Más dinero que boxeo

Por favor, dejemos ya de referirnos a la pelea entre Floyd Mayweather y el “youtuber” Logan Paul como un cartel boxístico: lo visto en el Hard Rock Stadium de Miami no tuvo nada que ver con el boxeo, con todo y el ring encerado, los guantes y las modelos entre “rounds” … Todo se trató de dinero, mucho dinero, abundante…

Valgan las peleas previas, en especial la protagonizada por Luis “Cuba” Arias y Jarred Hurd, que salvaron una noche marcada por la lluvia: el “main event” fue, francamente, decepcionante, porque el pugilista que se autoproclama el mejor de la historia fue incapaz de derribar a un advenedizo, quien duró en pie los ocho asaltos pactados.

Es verdad que Paul es casi 20 años más joven, mucho más alto y casi 35 libras más pesado que el “Money” Mayweather, pero del pegador que se retiró invicto como profesional no se esperaba menos que un “knock-out” ante alguien que, con todo y su preparación y voluntad, no deja de ser un aficionado, un entusiasta, un metiche.

Las redes sociales castigaron este combate de exhibición, en el que ambos ganaron porque se llevaron un botín millonario. Fue una pelea sin jueces, que solamente podría definirse por fuera de combate. El objetivo siempre fue entretener y ganar dinero, aunque los ingresos por “pay per view” (pago por ver) fueron inferiores a lo previsto.

Siempre se trató de negocio, desde el anuncio hasta la riña coreografiada en una sesión fotográfica previa. Se siguió un guión, y como tal fue ejecutado. Porque nadie esperaba que Mayweather iba a arriesgar su record inmaculado ante alguien que planteara una amenaza real a su invicta trayectoria.

Sin embargo, los puristas del boxeo han criticado esta y otras iniciativas similares que, en teoría buscan generar interés, pero en realidad socavan la esencia del viejo arte de Fistiana. Y el problema va más allá de hacer dinero: el legendario Mike Tyson estimó que Mayweather hubiera ganado más enfrentando nuevamente al filipino Manny Pacquiao.

Pero Paul no es un desconocido, y cuenta con un capital nada envidiable en los tiempos que corren: más de 23 millones de suscriptores en su canal de YouTube, que siguieron a su “héroe” poniéndose los guantes contra una leyenda viva del boxeo, que además es una fría máquina de hacer dinero.

“Si gano, será la mayor sorpresa en la historia del deporte de combate. Si Mayweather gana, a nadie le importa. Bien hecho, habrás vencido a un youtuber”, resumió Paul, a cuyo hermano Jake, otra figura de las redes, también le ha dado por boxear, aunque con neófitos como él, siempre por una jugosa bolsa de dinero.

Por lo pronto, ya se dice que el chicano Óscar de la Hoya, apodado en su momento el “Golden Boy” del boxeo, también quiere volver al ring a sus 48 años. El propio Tyson lo hizo hace poco, enfrentándose con el también cincuentón Roy Jones Jr.     

Para el historiador Mike Silver, el auge de estas peleas lucrativas le ha pegado el tiro de gracia al deporte de sus amores. “Siento que grandes peleadores como Archie Moore, Sugar Ray Robinson, Willie Pep, deben estar revolcándose en sus tumbas. Pero seamos realistas. Esto no es boxeo. El boxeo como yo lo conocí está muerto”, lamentó.

Otros discrepan, y se preguntan cómo puede estar muerto un evento que tiene a miles de millones de personas pendientes, pagando y dando “like”. El asunto está en dejar de verlo con nostalgia romántica, y asumirlo como lo que es: un negocio. Es lo que hay…

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