Biden reformula la política exterior y las leyes migratorias de EE.UU.

Las directivas del presidente estadounidense, Joe Biden, en política exterior e inmigración rompen con los principales planteamientos de su antecesor, Donald Trump, en esas esferas.

En un discurso en el Departamento de Estado la semana pasada, el mandatario demócrata dijo que comenzó un cambio en los hábitos para relacionarse con sus principales aliados, y entre ellos mencionó a Canadá, México, Reino Unido, Alemania, Francia, Japón, Corea del Sur, Australia y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y para eso contactó con los líderes de cada una de esas naciones.

Pero aunque en su intervención esbozó las principales proyecciones de su administración en las relaciones de Washington con el resto del mundo, algunos expertos destacan que, al menos en esa ocasión, estuvieron ausentes sus prioridades para la región latinoamericana y caribeña.

De hecho, el gobernante marcó una ruptura con la manera en que Trump enfrentaba los retos y en particular las diferencias con aliados y adversarios de Washington, y en ese sentido se destaca el anuncio de que el mandatario pondría fin a la venta de armas y otro tipo de apoyo a Arabia Saudita, elementos que contribuyen a su participación en una guerra en Yemen.

Trump había rechazado durante su gobierno de forma reiterada los llamamientos para frenar a los saudíes por su participación en el conflicto armado en Yemen, así como por el asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi en Turquía.

Pero Biden también dejó en claro que continuaría vendiendo armas defensivas a Arabia Saudita que fueron diseñadas para proteger contra misiles, drones y ciberataques de sus adversarios en la región.

En otra reversión de la política de la era Trump, Biden también anunció que ordenó detener “cualquier retirada de tropas de Alemania”, por lo que canceló la orden de Trump de redistribuir 12 mil efectivos militares estacionados en suelo germano.

En el plano de sus proyecciones sobre política migratoria, Biden anunció el 4 de febrero su intención de permitir la entrada de más refugiados a Estados Unidos este año, una postura que revierte las medidas de la administración anterior en ese tema.

Trump redujo constantemente el límite anual de solicitantes, de los 110 mil que el presidente Barack Obama dijo podrían ingresar a este país en 2016, a solo 15 mil para el año fiscal actual, un mínimo histórico.

Pero la logística asociada a este proceso de admisión de extranjeros está muy afectada, lo que dejó a muchos solicitantes de asilo esperando su turno para las entrevistas.

En este contexto, Biden comenzó el proceso para terminar acuerdos migratorios de la administración Trump con El Salvador, Guatemala y Honduras, de acuerdo con un anuncio reciente del secretario de Estado, Antony Blinken.

Con el objetivo expreso de limitar el arribo de solicitantes de asilo, Estados Unidos firmó acuerdos con Guatemala, en julio de 2019, y con El Salvador y Honduras, en septiembre del mismo año, por indicaciones de Trump.

Thomas Sáenz, presidente del Fondo Educativo y de Defensa Legal México-Estados Unidos señaló recientemente al diario The Hill, que “no solo estamos retrocediendo las políticas de Trump, sino que vamos más allá de la administración Obama”.

Otros expertos muestran optimismo por estos pasos iniciales del nuevo jefe de la Casa Blanca y en todo caso observan que la política de Biden y su equipo necesariamente tendrá que ser mucho mejor que los años difíciles de la era de Trump, quien se empeñó en reprimir a toda costa la inmigración, a la vez que afectó en política exterior vínculos tradicionalmente positivos con muchos de sus aliados, a la vez que exacerbó a niveles poco habituales sus contradicciones con los adversarios de Washington.