Break Dance: de la calle al Olimpo

La inclusión del “break dance” como deporte olímpico hizo que muchos alzaran la ceja con incredulidad, en particular quienes no consideran que este pilar de la cultura “hip-hop” sea un deporte… Pero este género nació en las calles, sabe lidiar con los estigmas y representa a una generación aburrida de lo convencional, y que lo desafía a golpe de ritmos y pasos…

Son los “b-boys” y “b-girls”, esos bailarines que quizás hemos visto en plazas y aceras, contorsionándose con esta peculiar forma de expresión nacida en los años 70’s del siglo XX, y que tienen ante sí una oportunidad de oro para tener el reconocimiento que merecen.

De entrada, el género ganará visibilidad, con las consiguientes posibilidades de patrocinio para que sus practicantes puedan dedicarse a entrenar, perfeccionar sus coreografías y que el “break dance” deje de ser un mero pasatiempo y se consolide como disciplina atlética.

El break dance es una danza que se caracteriza por el movimiento enérgico y acrobático del cuerpo, con guiños a la gimnasia y las artes marciales, con altas dosis de creatividad, pero también un elevado riesgo de lesión. Son célebres sus “batallas”, algunas llevadas al cine en filmes como Step Up, pero ahora enfila hacia el Olimpo.

De hecho, ya debutó con éxito en los Juegos Olímpicos de la Juventud que organizó Buenos Aires en 2018, y donde el japonés Ramu Kawai y el ruso Sergei Chernisev derrocharon talento, capacidad física y emoción en su lucha por el podio. Ahí quedó despejada cualquier duda que pueda existir sobre si el break dance es arte o deporte…

“Es una manifestación artística, pero que requiere una capacidad atlética. Las cosas que hacemos son muy exigentes en lo físico, y te obliga a estar en forma”, enfatiza Jayson Collantes, un “b-boy” de Toronto que ha competido en eventos internacionales, pero trabaja como cocinero para ganarse la vida. Sí, vivir del “break dance” es en verdad difícil.

Según reseña el diario Toronto Sun en un reciente reportaje, en esta competencia solo cobra el ganador. Por ejemplo, Emma Misak es una “b-girl” con experiencia internacional, pero lo más que ha ganado en un torneo son 500 dólares. Como todos, sueña con ser profesional, pero no abundan las opciones, y la pandemia de Covid-19 empeoró el panorama…

Las restricciones cortaron vías de ingreso como los duelos, los talleres y clases. Algunos se reinventaron mediante tutoriales on-line, pero nunca es lo mismo…

“Es un estilo de vida diferente, y espero que algo como los Juegos Olímpicos abran nuevas oportunidades para que más gente viva del break dance, no solo ganando eventos, sino enseñando o entrenando”, comentó Philip Kim, un “b-boy” de Vancouver.

Aunque algunos ven con reticencia esta “modernización” del programa olímpico, en sentido general predomina el entusiasmo por la llegada del break dance y otras disciplinas atípicas, como el surf, la escalada y el skateboard. Quién sabe… Quizás en un futuro se sumen el parkour, la petanca y los videojuegos. Y que vuelva el béisbol, faltara más…