Las dos caras de Donald Trump respecto a Cuba, entre mentiras, traiciones y amenazas

La Habana.- Recientes revelaciones hechas por el diario estadounidense El Nuevo Herald, del sur de Florida, ponen en entredicho la credibilidad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respecto a sus políticas agresivas contra Cuba, y reviven el viejo refrán que asegura que “detrás de un extremista, siempre se oculta un oportunista”.

Nuevas evidencias apuntan a que Trump, mientras se comprometía con los exiliados cubanos de Miami, no dudaba intentar abrir nuevos horizontes de negocios…… en Cuba.

Hoteles, campos de golf, inversión en bienes raíces, casinos de juego estaban en las propuestas del actual presidente de EEUU, cuando decidió acuñar su marca comercial en el Registro de la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial.

La solicitud de inscripción, hecha en el año 2009, revela que la marca Trump buscaba establecerse en la isla en negocios de bienes inmuebles, concursos de belleza, montaje de programas de televisión y otros servicios, apunta El Nuevo Herald.

Esta operación de Trump lo llevó a incumplir la promesa que le hizo, en noviembre de 1999, a la Fundación Nacional Cubano-Americana (representante del ala más radical del exilio isleño en EEUU contra el gobierno de su país) cuando se comprometió a no hacer negocios en Cuba. Diez años después, esa promesa política, era letra muerta.

Un año antes, en 1998, la empresa Trump Hotels & Casino Resorts pagó a una consultora alrededor de 68,000 dólares por un viaje de negocios a Cuba en su nombre, en una probable violación del bloqueo económico estadounidense a la isla, destaca El Nuevo Herald citando un artículo de la revista neoyorquina Newsweek publicado en septiembre de 2016.

También trascendió que en 2013, mientras Trump seguía prometiendo a los cubanoamericanos que “lucharía” por derrocar a Fidel Castro (1926-2016) si apoyaban su candidatura presidencial, ejecutivos de sus empresas visitaron Cuba con la intención de invertir en un campo de golf al este de La Habana, en un área conocida como Bello Monte, según Bloomberg Businessweek.

La otra cara de Donald Trump

Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, en enero de 2017, las políticas de acercamiento a Cuba emprendidas durante la administración de Barack Obama (2009-2017) fueron hechas trizas, y el magnate inmobiliario convertido en presidente se propuso estrangular aún más a la maltrecha economía cubana, como supuesto recurso para derrocar al gobierno de la isla.

Trump canceló los viajes turísticos a Cuba que se habían autorizado durante el mandato de Obama, prohibió la entrada de cruceros, yates de recreo y aviones privados a la isla, y desató toda una feroz cacería contra las operaciones bancarias que La Habana podía realizar, multando a bancos extranjeros con la intención que dejaran desamparadas las finanzas cubanas.

A su vez, recrudeció la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, impuesto por Washington desde 1962, cerró el consulado estadounidense en La Habana, limitó la emigración desde la isla a EEUU, y ha orquestado una campaña desmoralizadora contra los servicios médicos cubanos alrededor del mundo, una de las principales fuentes de ingreso que tiene la isla en estos tiempos de crisis económica.

En una primera mirada, cualquiera de estas medidas adoptadas por Trump contra Cuba cuenta con el apoyo de una parte considerable –pero no mayoritaria- de la emigración cubana en EEUU, principalmente en la sureña ciudad de Miami, bastión de los grupos y organizaciones anticastristas, que por casi seis décadas han soñado infructuosamente que Washington derroque a la Revolución Cubana y les devuelva su viejo estatus pre-revolucionario.

Pero como Trump es un tipo impredecible, para él y su relación con los emigrados cubanos en EEUU se aplica otro viejo refrán que dice: “Haz lo que yo digo, y no lo que yo hago”.