Devoción a la Virgen de Guadalupe en días llenos de dificultades y dolor

Se llamaban “Los tres intocables” y por décadas, si no siglos, habían reinado sobre México en forma casi inmune “las hondas y flechas de indignante fortuna”, como escribió William Shakespeare en otro contexto en su obra Hamlet.

En el caso mexicano, era posible criticar y hasta insultar a casi cualquier aspecto del sistema político y social del país, siempre cuando no echaran la culpa a estas tres entidades poderosas y respetadas. Es decir: Los tres intocables.

Me refiero en primer lugar al presidente de la república, en segundo lugar al ejército, y en forma casi trascedente a la Virgen de Guadalupe.

Durante los últimos años, mucho ha cambiado en México. Por ejemplo, la famosa siesta ya no existe, y el igualmente celebrado almuerzo de tres horas está en grave peligro de desaparecer también.

A la misma vez, el oficio de la presidencia —antes casi sacrosanto— ha perdido mucho de su anterior nobleza, y el ejército mismo ha bajado bastante en la estimación pública, más que nada por su participación no siempre recta en la llamada guerra contra las drogas.

Y la Guadalupana? Ella tiene una trayectoria única. A pesar de todo, la Virgen de Guadalupe sigue siendo tan popular como siempre, tan estimada, tan adorada, tan amada. Si no es factible ahora hablar de tres intocables mexicanos, eso no importa tanto porque sí se puede hablar de uno: La Virgen de Guadalupe.

“Yo diría, de los Tres Intocables, ella es la única que aún está intocable”, dijo un colega mío hace varios años cuando escribí una nota acerca de la Virgen para el diario Toronto Star.

Es por eso que millones de mexicanos celebran el día de la Virgen anualmente con misas y ofrendas, peticiones y oraciones, desfiles y comidas en su día, festejado cada 12 de diciembre.

Siendo agnóstico y racionalista, no puedo creer en la llamada Patrona de las Américas como una fuerza concreta en la realidad, pero, sí, la respeto por su impacto formidable, si no implacable, en las vidas de muchísimos mexicanos, para no mencionar su influencia afuera de las fronteras de México.

Hay un dicho popular mexicano que tiene que ver con la Virgen. En México, es común decir que hay dos soluciones para los numerosos problemas que enfrentan el país —una solución imaginaria y una solución práctica. La solución imaginaria es que el gobierno resolverá todo. La solución práctica es que la Virgen lo hará.

Casi todos los mexicanos ya conocen la leyenda de la Guadalupana, una Virgen con piel morena, y de su aparición en 1531 en un lugar asociado con Tonantzin, una diosa azteca. La Virgen tomó forma corporal frente a un indígena convertido a la cristiandad, pidiéndole la construcción de una iglesia en honor de ella en una colina llamada Tepeyac afuera (en aquel tiempo) y adentro (en nuestro tiempo) de la Ciudad de México. El resto de la historia es igualmente conocida: que el indígena, llamado Juan Diego, quiso obedecer la demanda de la Virgen y que hubo un milagro —la aparición de la imagen de la Virgen en la capa de Juan Diego.

Eventualmente, las autoridades de la iglesia católica aceptaron la idea de honorar una Virgen morena. Los sacerdotes probablemente pensaron en temas estratégicos, la idea de que una Virgen con piel oscura les ayudaría en atraer más gente indígena a la religión católica —y así ha pasado.

Pero tengo que confesar una confusión mía. Tengo entendido que la importancia primordial de la Virgen mexicana surge más que nada del color oscuro de su piel. Por eso, ella representa el primer despertar de la cultura mexicana moderna, una cultura mezclada entre raíces indígenas y europeas.

Mientras tanto, en el pasado, he visitado la Basílica de la Virgen en la Ciudad de México —el sitio católico más visitado de todo el mundo— y me ha llamado la atención que ninguna de las muñecas guadalupanas a la venta en los alrededores de la basílica tiene piel morena. Al contrario: son todas blanquitas. ¿Como se explica eso?

Bueno, quizás es una pregunta para otro día. Los días actuales están llenos de dificultades y dolor, y ahora más que nunca la gente necesita una fuente de esperanza —un papel que la Virgen siempre ha cumplido en el pasado. Basta repetir la consigna que se grita en México. ¡Viva la Virgen de Guadalupe!

Oakland Ross Escritor y periodista canadiense que en su calidad de corresponsal del Toronto Star y el Globe and Mail, tuvo la oportunidad de conocer en profundidad escenarios de conflicto en Latinoamérica, África y el Medio Oriente.