Entrevista a Norman Valdez.
Reconocer y hablar con orgullo de su origen aymara y al mismo tiempo adentrarse en el amplio campo de la inteligencia artificial (IA) pudiera parecer una paradoja, sin embargo, Norman Valdez, uno de los líderes de la comunidad latina en Toronto, resuelve ese binomio. Ha sido un camino de diálogo y superación personal que hoy lo hace sentirse orgulloso de que su identidad guíe la forma en que entiende la tecnología, la innovación y el liderazgo.
“Para mí, la tecnología no debería avanzar solamente por eficiencia, crecimiento o poder. Debería ayudarnos a construir una sociedad más equilibrada, más respetuosa y más consciente de nuestra relación con otras personas, con nuestras comunidades y con el planeta”, revela en entrevista con Correo Canadiense.
Al mirar en retrospectiva, Valdez siente que ha podido unir esas partes de su vida: raíces, experiencia como migrante, trabajo y compromiso comunitario. “Todo eso me ayuda a buscar una especie de luz que ilumine el camino, un compás: una forma de innovar que no pierda de vista la dignidad, el cuidado, la justicia y el bien común”. Sin dudas, desde esa premisa, discurre esta conversación.
Usted nació en Perú y pertenece al pueblo aymara. ¿Cómo han influido sus raíces y valores culturales en la persona y el líder que es hoy?
Me siento muy orgulloso de reconocer mis raíces indígenas y mi identidad aymara, especialmente porque en muchos países latinoamericanos todavía existe una presión por negar, esconder o dejar atrás lo indígena. Frente a ese racismo e invisibilización, para mí reconocerme como una persona indígena ha sido una fuente de fortaleza, claridad y propósito.
Una de las cosas que más valoro de las cosmovisiones indígenas es el principio de la relacionalidad: entender que no existimos de manera aislada, sino conectados con nuestras comunidades, la tierra, la historia y las generaciones futuras. Desde esa mirada, nuestras acciones tienen consecuencias y no podemos construir futuro dañando aquello que nos sostiene.
Hoy, cuando hablamos de inteligencia artificial, infraestructura digital y soberanía tecnológica en Canadá, creo que debemos preguntarnos no solo cómo innovamos más rápido, sino cómo lo hacemos de manera responsable, justa y consciente de nuestra relación con el planeta y las comunidades.
¿Qué recuerdos guarda de sus primeros años en Canadá y cuáles fueron los principales desafíos que enfrentó como inmigrante?
Una parte importante de esa motivación viene de mis primeros años en Canadá. Llegar a este país me permitió ver la enorme riqueza que existe en la diversidad: distintas culturas, historias, formas de pensar y maneras de entender el mundo. Fue algo que no había podido experimentar de la misma forma en mi país de origen.
Al mismo tiempo, como muchos inmigrantes, también viví desafíos. Aunque llegué joven, el idioma fue una barrera, y también lo fue adaptarme y construir una nueva comunidad. Tuve la fortuna de aprender mucho de otras personas inmigrantes, quienes me enseñaron que la diversidad no es solo algo que se celebra, sino algo que se practica con apertura, humildad y disposición para aprender.
Con el tiempo, esa experiencia me hizo entender que muchas comunidades no necesitan que alguien venga a “salvarlas”; necesitan acceso, herramientas, información, acompañamiento y espacios para fortalecer sus propias capacidades.
A lo largo de su trayectoria ha trabajado en tecnología, educación y desarrollo comunitario. ¿Qué lo motivó a poner esos conocimientos al servicio de las personas y las comunidades?
Cuando hablamos de pedirle a nuestras comunidades que adopten tecnologías emergentes o IA, tenemos que reconocer que no es una petición sencilla. Para alguien que está tratando de pagar renta, encontrar trabajo, regularizar su estatus o sostener a su familia, aprender sobre IA puede sentirse como una carga adicional.
Pero justamente por eso creo que la tecnología puede ser tan importante. Si logramos hacerla accesible, práctica y conectada con las necesidades reales de la gente, puede convertirse en una herramienta de poder.
