COVID-19: una pandemia politizada en Estados Unidos

La politización en Estados Unidos de la pandemia provocada por la enfermedad COVID-19 ha generado grandes brechas en esa nación de 328 millones de habitantes, y donde hasta el momento se han contagiado más de ocho millones de personas y más de 220 mil seres humanos han perdido la vida a consecuencia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

Por un lado, la comunidad científica estadounidense haciendo constantes llamados a adoptar medidas de prevención que incluyen el uso de mascarillas para evitar se mantenga la cadena de contagios y, por otro, el presidente Donald Trump que insta a desprotegerse y alienta a sus seguidores a defender “sus libertades” ante el llamado de los sanitarios.

El límite del enfrentamiento entre el gobernante y los científicos llegó a su clímax cuando Trump calificó de idiota al doctor Anthony Fauci, director del prestigioso Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés), y amenazó con despedir al experto epidemiólogo, cada vez más crítico con la conducta del gobierno ante la pandemia.

“La gente está cansada de la COVID. La gente está cansada de escuchar al doctor Fauci y todos esos idiotas que no acertaron en su diagnóstico de la pandemia; Fauci es un desastre, si le hubiera escuchado tendríamos medio millón de muertos”, comentó el mandatario estadounidense hace unos días.

Por su parte, más de un millar de personalidades vinculadas a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) criticaron en duros términos la gestión de la Casa Blanca en su respuesta a la pandemia del COVID-19, en una carta pública que está firmada entre otros, por Jeffrey Koplan, exdirector de los CDC entre 1998 y 2002; y Tom Frieden, también a cargo de los CDC del 2009 al 2017.

El documento rubricado por los científicos estadounidenses critica la peligrosa ausencia de liderazgo nacional sin precedentes, sin tener en cuenta que en Estados Unidos la pandemia se sustenta en cadenas mortales de transmisión que atraviesan todo el país.

También censuraron la decisión gubernamental de dar “libertades” a los estados de la Unión para que crearan sus propios sistemas de diagnóstico y notificación de casos de una enfermedad altamente contagiosa.

El uso de las mascarillas, por ejemplo, ha sido uno de los elementos en disputa con una fuerte carga política en los últimos meses en Estados Unidos y, según encuestas, los seguidores demócratas (63%) son más afines al uso de este medio de protección que los simpatizantes republicanos (29%).

En estados como en Nevada, Utah, Wisconsin, Washington y Florida, los republicanos afines a Trump han llegado a organizar manifestaciones públicas en contra del uso obligatorio de las mascarillas, calificando esta medida de protección ineficaz porque alegan que “El COVID es un engaño”, uno de sus principales slogans.

Tanto Donald Trump como su oponente demócrata Joe Biden, gane quien gane el próximo 3 de noviembre, tendrán una ardua tarea para frenar la pandemia en Estados Unidos, que hasta el momento no parece tener fin, y sigue poniendo en riesgo la vida de los estadounidenses, sea cual sea la bandera política que aplauda.