El misterio de Los 43 como asignatura pendiente

No todas las muertes son iguales.
En el caso de México, hay una categoría especial de homicidios — es decir, supuestos homicidios — que se destacan de los demás. Y los demás son muchos. Desde 2006, cuando el ex-presidente Felipe Calderón declaró una guerra abierta contra los carteles narcotraficantes, han muerto alrededor de 250.000 seres humanos en ese conflicto brutal, sin contar 70.000 desaparecidos.
Pero, hay una cifra específica que se destaca frente de estos miles de muertos, por lamentables que sean, y es muy posible que esta cifra pese más que las otras en la perspectiva del presidente actual, Andrés Manuel López Obrador, cuando se acerca al primer aniversario de su mandato.
Hablo de Los 43 — es decir, los 43 jóvenes que no sobrevivieron a lo acontecido la noche del 26 de septiembre de 2014, cerca del pueblo de Iguala, en el estado de Guerrero, en la región sur-oeste de México.
Ahora, más de cinco años después de esa noche turbulenta y confusa, el destino de Los 43 sigue siendo uno de los misterios más complejos y obsesionantes que enfrenta el escenario político mexicano.
Ya se han producido libros, novelas gráficas, y documentales acerca de los enigmas de esa noche. Ya se han detenido docenas de hombres de los que se sopecha que han tenido un papel en los eventos de esa noche, y ya se han liberado docenas de hombres, algunos de los cuales fueron torturados en busca de confesiones falsas.
Ya han visto la luz pública versiones “oficiales” de los acontecimientos de esa noche, y esas versiones ya han colapsado frente a nuevas investigaciones realizadas por grupos de expertos independientes.  
Hay ciertos datos que sí se conocen — aparentemente. Por ejemplo, todos los jóvenes eran estudiantes en el colegio de maestros Raúl Isidro Burgos ubicado en el pueblito de Ayotzinapa a una distancia de 120 km de Iguala.
Parecería que en la noche del 26 de septiembre de 2014, los estudiantes habían requisado unos autobuses para poder viajar a la Ciudad de México donde querían participar en una manifestación en recuerdo de la infame matanza de cientos de jóvenes en la Plaza de las Tres Culturas en el distrito de Tlatelolco en 1968.
Es seguro que ninguno de los 43 logró llegar a la capital, pero no es posible decir con certeza cual fue su destino real ni el porqué. Parecería que varios cuerpos de seguridad intervinieron muy violentamente para detener el avance de los alumnos. Esa intervención tuvo lugar cerca y dentro de Iguala e involucró — por casualidad — la presencia de otro autobús, que transportaba a los miembros de un equipo juvenil de fútbol.
Parece que hubo cinco muertos como consecuencia de este ataque, incluyendo un joven cuyo cuerpo fue brutalmente mutilado después de su muerte, además de un gran cantidad de jóvenes que simplemente desaparecieron. Es decir, Los 43.
Durante los años siguientes, se han desenterrado alrededor de 200 cuerpos en el estado de Guerrero, en búsqueda de los restos de Los 43, pero hasta ahora se ha podido identificar a solamente uno de lo miembros de esa categoría tan especial.
Tampoco se ha podido explicar la razón por la cual los alumnos fueron atacados. Algunos dicen que uno de los autobuses requisados estaba equipado para llevar drogas ilegales, y su incautación molestó al cartel local de narcotraficantes, conocido como Guerreros Unidos. Otra versión sostiene que la esposa del alcalde de Iguala ordenó el ataque para no arriesgar una interupción del discurso que iba a ofrecer esa noche.
Lo que el episodio ha mostrado claramente es que en muchas regiones de México los políticos, los cuerpos de seguridad, y los narcotraficantes, operan juntos — un desafío enorme para aspirantes a reformadores. Es decir, gente como el mismo López Obrador, que ha prometido solucionar el misterio de Los 43.
Buena suerte, su excelencia.

Oakland Ross es un periodista y autor canadiense que ha trabajado para el Globe and Mail y el Toronto Star. tiene una gran experiencia en asuntos latinoamericanos. Ha sido corresponsal en varios países de la región, en especial en El Salvador y Perú.