Un poeta llega a los cines canadienses el 6 de febrero

Entrevista al cineasta colombiano Simón Mesa Soto

   Oscar Restrepo (Ubeimar Ríos) es un poeta, un antihéroe que alguna vez fue una joven promesa tras ganar el Premio Nacional de Poesía con su primer libro. Hoy es un cincuentón divorciado que vive con su madre, tiene una hija adolescente a la que casi no ve y está desempleado por voluntad propia. Oscar encarna con pasión el rol del poeta sufriente: se siente incomprendido y ahoga sus penas y su frustración en el alcohol.

   Intenta emular a su admirado José Asunción Silva, figura central de la poesía moderna en Colombia, cuya vida estuvo marcada por la tragedia, y su familia ya no sabe qué hacer con él. A regañadientes acepta un trabajo como profesor en un colegio secundario para intentar acercarse a Daniela (Alisson Correa), su hija, que necesita dinero para afrontar los gastos de la universidad. Pero, de manera inesperada, en esa clase a la que llega sin motivación y con algunos tragos de más, encuentra una posibilidad de redención al descubrir el talento oculto de Yurlady (Rebeca Andrade), una estudiante de origen humilde que llena su cuaderno de poemas con una sensibilidad poco común.

   Un poeta, que se estrenó en el Festival de Cannes, donde fue premiada, y luego formó parte de la selección oficial del Toronto International Film Festival, es una comedia dramática que aborda el universo del arte, los festivales, los concursos y los mecanismos de validación cultural. Con humor, pero también con mirada crítica, reflexiona sobre el rol de las instituciones -en particular las europeas- que financian el arte y moldean el discurso cultural en América Latina.

   “La película ha tenido un recorrido muy bello, pero lo más bello es que en este momento está en salas de cine en Colombia. Fue pensada para conectar con la audiencia y no quedarse en el nicho de los festivales o de la cinefilia”, cuenta Mesa Soto a Correo Canadiense con motivo de su visita a Toronto en septiembre.

“Lo que está generando es muy sorprendente: la gente en Colombia dice que es una película muy colombiana, se conmueve mucho, se ve reflejada en sus personajes. Uno puede imaginar el mejor escenario, pero que conectara tanto con la audiencia en Colombia es algo que me tiene supremamente emocionado”, confiesa el cineasta.

—¿Cómo surge Un poeta? ¿Qué fue lo primero que imaginaste y cómo evolucionó hasta su versión final?

—La primera imagen que tuve de la película fue incluso mucho antes de escribirla, y fue el universo de la poesía, de los poetas, el realismo de los poetas en mi ciudad. Sabía que me interesaban esos espacios y esos personajes mucho antes de saber cuál era la historia. Cuando hice mi primera película, Amparo (esta es mi segunda), pasé por un momento de frustración, de crisis con el cine, pensando en renunciar, y empecé a imaginar quién sería yo si lo hiciera. De alguna manera, en mi cabeza se conectaron esas dos cosas, y pensé que era mejor hacerlo sobre un poeta más que sobre un cineasta. El cineasta me parecía más snob, por así decirlo. En cambio, el poeta es más realista, más crudo. Yo conocí a esas personas en Medellín.

—¿Cómo hallaste y elegiste a Ubeimar Ríos, el actor que interpreta el papel principal, y a las jóvenes actrices que interpretan a Yurlady y a Daniela? Las actuaciones son notables. ¿Cómo fue el trabajo con ellos?

—Fue un proceso de casting bastante largo. Quise empezar mucho antes del rodaje, incluso durante la financiación del proyecto. Yo seguía escribiendo, pero junto con el equipo de casting iniciamos la búsqueda con mucha antelación. Hicieron un trabajo muy extenso en colegios de Medellín y, de un proceso de más de mil chicas, surgieron Yurlady y Daniela.

En el caso del poeta, Ubeimar llegó muy temprano. Yo estaba buscando actores profesionales, porque no había trabajado mucho con ellos, algo muy habitual en el cine colombiano, donde predominan los no actores y el realismo social. Quería romper con todo lo que había hecho antes. Pero también entendí que no se trata de dividir entre actores formados o no, sino de quién es el actor adecuado para un personaje determinado.

Ubeimar es familiar de un amigo. Al principio lo veía más como uno de esos poetas del universo de la poesía, no como el protagonista. Pero a medida que avanzaban las pruebas, me fue llevando a entender que él era el poeta. No lo concebía así al comienzo: lo imaginaba menos cómico, menos particular, menos estridente. Él llegó como un ventarrón, arrasó con la película y la transformó. Cuando decidí que fuera él, le entregué el personaje. Fue un riesgo muy grande para mí, pero es una decisión que me encanta haber tomado y creo que le dio mucha empatía al personaje.

—En un momento le piden a Yurlady que, para tener más chances en un concurso, escriba un poema sobre su origen, su color de piel o su situación social. ¿Cómo ves hoy esa tensión entre la libertad creativa y las expectativas del mundo del arte, los concursos y los festivales?

—Claro. Es la realidad del arte latinoamericano y del cine latinoamericano, y está bien. Yo creo que uno puede hacer la película que quiera; el cine es libertad, pero libertad real, no por imposición. Con Un poeta quería sacudir un poco todo eso y mostrar que estamos intentando buscar una identidad propia, no solo hacer lo que esperan ver de nosotros. Que pueden existir muchas más historias, no solo la historia que nos dicen que tenemos que contar, o el poema que tenemos que escribir, o la canción o la novela. A veces, por seguir ciertas líneas, uno pierde su propia voz.

—La música tiene un papel muy particular en la película y, por momentos, resulta casi disruptiva. ¿Cómo la pensaste y cómo fue el proceso de elección?

—La música tiene mucho que ver con el montaje, que estaba muy definido desde la concepción de la película. Sabíamos que iba a ser brusco, caótico, en contraposición a todo lo que había hecho antes. Quería buscar algo que no conocía, una película que no existía para mí.

La música fue algo muy mágico y también parte de la libertad del proyecto. No temí experimentar hasta el final. Tenemos una coproducción con Suecia y desde hace varias películas trabajo con productores suecos. Allí conocimos a Matti Bye, pianista y compositor de cine, y al trío de vientos Ramberget. Son músicos increíbles. Les di algunas aproximaciones de lo que buscaba, pero creo que no me hicieron mucho caso.

Nos enviaban música mientras estábamos rodando, porque recibían el material que filmábamos y se sentaban los cuatro frente a la pantalla a jugar. Eso fue parte del proceso libre de la película. Cuando llegamos al montaje, trabajar con esas piezas fue muy fácil: se adaptaron perfectamente. También están las músicas que funcionan como apoyo, como la canción de Jeanette, Corazón de poeta, que nos costó mucho adquirir, pero que le dio una magia muy especial al final de la película.

Vanesa Berenstein
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Encargada de Programación del Festival de Cine Latinoamericano de Toronto (LATAFF)

Investigadora en MAP Centre for Urban Health Solutions, St. Michael's Hospital, Unity Health Toronto

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