Las similitudes políticas entre Trump y Santa Anna

Cuando se trata de hombres de las Américas con gigantescas personalidades, enormes egos y habilidades quizás limitadas, hay dos individuos cuyos nombres se destacan aún en esta compañía de líderes notorios pero fracasados.

Me refiero en primer lugar a Donald J. Trump, actual presidente de Estados Unidos y, en segundo lugar, a un personaje un poco menos reconocido, pero igualmente rimbombante en su manera de ser. Se trata de Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de LeBrón, también conocido como el Napoleón del Oeste, el Héroe de Tampico, el Héroe de Veracruz, su alteza más sereno o, simplemente, el Presidente. El portador de estos honores nació en Nueva España —es decir, México— en el año 1794.

Podría ser que no se hace referencia muy frecuentemente a estos dos nombres con tanta proximidad, pero la verdad es que hay muchas similitudes entre Trump y Santa Anna, como se conoce al mexicano.

En primer lugar: incompetencia. Parece que la famosa teoría histórica de “hombres grandes” tiene bastante credibilidad, aunque en forma muy negativa, si se examinan las obras de Trump o Santa Anna.

Según esta teoría, el gran curso de la historia depende básicamente en la influencia fundamental de unos pocos hombres prepotentes. (En general, la teoría no menciona a las mujeres).

Santa Anna tuvo mucha influencia. Perdió la mitad del territorio mexicano en una guerra prolongada contra Estados Unidos. En una oportunidad sumamente triste, el mexicano tuvo que vender una gran parte del estado de Arizona a los yanquis para poder pagar a sus soldados.

Mientras tanto, el récord de Trump contiene un sin fin de malas decisiones, ninguna de ellas más grave que su comportamiento frente al coronavirus, con la pérdida no necesaria de docenas de miles de vidas.

En segundo lugar: narcisismo. En 1838, durante la llamada Guerra de los Pasteles contra Francia, Santa Anna perdió una de sus piernas en batalla. Varios años después, cuando tuvo que mejorar sus fortunas políticas, Santa Anna ordenó la exhumación de la pierna, que había estado enterrada en el estado de Veracruz.

Bajo una guardia de honor, trasladaron el apéndice heroico a la Ciudad de México, donde fue enterrada de nuevo con todos los honores militares, frente del cuerpo diplomático y la élite de la sociedad mexicana.

En el caso de Trump, el egoísmo insaciable de este señor se ha mostrado en múltiples ocasiones, como por ejemplo su decisión de sacar disidentes pacíficos de la Plaza Lafayette frente de la Casa Blanca para permitirle aprovecharse de una simple oportunidad fotográfica.

En tercer lugar: la arrogancia. Entre 1833 y 1855, Santa Anna actuó como presidente mexicano en nada menos de 11 ocasiones. A veces, fue elegido. A veces, no. En ambos casos, gobernaba por la fuerza de su personalidad, actuando en su papel de caudillo u hombre fuerte.

En manera semejante, Trump ha gobernado por intimidación, castigando la oposición de cualquier naturaleza y recompensando gestos de lealtad, los que realmente son gestos de temor.

En cuarto lugar: falta de ideas. Para Santa Anna, lo que prefirió fue lo que le benefició a sí mismo. Según una evaluación histórica, el caudillo “dejó un legado de desilusión y desastre por haber consistentemente preferido su propio interés en lugar de su deber a la nación”. Para Trump, es lo mismo. A unos pocos días de las elecciones presidenciales estadunidenses, él todavía no ha avanzado ningún programa detallado para gobernar su país si gana las elecciones.

En quinto lugar: sobrevivencia. A pesar de su experiencia catastrófica bajo el mandato de Santa Anna, México —o digamos la mitad de lo que era México– sobrevivió. Al final de cuentas, los mexicanos se cansaron de Santa Anna. En 1855, lo mandaron al exilio, y pasaría la mayoría de los próximos 19 años de su vida en el pueblito de Turbaco en Colombia.

Finalmente, regresó a México en 1874, donde falleció dos años después, pobre y olvidado, a sus 82 años de edad.

Si México pudo deshacerse de Santa Anna hace 165 años, ¿es posible esperar que Estados Unidos pueda hacer algo semejante ahora?

Oakland Ross Escritor y periodista canadiense que en su calidad de corresponsal del Toronto Star y el Globe and Mail, tuvo la oportunidad de conocer en profundidad escenarios de conflicto en Latinoamérica, África y el Medio Oriente.