Despedir el año con alegría, una tarea pendiente para 2021

Ni siquiera la pandemia provocada por la Covid-19 pudo evitar el desborde de alegría en muchos cubanos ante el advenimiento del Año Nuevo 2021, una celebración que esta vez, como valor añadido, incluyó un reiterado y estremecedor reclamo de esperanza, bienestar y salud para todo el mundo.

Quizás esta despedida del año 2020 y el recibimiento del 2021 no fue el escenario adecuado para realizar las tradicionales reuniones familiares a las que están habituados los habitantes de la isla caribeña, un jolgorio donde comida, música y costumbres se amalgaman, y que esta vez estuvo marcada por la presencia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 que ahora mismo ha afectado a más de 85 millones de seres humanos y ha cobrado casi dos millones de vidas alrededor del mundo.

Lo que no tiene discusión es que esa noche del 31 de diciembre, la reunión de la familia cubana es un acto casi obligatorio y de buena suerte. De ahí que la principal provocación sea el cerdo asado, unos ricos y espesos frijoles negros, el arroz blanco desgranado, acompañado de yuca hervida con mojo (una mezcla de aceite o manteca, ajo, y zumo de limón), tostones de plátano verde y variedades de hortalizas que se sirven como ensaladas.

Tampoco puede faltar el abundante ron nacional o la cerveza, ese elixir motivador de improvisados cantores, bailadores incansables y de estruendosas carcajadas que animan la noche vieja.

Pero además de beber, comer, cantar y bailar, la celebración se acompaña de otras tradiciones propias de la isla, y que dan particular lucidez a la parranda familiar.

Despedir el año en Cuba es todo un acontecimiento que se prepara con antelación. No es posible recibir un Año Nuevo en la isla sin tener ropa interior nueva para estrenar –de color rojo o amarillo-, tanto para hombres como mujeres, para quienes se proponen alcanzar o afianzar la felicidad e incrementar la suerte en el amor.

A su vez, los que despiden un año que económicamente no les resultó beneficioso, acostumbran a colocar dinero en sus zapatos, que no se quitarán (aunque moleste) hasta bien avanzada la madrugada del primer día del Año Nuevo.

En cambio, los que sueñan explorar otras tierras más allá de su vecindad, dan la vuelta a la manzana donde está enclavada su casa, cargando una maleta vacía, con la esperanza que eso les traiga la opción de viajar en el futuro más próximo.

También los esperanzados se comen doce uvas –una con cada campanada de medianoche- pidiendo los principales deseos y sueños por cumplir.

Y quizás la más estrepitosa de todas las tradiciones, es reservar una vasija con agua sucia, después de limpiar la casa, que se lanza a la calle para que con el agua se vaya todo lo malo que pudo hacer sufrir en el año que concluye.

En esta despida del 2020, como consecuencia del aislamiento y las medidas de protección contra la Covid-19, pocos pudieron hacer chocar sus copas con champán o con una buena sidra española, pero en sus almas quedó prendida la esperanza que este 2021 devuelva la paz, la salud y el bienestar que merece Cuba y el mundo.

A lo mejor, para el año que viene nos vemos de nuevo aquí, y les cuento.