Bolivia: los “equívocos” de la OEA y el reclamo de renuncia de Luis Almagro

Nunca antes un secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), como ahora le sucede al uruguayo Luis Almagro, ha estado expuesto de una manera tan abrumadora a la crítica, la censura, incluso al reclamo de su inmediata renuncia al cargo que ostenta.

Los argumentos son hartos conocidos: su abierta intromisión en los asuntos internos de Bolivia, y su falso cuestionamiento, a nombre de la OEA, de los comicios presidenciales en esa nación suramericana en octubre de 2019, aliándose a la extrema derecha latinoamericana para propiciar la desestabilización de la sociedad boliviana.

Ahora, las voces de organizaciones, políticos, personalidades, y gobiernos se unen para exigir su renuncia al frente de la OEA, después que quedó al descubierto por utilizar el poder de su cargo al frente de una organización continental, para satisfacer a una minoría que violentó la democracia en Bolivia.

Las acusaciones hechas en octubre de 2019 de “acciones deliberadas que buscaron manipular el resultado de la elección”, de supuesto fraude electoral, y de “posibles adulteraciones o manipulaciones” en 226 actas electorales, fueron los principales argumentos de Almagro para considerar “ilegales” las elecciones en Bolivia, y la posterior renuncia del presidente electo Evo Morales, coincidentemente uno de los líderes suramericanos más críticos con las políticas injerencistas de EEUU.

Pero la victoria electoral del Movimiento al Socialismo (MAS) un año después, demostró que la OEA sólo había sido un instrumento de la ultraderecha para sacar del poder al primer presidente indígena en ese país latinoamericano.

Almagro, la OEA y Estados Unidos

En todo caso, Almagro fue consecuente con el proceder histórico de esta organización creada en 1948, desde siempre bajo la tutela de Estados Unidos, y calificada como un “ministerio de colonias” por el excanciller cubano Raúl Roa.

Los vínculos de la OEA con las democracias latinoamericanas han sido muy cuestionables, sólo hay que mirar las intervenciones militares en Guatemala (1954), Cuba (1961), República Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989), Haití (2004); o los golpes de Estado en Chile (1973), Honduras (2009), los golpes judiciales orquestados en Paraguay (2012), Brasil (2016), o la permanente injerencia en los asuntos internos de Nicaragua, Venezuela y Cuba.

En ninguno de esos casos la OEA se pronunció a favor de esos pueblos agredidos, de esos gobiernos derrocados por la fuerza y la voluntad de Washington.

Esta vez, los pueblos de América Latina alzan sus voces contra Almagro, en la voz del presidente electo de Bolivia, Luis Arce, del expresidente boliviano Evo Morales, del Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, del expresidente ecuatoriano Rafael Correa, del Capítulo Uruguay en Defensa de la Humanidad, el Grupo de Puebla y el gobierno de México, entre otros, pidiendo la renuncia de Almagro al frente de la secretaria general de la OEA.

Los viejos tiempos de Luis Almagro junto al Frente Amplio de Uruguay pasaron al olvido, organización que lo expulsó de sus filas después que el antiguo canciller del gobierno de José Mujica apoyó públicamente una intervención armada de EEUU en Venezuela.