Eso es lo que me motiva: ayudar a traducir la tecnología, la educación y ahora la IA algo útil para las comunidades. Creo que la IA tiene una oportunidad muy grande si la usamos para abrir acceso, reducir barreras y activar ese potencial que ya existe en nuestra gente.
Actualmente es una voz reconocida en temas de inteligencia artificial responsable. ¿Cómo explicaría a nuestros lectores por qué este tema debe importar también a las comunidades latinas?
Creo que primero es importante entender qué significa hablar de IA responsable. Para mí, no se trata solamente de usar la tecnología de manera correcta, sino de desarrollar agencia individual y colectiva frente a ella. Es decir, tener la capacidad de entender cómo funciona, cuáles son sus límites, a quién beneficia, a quién puede dejar fuera y cómo podemos participar en las decisiones que se están tomando alrededor de su uso.
La IA avanza muy rápido, y con esa misma velocidad también puede impactar nuestras sociedades. Muchas veces una herramienta se declara lista para servir a las personas, o incluso para reemplazar ciertos trabajos, sin que hayamos tenido suficiente conversación sobre sus riesgos, sus limitaciones o sus consecuencias. Y esto es importante porque la IA generativa todavía está en una etapa relativamente joven.
Para las comunidades latinas, esto debe importar porque estas tecnologías no necesariamente favorecen a todas las personas por igual. Por ejemplo, muchos sistemas de IA han sido entrenados principalmente con información en inglés y desde contextos culturales específicos. Eso ya nos obliga a preguntarnos qué pasa con otros idiomas, otros acentos, otras formas de conocimiento y otras realidades sociales. Si los datos, los modelos o las plataformas están construidos de una manera que favorece a ciertos grupos, también pueden terminar desfavoreciendo a otros.
Si no comprendemos cómo estas tecnologías se están desarrollando, será muy difícil prepararnos estratégicamente como comunidad.
Como miembro fundador de Alianza Latina, ¿qué necesidades identificó dentro de la comunidad latina en Canadá y qué cambios le gustaría impulsar en los próximos años?
La comunidad latina en Canadá ha pasado por distintos momentos de crecimiento a lo largo de la historia del país, y uno de los más recientes se dio alrededor de la pandemia de COVID-19. En esos años vimos un aumento importante en la llegada de personas inmigrantes, incluyendo muchas personas latinoamericanas, en un contexto donde también crecieron las presiones sobre vivienda, empleo, servicios y oportunidades de integración.
Eso significa que muchas personas llegan con enormes ganas de trabajar, aportar y construir una vida, pero también enfrentan desafíos adicionales.
Pero al mismo tiempo, creo que nuestra comunidad llega con capacidades únicas. Para mí, una de las necesidades más importantes es encontrar formas concretas de activar ese potencial. No se trata solamente de decir que la comunidad latina tiene talento, sino de crear espacios, programas e infraestructura que permitan convertir ese talento en oportunidades reales. Por eso, desde Alianza Latina, uno de los proyectos que queremos impulsar es un incubador de negocios con IA, pensado para ayudar a emprendedores latinos a usar la tecnología y la IA de manera práctica, estratégica y responsable.
Usted ha logrado construir puentes entre organizaciones comunitarias, académicas, gubernamentales y tecnológicas, ¿cuál considera que ha sido la clave para generar esas alianzas?
Creo que una de las claves ha sido mirar las cosas como son y reconocer que hoy no tenemos mucho margen para trabajar de manera aislada. Los desafíos que estamos enfrentando, especialmente alrededor de la tecnología y la IA, son demasiado grandes para que un solo sector, una sola organización o una sola comunidad los pueda resolver por su cuenta.
También creo que se vuelve más fácil construir alianzas cuando entendemos que, al final del día, todos estamos sirviendo a personas.
