Una guerra que se recrea a sí misma, una y otra vez

Mujeres y niños reclamando paz - Foto: ACNUR

Hay un sinfin de dichos en varias lenguas diferentes que quieren decir más o menos lo mismo.
Por ejemplo, en inglés: “What goes around comes around.”
O en francés: “Plus ça change, plus c’est la même chose.”
O en inglés de nuevo: “You get what you pay for.”
O en español: “Lo que se siembra se recoge.”
O en otras palabras: “Bienvenidos todos a la República de Colombia.”

Más o menos tres años después del fin formal del conflicto armado más largo de la historia de América Latina -es decir la guerra de 55 años entre el Estado de ese país y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, con la pérdida de alrededor de 250,000 vidas, el desplazamiento de alrededor de 7 millones de seres humanos y un costo económico incalculable- ¿que espectro está de nuevo ante los ojos de ese sufrido país?

Claro: más conflicto de la misma naturaleza entre el gobierno colombiano y unas FARC renacidas. Es decir: Cuanto más cambia, más es lo mismo.
O sea: Tienes lo que pagas.

En los últimos días de agosto, salió a la luz pública un video de 32 minutos en el cual altos líderes de esa agrupación guerrillera anunciaron su renacimiento militar y su regreso a la lucha armada contra el Estado, acusando al gobierno actual de no haber cumplido sus deberes según el acuerdo de paz firmado hace tres años en La Habana.
No recuerdo exactamente donde me enteré de una estadística preocupante: alrededor de 50 por ciento de las guerras en este mundo no terminan con la paz. Terminan con más guerra aunque quizás en forma diferente. En el caso actual de Colombia, la guerra que renace es la guerra que nunca se terminó.
O como dicen en Inglaterra: “el rey está muerto; larga vida al rey.”

Bueno, un rey no es una guerra. Pero, en Colombia, la guerra es como un rey en este sentido: se termina y casi de inmediato renace.

Es cierto que las FARC y el gobierno colombiano anterior lograron negociar su acuerdo de paz en 2016. Es cierto también que el ex-presidente colombiano, Juan Manuel Santos, logró finalmente obtener la aprobación del acuerdo en el Congreso. Aún más, él mismo ganó el premio Nobel por sus enormes esfuerzos en ese ámbito. Pero la triste verdad es que la guerra civil colombiana nunca llegó a su fin -o no por completo.

Hay un dicho en español que dice lo siguiente: Cuando el río suena, es que agua lleva.

En Colombia, el río lleva mucha agua. En ciertas formas, la ya vieja guerra aún sigue. Por ejemplo, otra fuerza guerrillera -el Ejército de Liberación Nacional (ELN)- nunca ha dejado de luchar contra el gobierno. En enero pasado, uno de sus unidades hizo explotar un coche-bomba en Bogotá con la muerte de, por lo menos, 20 personas.
Además, un total de entre 1.000 y 2.000 miembros de las FARC jamás aceptaron el acuerdo de paz y siguen caminando por el sendero del conflicto armado. Mientras tanto, grupos derechistas que se oponen al pacto ya han matado, durante los últimos tres años, a un total de más o menos 130 guerrilleros desmobilizados. Durante el mismo período, unos 300 activistas por la paz han sido asesinados también por grupos derechistas.

El nuevo gobierno centro-derechista de Iván Duque no apoya plenamente el acuerdo de paz y opinan que los ex-guerrilleros son más terroristas y narco-traficantes que ex-soldados. Por esa misma razón, el gobierno ha sido muy lento en cumplir con sus obligaciones bajo el acuerdo de paz. Tres años después de la firma del acuerdo hay solamente una minoría de ex-combatientes de las FARC que han recibido puestos de trabajo o entrenamiento laboral, beneficios prometidos al firmarse el acuerdo.

Es sumamente dudoso que las nuevas FARC puedan llegar al tamaño o poder que tenía su versión original, pero eso no quiere decir que no tendrá ningún peso. Al contario, la aparición de otro grupo armado izquierdista complicará severemente el panorama político de Colombia y probablamente empeorará las ya muy tensas relaciones entre Bogotá y Caracas, cuyo gobierno ha apoyado a los guerrilleros colombianos en el pasado.

En otras palabras: lo que se siembra se recoge.

Oakland Ross es un periodista y autor canadiense que ha trabajado para el Globe and Mail y el Toronto Star. tiene una gran experiencia en asuntos latinoamericanos. Ha sido corresponsal en varios países de la región, en especial en El Salvador y Perú. Es autor de ..... Ver esto con cada uno de los colaboradores.