¿No voto? No All-Stars…

Sin comerla ni beberla, los amantes del béisbol en Atlanta sufrieron su primer gran revés de esta temporada en las Grandes Ligas: la aprobación de una ley que restringe derechos a los votantes le costó a la sureña urbe estadounidense la celebración del Juego de las Estrellas y el sorteo colegial, dos eventos de gran relevancia deportiva, pero sobre todo económica.

Las Ligas Mayores (MLB, siglas en inglés) reaccionaron así a una polémica reforma electoral aprobada por el estado de Georgia y que limita los derechos de las minorías al complejizar el registro para el voto ausente, acortar el período para una segunda vuelta y criminalizar la entrega de agua y comida en las filas de votantes.

Rob Manfred, comisionado de las Grandes Ligas, defendió la decisión de reubicar el “All Stars” previsto para 2021 en Atlanta a tono con el compromiso cívico de la organización, que el pasado año impulsó la participación ciudadana en los comicios generales.

“Un acceso justo al derecho al voto continúa contando con nuestro apoyo inquebrantable”, enfatizó Manfred, quien aseguró que la MLB mantendrá las inversiones destinadas a apoyar a las comunidades locales de Atlanta en el marco del evento.

Agregó que en la nueva sede -tentativamente el Coors Field de Denver, Colorado- también se le rendirá un homenaje a Hank Aaron, el legendario jonronero de los Bravos de Atlanta, cuya muerte en 2020 conmocionó a los amantes del béisbol.

Algo similar ocurrió en 2017, cuando la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA) le quitó el Juego de las Estrellas a la ciudad de Charlotte, a raíz de una ley transfóbica aprobada por el estado de Carolina del Norte.     

A su vez, ya Atlanta comienza a sentirse la medida: los Bravos tuvieron que transformar sus uniformes, que tenían el logo del “All Stars”, y además afirmaron en un comunicado que los negocios, los empleados y los aficionados de Georgia son víctimas de la decisión.

Se estima que las pérdidas económicas superarán los 100 millones de dólares para Atlanta, y el gobernador republicano Brian Kemp, quien rubricó la polémica ley, acusó a la MLB de sucumbir al “miedo, oportunismo político y las mentiras liberales”.

Sin embargo, varios defensores de los derechos civiles acusaron a la cúpula republicana de “canjear” oportunidades económicas por supresión, y reconocieron la posición valiente de las Grandes Ligas ante una normativa que afecta especialmente a las minorías.  

Como sea, el asunto revive el debate sobre la mezcla de deporte y política, una relación que no es precisamente nueva. Desde que los velocistas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos alzaron el puño del “black power” en el podio olímpico de México-1968, el deporte se afianzó como una poderosa e influyente plataforma para las reivindicaciones.

En 1996, la NBA suspendió al talentoso base Mahmoud Abdul-Rauf por no participar en la ceremonia del himno nacional previo a los partidos, por su impronta racista. Dos décadas más tarde, el “quarterback” Colin Kikpatrick hincó una rodilla en el césped durante el himno de Estados Unidos, en protesta contra la brutalidad policial.

Aquel manifiesto cobró fuerza con el movimiento “Black Lives Matters”, que visibilizó más el racismo enquistado en la sociedad norteamericana, al punto que cuando la NBA retomó su temporada de 2020 en la llamada “Burbuja de Orlando”, la liga permitió a los jugadores poner mensajes sociales en sus uniformes, y arrodillarse durante el himno.

Y quizás estas acciones no hagan el gran cambio, pero peor es la indiferencia…