Familia reconstruida

No sabía que se le llamaba así a la convivencia bajo el mismo techo de “los tuyos, los míos y los nuestros”, me enteré por una revista de ciencia y salud que ojeaba mientras mi hija atendía una cita médica. Reparé en que la nuestra es una familia reconstruida y me vino el recuerdo de cuando, hace ya veintiún años, nos tocó a mi esposo y a mí formarla.

Poca idea tenía entonces de cuál sería el desenlace de aquella circunstancia. Solo sabía que sus dos hijos (los de mi esposo), ante el fallecimiento de la madre, eran su responsabilidad y, por ende, la mía; y que, bajo ningún concepto los separaría (como aconsejaban algunos parientes). A partir de aquellas dos certezas tomamos las demás decisiones.

De un día para otro, pasamos de ser una pareja a la que le sobraban espacios en casa a una familia de cuatro con un niño y una adolescente. Al año siguiente, ya éramos una familia de cinco tras nacer nuestra hija. Construimos un vínculo que se ha mantenido a lo largo de los años. Sobra decir que el amor tiene varios atuendos para vestirlos en cada ocasión. Tolerancia, respeto, empatía, confianza son apenas camisetas de la vestimenta que usa el amor. Dicho sea de paso, nunca pasa de moda.

No hace falta hacer una lista de consejos para la buena convivencia de una familia reconstruida, como hizo el experto en salud mental en su artículo. Basta decir que la permanente voluntad de amarse es la base sobre la que se construye y reconstruye cualquier vínculo, y eso va más allá de la sangre.

Corallys Cordero

Integrante del Certificado de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Toronto