Entrevista a la documentalista Rosana Matecki

La cineasta venezolana-canadiense Rosana Matecki, radicada en Montreal y con una trayectoria marcada por viajes e historias de distintos rincones del mundo, llegó a Toronto donde conversó con Correo para el estreno mundial de su documental Casas Muertas en el marco del festival Hot Docs, celebrado en abril. Esta presentación marcó el inicio del recorrido internacional de la película, que continuará en los prestigiosos Festival del Cine Venezolano y Sheffield DocFest, en Inglaterra.

Casas Muertas es un ensayo cinematográfico, una obra poética y coral que busca dar forma al dolor colectivo por la crisis profunda de un país que alguna vez fue próspero, respetuoso de los derechos humanos y profundamente solidario. Venezuela fue durante décadas refugio para decenas de miles de latinoamericanos que huían de las dictaduras que asolaban la región. Hoy, en un giro desgarrador, se ha convertido en un país expulsor, marcado por el éxodo masivo de su propia población. El documental transmite esta transformación con una sensibilidad conmovedora. A través de las voces de cinco personas muy diferentes, el film narra con gran belleza visual y profundidad sus emociones, historias, experiencias y miradas sobre el futuro. La película teje así un retrato íntimo y diverso de la permanencia, del arraigo y de la resistencia en medio del colapso.

Rosana Matecki nació en la Isla de Margarita y desde hace treinta años reside en Canadá, aunque siempre mantuvo un vínculo constante con Venezuela. Su formación cinematográfica se consolidó en tierras canadienses, experiencia que valora profundamente. Sin embargo, su emoción y su impulso creativo siguen ligados a su país de origen. Es periodista de formación y también estudió letras y filosofía en Caracas. Durante su paso por la Oficina Nacional de Cine (NFB/ONF), tuvo una experiencia clave de aprendizaje, donde realizó el cortometraje Saturday Night (2021), estrenado en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF). También estudió en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba, y trabajó con National Geographic. Su documental Historia de un día (2009), realizado en Venezuela y presentado en IDFA, Holanda, con recorrido por cerca de 70 festivales, es, según ella, la obra que marca el comienzo de su camino como cineasta, y una referencia clave para pensar Casas Muertas.

Era el año 1996 o 1998, Matecki no lo recuerda con certeza, cuando vio un reportaje que le impactó profundamente sobre la inundación del pueblo de Potosí en Venezuela que había sido cubierto por el agua como consecuencia del fenómeno de El Niño. Durante una sequía, el agua retrocedió y aparecieron los restos del pueblo. La iglesia había estado sumergida; solo la cruz asomaba ligeramente, al estar elevada para evitar que las lanchas chocaran. Esa imagen se le quedó grabada. No sabía aún qué historia quería contar, pero esa visión, dice la cineasta, “me llegó a la emoción de lo que yo necesitaba expresar. No sabía por dónde, pero sabía que allí me quedaba.”

–¿Dirías que esa entrevista fue un punto de inflexión, el momento en que todo lo que venías pensando sobre la película tomó forma y te hizo decir: “es por acá”?

–Sobre todo la imagen de la aparición de las ruinas del pueblo. Que, aunque nos quieran destruir, eso está allí y puede florecer de nuevo. Dije: “yo necesito hacer una película sobre Venezuela y sobre mi dolor”. Para mí es muy inquietante que nosotros, los venezolanos, nos abrazamos con mucho dolor o nos vemos. Hay algo que sabemos nosotros que nos está pasando: esa pérdida de ese país. Tenemos que ayudarnos a enterrar esto, a entender. Yo decía: “yo necesito hablar sobre algo que trascienda lo político, necesito hacer una película donde la idea sea más poderosa que el mismo hecho cinematográfico”.

–El título de la película remite a la novela Casas muertas, de Miguel Otero Silva, publicada en 1955. Para quienes no conocemos al autor, ¿podrías contarnos brevemente quién fue y si ese libro marcó la literatura venezolana?

–Es una base de la literatura venezolana… como Doña Bárbara… Para el venezolano, el ser valiente es una actitud valiosa, es como una marca importante. Las mujeres venezolanas son muy valientes. Somos hechas pa’lante. Y Casas muertas es una novela que escribió Miguel Otero Silva. Uno de los productores ejecutivos es su hijo, y me donó el nombre. Él decía: “¿Vas a hacer un remix?” Le dije: “No, yo lo que quiero es que, a través de esa novela, cómo es posible entender… más que entender, plantear la pregunta o tirar la pregunta dolorosa: ¿qué fue lo que nos pasó de nuevo?” Si en el año 57 había este país de llagas con otros bárbaros… Por eso yo esbozo un poco ciertas ideas: el país tropical donde está la riqueza fácil. Y esta gente se puede apoderar de todo eso, porque ahí está el país verde, y son las riquezas, una de las reservas más grandes del mundo de petróleo, fósiles por todos lados. En el liceo es una de las novelas básicas para nosotros de primero y segundo año de bachillerato. Él narraba el país de las llagas, de la explotación, de un pueblo que se llama Ortiz.

Y cuando yo me encuentro con él y le digo: “Miguel, esto es un documental, pero quiero que me des el título.” Me dice: “Lo tienes. No hay problema.” Y después que vio la película me dijo: “Mi papá hubiese estado feliz de ver esta película.”

Yo creo que hemos tenido mucha suerte. Y en el momento de las protestas la gente metía muchas frases de la novela en redes sociales. La gente decía: “Lo que pasó en el 57 es lo que está pasando ahorita.” Entonces hay un eco allí.

*Vanesa Berenstein es encargada de programación del Festival de Cine Latinoamericano de Toronto (LATAFF) y curadora del área de cine de Inspirad@s.

Vanesa Berenstein
+ posts

Encargada de Programación del Festival de Cine Latinoamericano de Toronto (LATAFF)

Investigadora en MAP Centre for Urban Health Solutions, St. Michael's Hospital, Unity Health Toronto