El futuro comienza en las aulas

En septiembre miles de estudiantes llenan nuevamente los centros escolares en Toronto. Con el entusiasmo del inicio del curso académico, vale preguntarse si están llegando los jóvenes latinos a la universidad, si logran graduarse y, sobre todo, si tras sus años de estudio, logran espacios de influencia económica, política y social en Canadá.

La pregunta adquiere otro matiz si se contextualiza en el área metropolitana de Toronto, donde, según el Censo de 2021, más de 156,000 personas se identificaron como latinoamericanas. Se trata de una comunidad importante dentro del extraordinario mosaico multicultural de la región, pero su peso demográfico no significa per se una representación proporcional en las universidades ni en los principales centros de decisión de la sociedad canadiense.

BRECHAS

Un estudio de Statistics Canada que examinó los resultados educativos de diferentes grupos poblacionales, encontró que los estudiantes latinoamericanos presentaban algunos de los niveles más bajos de graduación secundaria y de ingreso posterior a programas de educación superior.

Entre los varones que formaron parte del análisis, aproximadamente el 81 por ciento terminaba la secundaria a tiempo, frente al 88 por ciento de los estudiantes blancos, el 90 por ciento de los sudasiáticos y chinos y el 93 por ciento de los japoneses.

Entre las mujeres latinoamericanas la tasa alcanzó un índice superior que rondó el 85 por ciento, aunque continuaba entre las más bajas de los grupos estudiados.

La diferencia se hace todavía más evidente cuando se observa el ingreso a programas universitarios conducentes a un título.

Entre los hombres latinoamericanos estudiados, aproximadamente 21 por ciento ingresó a programas de degree, frente al 26 por ciento de los estudiantes blancos, 38 por ciento de los sudasiáticos, 61 por ciento de los chinos y 66 por ciento de los coreanos.

Los resultados de esa investigación muestran que la desigualdad universitaria comienza mucho antes del umbral universitario, durante la escuela secundaria, cuando las calificaciones, la situación económica familiar, las expectativas académicas, el conocimiento del sistema educativo y otros factores empiezan a determinar qué estudiantes llegan finalmente a la educación superior.

La situación se vuelve particularmente significativa cuando se toman como referencia que son los primeros de sus familias en acceder a la educación postsecundaria.

El estudio dado a conocer por Statistics Canada en 2026 encontró que, en términos generales, los estudiantes de primera generación tenían una tasa de graduación de aproximadamente 69 por ciento, comparada con alrededor de 74 por ciento entre quienes tenían padres con educación postsecundaria.

Pero cuando los investigadores analizaron los resultados por grupos poblacionales se percataron de una brecha pronunciada entre los estudiantes latinoamericanos.

En este grupo poblacional, la tasa de graduación alcanzaba alrededor de un 63.5 por ciento. Entre los estudiantes de primera generación, descendía a cerca del 40.3 por ciento.

La diferencia alcanza los 23 puntos porcentuales y Statistics Canada detalló que fue la mayor brecha encontrada entre los grupos incluidos en el estudiado.

El dato merece atención porque muchas familias latinoamericanas que arriban a Canadá consideran la educación de sus hijos como uno de los principales instrumentos de movilidad social aun cuando llegar a la universidad, es apenas la primera parte del camino. Permanecer, financiar los estudios, navegar un sistema desconocido y graduarse puede resultar mucho más complejo.

Universidades diversas, datos incompletos

Toronto cuenta con algunas de las instituciones universitarias más importantes y diversas del país. Si se revisa aparecen datos interesantes que respaldan esa información.

La University of Toronto, por ejemplo, que registró más de 103,000 estudiantes entre pregrado y posgrado durante 2025-2026 y logró una tasa de graduación cercana al 80 por ciento en la cohorte que inició sus estudios en 2018, ha comenzado a desarrollar su Student Equity Census, una herramienta diseñada para conocer mejor la composición de su población estudiantil y detectar barreras sistémicas.

En tanto, la York University, cuenta aproximadamente 55,000 estudiantes y ha construido parte de su identidad institucional alrededor del acceso de estudiantes subrepresentados.

Por su parte, en Toronto Metropolitan University, una encuesta realizada entre estudiantes que se graduaron en 2024 mostró también una enorme diversidad: el 66 por ciento se identificó perteneciente a un grupo racializado, y de ellos, un cinco por ciento seleccionó América Latina como parte de su identidad.

Entre los resultados, apareció otro problema: todavía resulta difícil encontrar estadísticas públicas, comparables y actualizadas de cada universidad de Toronto que permitan conocer con exactitud cuántos estudiantes latinoamericanos ingresan, cuántos abandonan sus estudios y cuántos finalmente se gradúan. Para desarrollar políticas efectivas de inclusión es necesario conocer qué ocurre con ellos después que concluyen su formación.

El desafío de la igualdad

El Higher Education Quality Council of Ontario ha advertido que graduados pertenecientes a grupos históricamente marginados pueden experimentar peores resultados laborales incluso cuando participan en programas destinados a facilitar la transición entre los estudios y el empleo.

Con los jóvenes latinos, esto obliga a cambiar de lente.

La meta cuando de considerar éxito educativo se trata, habría que correrla cinco, diez o veinte años después de obtener el título.

¿Llegan a posiciones ejecutivas? ¿Crean empresas? ¿Acceden a los consejos de administración? ¿Ocupan puestos de dirección en instituciones públicas? ¿Alcanzan peldaños en al Parlamento, Queen’s Park o los gobiernos municipales? ¿Se convierten en profesores, investigadores, jueces, médicos, científicos y líderes empresariales? ¿Por qué debería preocupar esta situación más allá de las propias universidades?

La educación superior continúa siendo uno de los mecanismos fundamentales de movilidad económica y social. Una menor presencia universitaria puede convertirse a posteriori en menor presencia profesional; y una menor presencia en determinadas profesiones puede terminar produciendo una menor participación en los espacios donde se toman decisiones.

La consecuencia económica es relativamente directa: menos posibilidades de acceder a determinadas profesiones y puestos de altos ingresos limitan la acumulación de patrimonio y la movilidad intergeneracional de las familias.

Médicos, profesores, abogados, científicos, periodistas, empresarios y profesionales procedentes de diferentes comunidades aportan experiencias distintas a las instituciones donde trabajan.

En cuanto al terreno político, la representación no depende exclusivamente de poseer un título universitario. Sin embargo, las universidades continúan funcionando como importantes centros de formación profesional, creación de redes, liderazgo estudiantil y construcción de capital social.

Cuando una comunidad tiene dificultades para completar esa trayectoria, puede encontrar también mayores obstáculos para construir las redes profesionales e institucionales que luego facilitan el acceso a posiciones de liderazgo.

Estimular desde edades tempranas la aspiración universitaria, mejorar la orientación académica durante la secundaria, apoyar a los estudiantes de primera generación, ampliar becas y ayudas financieras, fortalecer programas de mentoría y facilitar conexiones entre estudiantes, profesionales y empresas, pudiera considerarse parte del impulso inicial para una comunidad que aumenta su presencia en Toronto y construye aquí su proyecto de vida.

Mary Stuart
+ posts

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí