Exportación de la violencia y crisis fronteriza

Me recuerdo muy bien una observación que me hizo un dirigente campesino durante mi primera visita a El Salvador, una visita que transcurió hace muchos años, cuando ese pequeño pero hermoso país estaba en plena guerra civil. El lider campesino y yo estuvimos conversando acerca de la violencia que enfrentó un programa de reforma agraria, y yo le pregunté quienes tenían responsabilidad por esa ola de sangre.“La primera cosa que se aprende en este país,” me dijo él, “es que se escuchan cosas, se ven cosas, y no se dice nada.”

Bienvenidos a la República de El Salvador donde todo ha cambiado – y todo es igual. La guerra civil se terminó hace casi tres décadas, pero la violencia sigue y casi ha alcanzado los máximos terribles experimentados durante los peores años de ese viejo conflicto. ¿Y la peligrosa realidad descrito por ese dirigente humilde (que no quiso dar su nombre por miedo a represalias)? Es más o menos igual. Hoy en día el mantra que imponen las pandillas que operan en El Salvador es el mismo de siempre.

Ver. Oir. Callar.

Estas tres palabras representaban la ley de la selva durante la guerra en El Salvador, y sigue siendo la regla de la calle en la actualidad. 

“Todos quienes circulamos en las calles, sentimos inseguridad,” me djjo una vez un oficial gubernamental. “Es completamente diferente en comparación con la guerra. Debido a mi actividad de entonces pude haber sido un blanco. Pero en estos tiempos estamos hundidos en una inseguridad general. No sabemos cuándo vamos a sufrir un robo.”

La violencia pandillera en El Salvador — como en Guatemala y Honduras — no es el único factor que causa el flujo actual de migrantes que intentan llegar a los EEUU, pero sí es un elemento primordial en promover este éxodo. Eso ya es conocido por todos, hasta en los altos niveles del gobierno estadounidense que culpan a México y al triángulo norte de América Central por el caos que afecta la frontera del sur del Reino de Trump.

Lo que casi no se dice es que las pandillas centroamericanas son Made in EEUU. Las dos más grandes — Mara Salvatrucha 13 y Calle 18 — surgieron originalmente durante los años ‘80 en barrios pobres de Los Angeles, dentro de comunidades centroamericanas, y fueron “exportadas”desde allí hacía América Central.

Esta contracorriente sigue fluyendo en la actualidad. Cada semana, según una estadística confiable, casi cien criminales duros son deportados desde los EEUU hacia El Salvador -por no mencionar a Guatemala u Honduras -donde son recibidos con los brazos abiertos por las pandillas de ese país. El resultado es siempre el mismo: -otro empeoramiento en el estatus de seguridad en esos paises y otro paso más en fomentar el flujo de migrantes hacía el norte.

Y esta industria migratoria no es la única manera en que los norteamericanos están causando sus propias problemas fronterizos. Claro que las drogas representan un elemento gigantesco en las altas tasas de criminalidad en América Central y en México, pero estos paises no son los responsables por los horrores impuestos por las drogas. Por el contrario, son las más inocentes víctimas. El gran motor de la industria de las drogas opera en los EEUU -y hasta cierto punto en Canadá – y  este motor consiste en la enorme demanda por cocaína y los demás estupefacientes ilegales. Es ridículo, inútil, injusto, e hipocrítica culpar a los países más vulnerables — El Salvador, Guatemala y Honduras — por circunstancias que están completamente fuera de su control.

Mientras tanto, Washington recientamente redujo su ayuda económica a estos países para castigarlos por no haber hecho más en reducir la cantidad de migrantes que huyen hacia los EEUU. ¿Y cuáles serán los principales resultados de este corte? Claro: otro aumento en el poder de las pandillas y, desde luego, aún más incentivos para que la gente empaquete sus mochilas y “huir pa’ los Estados Unidos”.

Nada de eso tiene lógica en el más mínimo sentido — ¿pero qué papel tiene la lógica en el Reino de Trump?

Oakland Ross es un periodista y autor canadiense que ha trabajado para el Globe and Mail y el Toronto Star. tiene una gran experiencia en asuntos latinoamericanos. Ha sido corresponsal en varios países de la región, en especial en El Salvador y Perú. Es autor de ..... Ver esto con cada uno de los colaboradores.

1 COMENTARIO

Comments are closed.