Es un extraño sistema político el que tienen en Chile. Durante cuatro años la presidencia pertenece a Michelle Bachelet, miembro del Partido Socialista de ese país y una persona bastante popular en el escenario político.

Pero en Chile no se puede reeligir a los presidentes de inmediato, así que Bachelet, cada vez que llega al fin de su mandato de cuatro años, tiene que retirarse de la presidencia y tomar un puesto importante en la alta burocracia de las Naciones Unidas, para permitir a sus compatriotas eligir la otra cara del esquizofrénico cuerpo político chileno.  Se trata de Sebastián Piñera, un derechista multimillionario hombre de negocios que es el actual  líder de su país, mientras Bachelet es la encargada del alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, con su sede en Ginebra, Suiza.

Es este factor el que nos lleva al difícil y doloroso tema de la República Bolivariana de Venezuela.

Como presidenta de su país, Bachelet no estuvo muy implicada a los complicados asuntos de Venezuela, ni durante la presidencia del ahora fallecido Hugo Chávez ni durante el mandato de su sucesor, Nicolás Maduro.

Las razones principales de su reluctancia eran obvias. Siendo socialista ella misma, Bachelet no quiso inmiscuirse en los acontecimientos de otro gobierno de izquierda. Y como presidenta de su nación, no tenía ninguna obligación de hacerlo. Pero ahora, su posición ha cambiado por completo. Como responsable de la ONU para todo lo que se refiere a Derechos Humanos, Bachelet no podía eludir el caso de Venezuela.

Hace pocos días, la oficina de Bachelet hizo público un informe de 18 páginas que resume la situación de DDHH en Venezuela bajo el liderazgo de Nicolás Maduro. Por decir lo menos, el resultado no es una colección de rimas infantiles. Bachelet y su equipo acusan a las fuerzas venezolanas de seguridad de haber cometido multiples “graves violaciones” contra disidentes, incluyendo ejecuciones extrajudiciales, torturas brutales y detenciones ilegales además de otros abusos.

“Existen motivos razonables para creer que muchas de las muertes constituyen ejecuciones extrajudiciales perpetradas por las fuerzas de seguridad. ” dice el informe.

Dentro de otras recomendaciones, Bachelet reclama la disolución de las llamadas Fuerzas de Acción Especiales, mejor conocidas como las FAES, que han servido al gobierno como tropas de asalto.

El documento también critica al gobierno de Maduro por la crónica y grave falta de alimentos y por la situación terrible de los servicios de salud. Dice que mucha gente se ve obligada a formar colas por 10 horas al día en la búsqueda de alimentos. Mientras, a los hospitales les faltan personal, recursos básicos, medicinas,y electricidad para el funcionamiento de las máquinas.

Bachelet, que visitó Venezuela personalmente durante el mes pasado, pidió al gobierno de ese país que tome el informe con el mismo “espiritu constructivo” con el que fue elaborado. En cambio, el gobierno lanzó una repuesta de 11 páginas que rechaza el informe por completo.

A la vez, pocos días antes de la publicación del informe de Bachelet, un capitán naval llamado Rafael Acosta murió mientras se encontraba detenido, víctima de torturas inflingidas por oficiales de contra-inteligencia del régimen, según su esposa.

Los resultados de la autopsia de Acosta filtrados en estos días pintan una imagen de la más inhumana crueldad. Después, el procurador venezolano Tarek Saab explicó que el hecho fue la responsabilidad de unos pocos agentes actuando por su propia cuenta, algo que es muy facil decir.

Por su parte, Bachelet denunció el homicidio y llamó a ambos lados de negociar una salida pacífica de su conflicto, lo que es bastante facil decir también.

Mientras tanto, el conflicto sigue.

Oakland Ross es un periodista y autor canadiense que ha trabajado para el Globe and Mail y el Toronto Star. tiene una gran experiencia en asuntos latinoamericanos. Ha sido corresponsal en varios países de la región, en especial en El Salvador y Perú. Es autor de ..... Ver esto con cada uno de los colaboradores.