Para mí, la clave está en conectar ecosistemas. Necesitamos que las comunidades, las universidades, los gobiernos, las organizaciones sociales y el sector tecnológico hablen entre sí, aprendan entre sí y construyan soluciones juntos. Si queremos que la tecnología beneficie a nuestras comunidades, a nuestros hijos y a las nuevas generaciones, tenemos que hacer ese trabajo de forma más coordinada, más consciente y más conectada.
Muchas personas hablan de innovación tecnológica, pero usted insiste en la importancia de la inclusión y la equidad. ¿Por qué estos valores deben estar presentes en el desarrollo de nuevas tecnologías?
Estos valores no son algo secundario ni decorativo; son fundamentales si queremos corregir la dirección actual de la tecnología y la innovación.
Una de las cosas que más me motiva en este trabajo es señalar que, si no intervenimos de manera consciente, la tecnología puede seguir aumentando la brecha entre las personas con más poder y aquellas que históricamente han tenido menos acceso, menos representación y menos capacidad de decisión. La innovación no ocurre en el vacío. Está conectada con capital, con poder, con datos, con infraestructura y con las prioridades de quienes diseñan estas herramientas.
Hoy vemos enormes flujos de capital alrededor de la IA. Hay empresas alcanzando valoraciones inmensas, inversiones gigantescas y una concentración de poder tecnológico que debe preocuparnos como sociedad. Ese poder también se refleja en el diseño de la tecnología: en qué problemas se priorizan, qué idiomas se favorecen, qué datos se usan, qué comunidades se entienden y cuáles quedan fuera.
Entonces, para mí, la pregunta no es solamente si una tecnología es innovadora, sino para quién innova, quién se beneficia, quién participa en su diseño y quién asume los riesgos. Si queremos que la IA contribuya realmente al bienestar social, la inclusión y la equidad tienen que estar presentes desde el inicio, no como una corrección posterior.
Además de su trabajo profesional, dedica tiempo a la mentoría y la formación de nuevos líderes. ¿Qué consejo suele ofrecer a los jóvenes que desean generar un impacto positivo en sus comunidades?
Mi consejo para los jóvenes es que aprovechen este momento para aprender sobre IA y tecnologías emergentes, pero no solamente desde lo técnico.
También les diría que traten de salir, poco a poco, de una mentalidad de supervivencia hacia una mentalidad de crecimiento. Sé que muchas personas enfrentan barreras reales: económicas, migratorias, familiares, laborales o de acceso. Pero también creo que a veces necesitamos creer un poco más en nosotros mismos, reconocer que sí podemos aprender, construir y aportar, incluso cuando el camino no es fácil.
Mirando hacia el futuro, ¿cómo imagina a la comunidad latina en Canadá dentro de diez años y qué papel le gustaría desempeñar en ese proceso?
Veo una gran oportunidad en los números y en el crecimiento de nuestra comunidad latina en Canadá. Es cierto que también vemos muchas dificultades: barreras económicas, desafíos migratorios, falta de acceso a ciertas oportunidades y situaciones que muchas veces no juegan a favor de nuestras comunidades. Pero también creo que la dificultad crea resiliencia, y nuestra comunidad ya trae una resiliencia muy profunda.
También me gustaría ver a las nuevas generaciones de latino-canadienses con una base mucho más sólida: con más acceso a educación, tecnología, liderazgo, emprendimiento y espacios de toma de decisión. Para eso, necesitamos construir una comunidad más cohesionada.
Imagino un futuro donde la comunidad latina sea más fuerte, más conectada y más influyente. Un futuro donde no solo participemos, sino que también lideremos, creemos empresas, impulsemos soluciones, ocupemos espacios estratégicos y contribuyamos de manera clara al país.
Creo que la tecnología y la IA pueden jugar un papel importante en ese proceso, si las usamos para abrir oportunidades, conectar talento y fortalecer capacidades. Y personalmente, espero poder ser parte de esa transición: ayudando a construir alianzas, programas e infraestructura comunitaria para que la comunidad latina en Canadá pueda avanzar con más fuerza, más confianza y más sentido de futuro.














