con ministros, profesionales médicos, empresarios y recorrieron las calles de La Habana, según reporta AP.  

“Puede que no haya bombardeos, pero sin duda existen condiciones que impiden a las personas llevar su vida cotidiana. No pueden ir al trabajo, no pueden conservar sus alimentos, no pueden acceder a suministros médicos ni vivir como lo hacían antes”, describió Pocan.

Para Leger-Fernández no tiene “ningún sentido obligar a un país a sufrir y a estar sometido a un asedio”.

Dexter y Ramírez indicaron que buscarán impulsar enmiendas en el Congreso de Estados Unidos para prohibir el impacto en la salud y evitar una acción mayor de Trump sin autorización legislativa, como las operaciones armadas contra la isla con las que sigue amenazando.

“No creo que se estén llevando a cabo negociaciones”, consideró Pocan. “Pienso que (el secretario de Estado) Marco Rubio está convirtiendo esto en algo personal y no profesional”, cita AP.

En una declaración conjunta los congresistas subrayaron que su Gobierno “no ha aportado ninguna prueba de que Cuba represente una amenaza urgente para la seguridad nacional” de la nación norteamericana.

“Creemos que cualquier pretexto utilizado para lanzar una operación militar ilegal, no autorizada e impopular contra la isla agravaría una grave catástrofe humanitaria, pondría en riesgo innecesario a los miembros de las Fuerzas Armadas estadounidenses y perjudicaría a las mismas personas a las que decimos apoyar”.

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