Tokio-2020 necesita un exorcismo olímpico

A Japón le urge un “onmyoji” (hechicero) que conjure su mala suerte. Es más, tendrían que resucitar al mismísimo Abe no Seimei, vencedor de míticas batallas con los espíritus, para exorcizar el hado negativo encarnado en los Juegos Olímpicos de Tokio-2020.

En el más reciente episodio de contratiempos para la lid nipona, uno de sus patrocinadores, el influyente diario Asahi Shimbun, demandó la suspensión de los Juegos por la drástica proliferación de nuevos casos de Covid-19.

A través de un editorial, la publicación exigió al primer ministro Yoshihide Suga que de una buena vez cancelara los eventos olímpicos y paralímpicos, ante la inminencia de una declaración de emergencia en Tokio por el rebrote de la pandemia.

“Urgimos al primer ministro Suga a evaluar la situación imperante con objetividad y calma, y que tome la decisión”, emplazó el diario, al advertir que las circunstancias van más allá de cumplir con un calendario, pues la prioridad es proteger vidas.

Sin embargo, el gobernante Partido Liberal Demócrata insiste en que Japón realizará los Olímpicos, sobre todo por su impacto en la economía local. De hecho, la suspensión de los Juegos le costaría al país 1,81 billones de yenes, o sea, 17.000 millones de dólares.

El Nomura Research Institute calculó el costo, pero estimó que sería peor para la economía local seguir adelante con los Juegos y arriesgarse a nuevos estados de emergencia, con el consiguiente cierre de negocios, la caída en el consumo, y la pérdida de empleos.

Según sondeos de medios locales, un 60 por ciento de la población consideró que estos Juegos deberían ser cancelados, sobre todo porque el Comité Olímpico Internacional (COI) ya descartó la variante de un nuevo aplazamiento.

Quienes defienden la celebración estiman que las pruebas deberían disputarse sin público en las gradas, decisión que tomarán los organizadores a inicios de junio, aunque ya vetaron la presencia de aficionados extranjeros.

Thomas Bach, presidente del COI, anunció recientemente que el 80 por ciento de los deportistas, técnicos y federativos hospedados en la Villa Olímpica serán vacunados, a tono con la promesa gubernamental de unos Juegos sanos y seguros.

Por lo pronto, la presidenta del comité organizador de Tokio-2020, Seiko Hashimoto, dijo que la participación extranjera se redujo a 59.000 participantes, apenas un tercio de la prevista hace un año, cuando irrumpió la pandemia que obligó a posponer la cita.

Sin embargo, el “daikyo” (hado funesto) sigue haciendo de las suyas: esta semana tuvo que renunciar uno de los principales asesores del gabinete de Suga, el académico Yoichi Takahashi, porque se burló del reclamo popular de cancelación.

Takahashi, profesor de la Universidad Kaetsu, afirmó que las cifras sobre contagios de Covid-19 en Japón era “un murmullo”, y descalificó la situación de emergencia que viven países de Europa y América del Norte. Suga lamentó el incidente y aceptó la renuncia.

De hecho, la propia Hashimoto asumió la organización de los Juegos tras la dimisión de Yoshiro Mori, duramente criticado por un comentario sexista que acabó costándole el cargo, y buena parte de su prestigio. Lo dicho: Tokio-2020 necesita, cuando menos, una buena limpieza espiritual, a ver si mejora su suerte…