Malintzin: más traicionada que traidora

Es como si hubiera habido una invasión de marcianos.

Es casi imposible, a esta distancia de cinco siglos, imaginar de otra forma lo que pueden haber sido los sentimientos experimentados por los habitantes de la península del Yucatán y del imperio Azteca cuando los españoles empezaron a llegar a sus orillas por primera vez en el año 12-casa, el decimosexto año del reinado de Moctezuma II, emperador de los aztecas — o, en términos corrientes, el año de Nuestro Señor de 1517.

Aquella misión, la de 1517, fue solamente la primera etapa, una expedición breve liderada por Francisco Hernández de Córdoba, procedente de Cuba. El año siguiente llegó una segunda flota, comandada por Juan de Grijalva. Y luego, en el año de nuestro Señor de 1519, apareció la tercera flota, en este caso bajo el mando de un tal Hernán Cortés, un oportunista extraordinario.

Y así terminó el mundo o, por lo menos, el mundo azteca. Dos años después, cayó el imperio, un colapso total descrito por Bernal Díaz del Castillo, uno de los conquistadores ibéricos, de esta manera: “Y digo que miraba, allí inmóvil, y pensaba que ninguna tierra como aquella se descubriría nunca en el mundo entero … Pero hoy todo lo que entonces vi está derrocado y destruido; nada queda en pie.”

Portada de la novela histórica de Oakland Ross basada en la conquista española de México, titulada The Dark Virgin en inglés y La Virgen Morena en su versión española.

Ahora, 500 años después de la llegada de Cortés a México —500 años después del comienzo de todos los horrores de la conquista — es posible decir que la caída y destrucción del imperio azteca fue uno de los más sangrientos y brutales acontecimientos ocurridos en la historia del llamado homo sapiens.

Antes de la llegada de Cortés, la capital de los aztecas—Tenochtitlán— era quizas la ciudad más grande del mundo entero, con una población de millones.
¿Y luego?
Nada. Nada quedó en pie.

Ahora, a esta distancia de cinco siglos, muchos historiadores y expertos siguen discutiendo entre ellos acerca de la cuestión de la culpabilidad. ¿Quién tuvo la responsabilidad última por la caída de este imperio tan grande y poderoso? Una respuesta breve y simple podría ser: todo el mundo. En esta historia, casi todos traicionaron a otros de una u otra manera.

Muchos culpan a Cortés, lo que es una certeza y una equivocación a la vez. Desde el principio fue inevitable que las relaciones entre los aztecas y los españoles terminaran en sangre, pero no había seguridad de cuál de los dos bandos triunfaría. Cuando llegó a las costas de México,  Cortés contaba con apenas 100 marineros, 500 soldados, y 16 caballos. Aún cuando su armamento incluía cantidad de cañones y de arcabuces — un tipo primitivo de fusil — nadie estaba seguro de que podría derrotar a los aztecas. Se necesitaba ayuda externa.

Y ayuda externa sí tuvo. Casi todas las ciudades vasallas de los aztecas se aliaron con los españoles para luchar en contra de sus opresores autóctonos, y les posibilitaron el triunfo. En otras palabras, no fueron los españoles quienes derrotaron a los aztecas. Fueron los aztecas mismos, por haber oprimido a sus vasallos. O quizás los vasallos hayan sido culpables por haber luchado contra sus opresores…

Otra posibilidad es quizás haya sido una sóla mujer quien personalmente y sin ayuda causó la caída de los poderosos aztecas. Hablo de la notoria Malintzín, ahora conocida como Malinche, una princesa indígena vendida como esclava al cacique de Tabasco y que éste a su vez regaló a los españoles. Quiso la suerte que ella hablara nahuatl — la lengua de los aztecas — además de la lengua maya de la costa oriental. 

Resultó que un náufrago español, un tal Jerónimo de Aguilar, había vivido en las tierras mayas durante varios años antes de la llegada de Cortés, y se había familiarizado con su lengua. Cuando Cortés trataba con los aztecas, Malintzín — o Doña Marina, el nombre dado a ella por los españoles — podía traducir el nahuatl a la lengua maya y por su parte, Aguilar traducía de la lengua maya al español.

Una mujer muy capaz e inteligente — y oportunista — Malantzín también entró en una relación sentimental con Cortés mismo, e incluso tuvo un hijo con él. 

Como resultado de todo eso, hay muchos mexicanos que hoy en día consideran a Malinche como el epítome de la mujer traidora en el firmamento de las figuras simbólicas mexicanas. Pero yo no la veo así. Es verdad que ella siguió apoyando a los españoles aún después de una infame masacre en la ciudad de Cholula, en la que cientos si no miles de personas fueron asesinadas sin razón evidente.

Pero a pesar de todo, Malintzín sobrevivió — una habildad que debe valer algo. ¿Porqué culparla precisamente a ella? Con igual justicia, se podría culpar a Moctezuma mismo por haberse postrado frente a los españoles. Se puede culpar a sus vasallos por haber luchado al lado de los españoles. Se puede culpar a los aztecas mismos por su crueldad con los demás, lo que incluía sacrificios humanos. En esta historia épica, todos traicionaron a alguién. ¿Porqué culpar a una sóla mujer por todos los giros y vueltas de la historia?

De todas formas, Malintzin misma también fue traicionada sobre el final, rechazada por Cortés, y abandonada en los brazos de un vago llamado Juan Jaramillo hasta que murió en el año de Nuestro Señor de 1551.

Oakland Ross es un periodista y autor canadiense que ha trabajado para el Globe and Mail y el Toronto Star. tiene una gran experiencia en asuntos latinoamericanos. Ha sido corresponsal en varios países de la región, en especial en El Salvador y Perú. Es autor de ..... Ver esto con cada uno de los colaboradores.