Las palabras “perversas” para asustar a los votantes en EEUU: socialismo y comunismo

Acusar de socialistas o comunistas a los aspirantes presidenciales demócratas Joe Biden y Kamala Harris, en Estados Unidos, es casi lo mismo que decir que las playas de Alaska son cálidas o que al Himalaya se asciende en tres horas, pero a pesar de esa convicción, las huestes republicanas no paran de repetir una y mil veces la misma acusación.

Sin duda, estas palabras surten su efecto en un determinado sector de votantes, principalmente en algunos emigrados latinos naturalizados en EEUU, exiliados de Centro, Suramérica y el Caribe, de países del antiguo bloque socialista de Europa Oriental, y en las filas más radicales de la ultraderecha conservadora estadounidense, que de sólo escucharlas blande espadas y levanta escudos contra un adversario izquierdista que prácticamente no existe.

En opinión del académico y politólogo cubano Jesús Arboleya, la mayoría de las personas en Estados Unidos no reconocen la existencia de una izquierda organizada, y a pesar de su presencia en esa nación desde mediados del siglo XIX, han tenido poco éxito en alterar el balance político norteamericano.

La izquierda, los socialistas e incluso los comunistas en Estados Unidos, según Arboleya, han estado presentes en los procesos más relevantes de la historia norteamericana, en particular durante el movimiento por los derechos civiles, la guerra contra la pobreza, la rebelión armada de grupos como los Panteras Negras y el rechazo a la guerra en Vietnam, entre otros significativos acontecimientos.

También se hacen sentir en la defensa del medioambiente, contra las guerras de Iraq y Afganistán, en el movimiento Ocupa Wall Street, la crítica al neoliberalismo y la reducción de los márgenes de desigualdad, así como en el movimiento a favor del control de las armas, por el respeto a las mujeres, contra el abuso policial hacia las minorías y el maltrato a los inmigrantes, subraya el investigador cubano.

Pero, que de ahí a buscar romper las raíces del “establishment” y poner en peligro al “american way of life”, queda mucha distancia por recorrer. Ni siquiera en los peores momentos del macarthismo (1950-1956), cuando muchos inocentes fueron víctimas de una cruzada ideológica que terminó convirtiéndose en una inquisición política, la seguridad nacional de EEUU estuvo en peligro.

Cubanos y venezolanos en EEUU a favor de Donald Trump

Uno de los casos más significativos en el tema se ve en las comunidades de exiliados cubanos y venezolanos en el sur de Florida, principalmente en la ciudad de Miami, bastión natural de los emigrados cubanos desde principio de la década de 1960, y de los venezolanos a partir de la década de 1990.

Las palabras comunismo y socialismo, dirigidas como acusación al Partido Demócrata en esta zona del sur estadounidense, adquieren en estos grupos de migrantes caribeños una mayor connotación política, pues en ellas se reflejan las frustraciones que arrastran de sus países de origen.

“Si los demócratas ganan las elecciones del 3 de noviembre convertirán a EEUU en una nueva Cuba, en una Venezuela”, escribió hace unos días en su muro de la red social de Facebook un emigrante cubano residente en Miami. “Quieren imponer el comunismo, la libreta de racionamiento y el adoctrinamiento marxista”, agregó iracundo en su texto contra los demócratas Biden y Harris, acompañado de una foto del presidente Trump.

A pesar de la inconsistencia del comentario, éste tiene otra connotación que justifica ese radicalismo en tiempo de elecciones presidenciales: la continua espera de un sector recalcitrante de la emigración cubana -por más de 60 años- y de la venezolana, de que un gobierno de EEUU “solucione” la situación política en sus naciones, que obligó a sus oponentes a refugiarse en el sur de Florida.

Lo que sí está claro es que no será el socialismo o el comunismo quien le cobre a Trump sus cuentas pendientes en las urnas. Su mala política para enfrentar una pandemia que ha matado a más de 200,000 estadounidenses, sus guerras económicas contra el mundo, su egoísmo y sus inconsistencias, serán sus principales oponentes el próximo 3 de noviembre.