Un rinconcito literario que respira libertad

En 2022, unos buenos amigos nos invitaron a mí y a mi esposo, a ser parte de un club de lectura en WhatsApp. Más de 20 personas, profesionales de diversos países de Latinoamérica y dos profesoras de literatura, una del sureste de Europa y la otra de Norteamérica, integran este rincón literario. Están representados Canadá, Macedonia, México, Guatemala, El Salvador, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Perú.

Nos une un profundo amor por los libros y creo que también el deseo de ser parte de una comunidad que intercambia y comparte opiniones diversas como diverso es el mundo que nos rodea, en un clima de mucho respeto y tolerancia. Ser parte de este espacio literario, nos da la posibilidad de viajar a través de los libros, de conocer a las y los autores, de enriquecernos con las opiniones y comentarios de quienes participan y nos ayuda a valorar esos aportes.

Con franqueza resultaba difícil creer que se pudiera dar un intercambio y un diálogo fluido a través de un sistema de mensajeria. Pero fue una sorpresa descubrir que, aún con dificultades, esas que impone el diario vivir, el trabajo, la familia, siempre encontramos tiempo para leer y para compartir nuestras impresiones.  

Esta experiencia, única y maravillosa, que, recomiendo sin dudarlo, me lleva a hacer una reflexión sobre la censura literaria en Estados Unidos y la ola de prohibiciones que han retirado casi 3,000 libros de las escuelas públicas en más de 41 estados. El amor en los tiempos del cólera del colombiano y Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez y La Casa de los Espíritus de la autora chilena Isabel Allende se encuentran en este listado. También grandes clásicos y betsellers, desde Stephen King y Margaret Atwood hasta Dan Brown.

Florida abandera estas prohibiciones. Ron DeSantis ha aprobado leyes que prohíben tratar temas como la sexualidad, la orientación sexual y la raza en las escuelas, y que incluyen penas de prisión para quien las infrinjan.  Esto es una clara violación al derecho de todo ser humano a la libertad de pensamiento y de expresión.

Como era de esperarse, lo que ha ocurrido frente a esta implacable censura, es que han empezado a surgir clubes de lectura donde niños, niñas y adolescentes se regalan o comparten los títulos que están prohibidos. La española Irene Vallejo, autora de El Infinito en un Junco, estuvo en Toronto el año pasado, invitada por la Universidad de York para presentar su libro. Cuando la entrevistaron dijo: “en este debate siempre he pensado que lo principal de una biblioteca pública es que ofrezca todas las versiones posibles de la realidad. En el momento en que empezamos a cercenar determinados puntos de vista, ya estamos de alguna manera guiando a los lectores, privándoles de la libertad de que tengan el abanico abierto de todas las posibilidades y todas las opciones y después tomen partido en función de lo que han leído, de lo que han explorado libremente.

La esencia de la democracia es la libertad de la palabra, la diversidad de las ideas y del pensamiento. Tenemos que aprender y ser capaces de conocer y debatir ideas polémicas, desafiantes, difíciles, hasta las que cuestionan y nos hacen dudar de nuestras propias certezas. Prohibir libros no es el camino correcto. Comparto lo que dijo Viet Thanh Nguyen : “Al prohibir libros, también prohibimos los diálogos y desacuerdos difíciles, que los niños son perfectamente capaces de mantener y que son cruciales para la democracia”.

Ana Cristina Castañeda Sánchez
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Periodista y comunicadora