Exhibición de modelismo naval revive la historia en La Habana

El Castillo de la Real Fuerza, primera fortaleza renacentista construida por los españoles en América y la única con foso húmedo, reunió en sus predios el pasado viernes 28 de agosto a tantas personas como cuando se alzaba centinela a la entrada de la bahía de La Habana en pleno siglo XVIII.

Días antes una convocatoria en redes sociales anunciaba que las aguas del foso sería el escenario para una exhibición de modelismo naval.  

Andy Gómez Hernández, especialista de los Museos Arqueológicos de la Oficina del Historiador, explica lo que el lente de Correo Canadiense pudo captar.

“Navegaron cinco modelos y superaron nuestras expectativas. Para los modelistas cubanos navegar en el foso es un reto muy grande porque es de agua salada que puede dañar las piezas. El acceso es difícil y tiene paredes de piedra. Pero logramos romper todos esos miedos de los modelistas”, comenta el joven.

Ante los ojos de cientos de personas navegaron un CS-13, cazasubmarino de la Armada Cubana que logró combatir a los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial; Cole, un yate similar a los fabricados en Europa alrededor de los años 60 del pasado siglo; otro modelo de yate pero checoslovaco construido en la década de 1970;  un modelo a escala del Nautilus, primer submarino nuclear concebido por los norteamericanos después de la Segunda Guerra, así como una lancha rápida que cerró a toda velocidad la exhibición.

“La idea principal es hacer una extensión de nuestras colecciones. La fundamental aquí es modelismo a escala naval. Pero siempre el público en general lo ve como algo estático, de un museo antiguo, que no se puede tocar. Entonces hemos tratado de acercar nuestras colecciones al público a través de diferentes modalidades de visitas y dando un especial énfasis a la importancia de la flota”, explica Gómez Hernández.

Y así sucedió, en grupos guiados o de modo individual, las salas del castillo se iluminaban con las luces de los celulares ante la falta de fluido eléctrico que es parte de la cotidianidad de los cubanos desde que el gobierno de Donald Trump amenazó a través de una orden ejecutiva con imponer aranceles a quien provea oro negro a este país del Caribe.

En la penumbra, los rostros de asombro ante las piezas de oro y plata, se integraban el ambiente original del castillo, cuando servía como residencia de los gobernadores y depósito de los tesoros que aguardaban su viaje a la Península.

Desde las almenas de esta fortaleza se oteaba la entrada de la bahía, y su sola presencia recordaba que La Habana era el punto de encuentro entre dos mundos, por las características de su bahía y la posición privilegiada para el trasiego de mercancías a través del océano Atlántico.

Durante los siglos XV, XVI, XVII, XVIII y XIX, la ciudad se consolidó como el punto de conexión entre el Viejo y el Nuevo Mundo a través del sistema de flotas de Indias. Las impresionantes caravanas navales que partían de Sevilla llegaban a la bahía habanera cargadas de bienes y regresaban a España con oro, plata, especias y tabaco.

El Castillo de la Real Fuerza llega hasta la actualidad como una de las fortalezas de piedra más antiguas conservadas en América y forma parte del conjunto de fortificaciones del centro histórico de La Habana, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982.

La fortaleza, que en el siglo XVII fue calificada como el edificio más seguro de La Habana, ha sido restaurada cuidadosamente y hoy se erige como un espacio vivo que conecta el pasado con el presente.

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