Una historia con pulpos gigantes, alternative facts y transbordadores desaparecidos

En un día gris de noviembre del año 1963, una cosa extraordinaria habría sucedido cerca a Staten Island en Nueva York. Según la inscripción de un monumento ubicado en Battery Park en la parte sureña de Manhattan, un pulpo gigante atacó un transbordador al vapor, el Cornelius G. Kolff, y lo hundió, con la desaparción de 400 seres humanos cuyos restos nunca se han ubicado. El transbordador mismo desapareció, y el pulpo gigantesco no ha ha regresado a las aguas neoyorkinas durante las últimas seis décadas.

El monumento en Battery Park que recuerda esta tragedia pesa más de 100 kilogramos y muestra un enorme pulpo en el acto de tragar el desafortunado transbordador. Se puede encontrar más información acerca de esta rara tragedia naval en un sitio web muy interesante mantenido por el Staten Island Ferry Disaster Memorial Museum (http://www.sioctopusdisaster.com/home.html).

Quizás parezca un poco sorprendente que este extraño evento no sea mejor conocido en el mundo entero, pero este aspecto se explica por una circunstancia de pura casualidad. El ataque del pulpo transcurió el mismo día que fue asesinado el entonces presidente americano, John F. Kennedy — el 26 de noviembre, 1963 — lo que distrajo la atención pública de cualquier otra noticia.

¿Qué novedad sensacional, verdad? Y así sería si no fuera por un solo factor: casi todos los detalles de este triste acontecimiento son falsos; son la obra de un artista estadounidense llamado Joseph Reginella. El monumento en Battery Park sí existe, y también el museo virtual, pero todo el resto es pura fixión. sin embargo este detalle no es un obstáculo para que mucha gente,  cuando llega a Staten Island, pregunte cómo llegar al museo inexistente.

La pura verdad es que a veces no es muy facil distinguir entre el universo de hechos y el universo paralelo de “hechos alternativos” — en la frase acuñada por Kellyanne Conway, una asesora prominente del actual presidente de los Estados Unidos.

Bienvenidos todos al mundo según Donald Trump, un planeta donde la realidad no importa porque no hay realidad. En lugar de hechos hay solamente una amplia variedad de pulpos gigantes. Quien gana en este nuevo mundo no es quien tiene la razón. Es quien tiene el pulpo más grande y más feroz. Nada más importa.
Por ejemplo, en un mitín político reciente en el estado de Minnesota, Trump acusó una y otra vez a Joe Biden, uno de sus adversarios del Partido Demócrata, de haber sido corrupto, sobre todo en sus supuestas actividades en Ucrania. ¿El problema? No hay ninguna evidencia concreta para esta acusación. 

En el mundo de Donald Trump, las pruebas no importan — pero los pulpos gigantes, sí. Hay un sinfín de casos semejantes, en los que Trump o sus ayudantes ignoran los hechos y describen pulpos gigantes, porque los hechos son frecuentamente inconvenientes, mientras que los pulpos gigantes siempre hacen lo que deben. Siempre tragan el transbordador.

En este nuevo mundo fantasmagórico, existen muchos desafíos para el cuarto estado — el periodismo — y estos desafíos crecen casi diariamente mientras Trump se desvía cada vez mas lejos del mundo de la razón y entra aún más profundamente en un mundo de bestias espectrales, donde los en filas de los supremistas blancos se incluyen “gente muy fina,” por ejemplo, o donde es Trump mismo y ninguna otra persona que tiene una “gran y sin par sabiduría.”

En América del Norte, hay una tradición muy larga de lo que se llama “el periodismo equilibrado,” basado en la suposición de que la verdad se ubica en el medio de los dos extremos. Cualquier periodista que presenta las opiniones de ambos lados ha cumplido su deber básico y se puede retirar al bar más cercano para ordenar su primera cerveza de la noche.

Pero esta forma de periodismo — siempre muy flojo — se ha muerto en la época de Trump, y probablamente para siempre. En el lado de Trump, no hay un conjunto de opiniones legítimas y no hay verdad. Hay sólo pulpos gigantes.

Desafortunadamente, aún hay mucha gente que prefiere enormes animales acuáticos en lugar de hechos reales. El reto para el periodismo legítimo es encontrar nuevos modos para convencer a esta gente que los pulpos gigantes, a pesar de no existir, son siempre peligrosos. Siempre tragan al transbortador..

Oakland Ross es un periodista y autor canadiense que ha trabajado para el Globe and Mail y el Toronto Star. tiene una gran experiencia en asuntos latinoamericanos. Ha sido corresponsal en varios países de la región, en especial en El Salvador y Perú. Es autor de ..... Ver esto con cada uno de los colaboradores.