Luto en el Surf

El surf es, sin dudas, un deporte de riesgo: lidiar con tiburones, olas indomables y arrecifes traicioneros es parte del peligro que, a su vez, dispara la adrenalina y le añade complejidad a esta práctica. Pero un surfista se prepara para los accidentes en el mar, no para que la muerte le caiga en forma de rayo, sin miramientos ni avisos…

Así fue el súbito final de Katherine Díaz, una joven promesa del surf mundial, cuya muerte estremeció a su natal El Salvador y a quienes aman, conocen y viven este deporte. Hermana de José “Bamba” Díaz, presidente de la Federación Salvadoreña de Surf, Katy se dirigía a entrenar cuando una descarga eléctrica la mató. Tenía apenas 22 años de edad.

Díaz, subcampeona nacional del Open Femenino-2020, recién había regresado de competir en México. Tenía previsto volver esta semana, pero adelantó su viaje para prepararse de cara al preolímpico que acogerá El Salvador en mayo próximo. “Ya todo estaba dibujado, y ya era hora de partir”, comentó, resignado, su hermano mayor.

Como muchos niños en el bravío litoral salvadoreño, Katy comenzó a surfear desde los 8 años, inspirada por su hermano. Se le solía ver por la zona de La Bocana, sorteando las marejadas y sacándole provecho a las olas. Poco a poco se hizo de un nombre en el ámbito, disputó varios torneos internacionales y soñaba con llegar a los Olímpicos.

Estrellas del surf salvadoreño, como el medallista panamericano Bryan Pérez y Josselyne Alabi, le rindieron tributo a quien consideraron una amiga, una líder en el equipo nacional y una apasionada de este deporte. En países como Ecuador, Suiza, Australia e incluso aquí, en Canadá, surfistas y especialistas le rindieron tributo a la malograda deportista.

En El Salvador, sus familiares y amigos convocaron a un “Paddle Out” en la Bocana de la playa El Tunco. Se trata de un ritual hawaiano adoptado por los surfistas, una celebración de la vida de algún hermano o hermana caído, con muchas flores, cantos y agua.

Por desgracia, tras la emoción del surf siempre ronda una tragedia en potencia. En 2020, cinco surfistas murieron ahogados durante una sesión en la playa de Scheveningen, Países Bajos, víctimas del fuerte viento y las corrientes marinas. También el pasado año, Ben Kelly murió tras ser agredido por un tiburón en aguas del norte de California, EEUU.

Sin embargo, pocos lugares son tan letales como el Banzai Pipeline, un arrecife de Hawai célebres por sus temibles olas, que se han tragado a más de un atrevido. Otros que salieron con vida de sus aguas estuvieron entre la vida y la muerte, casi todos al sufrir un “wipeout”, o sea, una caída en la mera cresta de la ola.        

A su vez, un estudio de la revista especializada Mundo Entrenamiento determinó que las partes del cuerpo más magulladas por la práctica del surf son la cara, los pies y las piernas, mientras que las costillas y huesos faciales son los que más roturas sufren. Por eso se hace énfasis en la preparación, la seguridad y una práctica responsable.