The Delivery Line también ayuda a nacer

Entrevista a Nance Ackerman y Ximena García

Cada año, el festival de documentales Hot Docs convoca a cineastas de todo el mundo que confluyen en Toronto cargados de historias, dispuestos a compartirlas y abrirnos la puerta a otras vidas, otros territorios, otras formas de estar en el mundo.

Correo tuvo la oportunidad de conversar con Nance Ackerman, directora de The Delivery Line, y Ximena Rojas-García, una de sus protagonistas. El film sigue a cinco parteras que atienden a mujeres en situación de vulnerabilidad, en contextos donde el acceso a la salud es insuficiente: Ximena en campamentos de refugiados en la frontera entre México y Estados Unidos; Hamsatu en Borno, Nigeria, región devastada por el conflicto bélico y el cambio climático; María en un barrio de Colombia acosado por la violencia de pandillas; Jay en Toronto, acompañando a mujeres en situación de calle con problemas de adicciones; y Gulbadan, joven partera en comunidades remotas de Afganistán. Geografías distantes, culturas diversas, contextos que a primera vista poco tienen en común. Sin embargo, un mismo hilo atraviesa todas esas historias: la maternidad y el milagro del nacimiento. De esto hablamos con Nance y Ximena el día del estreno en Hot Docs.

Nance Ackerman llegó al cine desde el fotoperiodismo. Durante años cubrió zonas de conflicto y temas sociales para el Globe and Mail, hasta que sintió que ese formato no le alcanzaba para contar lo que veía. Necesitaba más tiempo, más profundidad, más cercanía con sus protagonistas. Ese camino la llevó primero a proyectos más profundos, un libro sobre mujeres indígenas, ensayos fotográficos, y finalmente a la dirección cinematográfica. Tiene ascendencia mohawk, y esa identidad ha marcado su mirada sobre las comunidades marginadas y las mujeres invisibilizadas.

Ximena Rojas-García es partera mexicana y una de las protagonistas del film. Su vocación nació de una experiencia propia: un parto en el que sufrió violencia obstétrica a los 17 años, que la llevó a reconectarse con los saberes ancestrales de sus abuelas. Estudió partería universitaria en la UNAM y partería tradicional con maestras en la sierra de Puebla. Hace diez años comenzó a atender mujeres migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos desde el asiento trasero de su auto, que se convirtió en clínica móvil. Hoy cuenta con dos casas de nacimiento, una en Tijuana y otra en Ensenada, y sueña con extender una red de atención desde la Patagonia hasta el norte de Canadá.

 ¿Cuál es el origen del film y por qué es importante contar esta historia?

Nance Ackerman: Siempre quise hacer algo sobre parteras y partería. Tuve a mis dos hijos en casa con parteras. Con uno, entré en trabajo de parto prematuro y ellas básicamente salvaron al bebé. Tiempo después estaba en una misión en Afganistán con Ariel Nasser, un cineasta afgano, y juntos conocimos a una partera de 20 años. Los dos quedamos impactados por el poder que irradiaba y la inspiración que representaba. Nos dijimos: tenemos que hacer una película sobre esto. Así decidimos hacer un film sobre la partería en Afganistán, porque la salud materna en el mundo está en crisis y no hay suficientes parteras para salvar vidas. Una mujer muere cada dos minutos durante el parto. Y en Afganistán, una de cada catorce mujeres muere dando a luz. Sentimos que ahí había una historia, que ahí había una película

¿Por qué elegiste esas comunidades? ¿Cuál es el hilo conductor entre estos mundos tan distintos?

N.A.: En el film se ve que en cierta forma todas hacen lo mismo: Van a los controles prenatales, escuchan al bebé, palpan al bebé. La conexión es que no importa dónde estés, ni cuánto conflicto o cuánta tragedia te rodee, el hambre, la migración, los bebés nacen y las madres necesitan ser acompañadas. Ese es el hilo común. Elegimos esas locaciones porque yo venía del fotoperiodismo, cubriendo todos estos temas. Pero el mundo los ve a través de una mirada muy masculina: cuántos soldados, cuántas bombas, cuántos objetivos, cuántos barcos… Así es como se muestra el conflicto, en lugar de explorar cómo todo eso afecta a las mujeres y los niños en esos lugares. Entonces elegimos en función de los grandes temas de la época: la migración, la guerra del narcotráfico y las pandillas, la guerra convencional, el Talibán, la opresión, las dificultades de vivir en lugares tan remotos y pobres que no tienen electricidad gran parte del tiempo. La adicción a las drogas, la falta de vivienda, el cambio climático, el terrorismo, todas esas cosas ante las que terminamos desconectándonos por el ruido mediático. Sentí que si podíamos contar estas historias con ese pequeño destello de esperanza que trae el nacimiento de un bebé, sería una manera diferente de acercarse a ellas. Algo que quizás le quedara a la gente y la ayudara a entender.

Ximena, en el film se ve cómo viajas desde Tijuana hacia el sur llevando materiales. ¿Existe una red de parteras que sostiene ese intercambio?

Ximena Rojas-García: Tenemos una red de parteras que han venido a ser voluntarias, que han estado rotando en Tijuana y que regresan después a su hogar en diferentes partes de México y siguen nutriendo esta labor. Se enamoran del trabajo con la comunidad migrante, entonces por eso es que les envío apoyos, vitaminas, diferentes materiales para que ellas puedan seguir yendo a distintos puntos de la ruta migratoria. Y también tenemos contactos de parteras del otro lado de la frontera, en Guatemala, y amigas que están trabajando en Colombia, en El Salvador, en Honduras. Quisiéramos fortalecer esa red de parteras que servimos a la comunidad migrante.

¿Por qué es tan importante este trabajo?

X.R.G.: Este trabajo es muy importante para poder crear acceso a la salud sexual y reproductiva para todas las personas, sobre todo las que están en un contexto de vulnerabilidad o movilidad, por la migración, por ser deportadas, por violencias o desastres naturales. La sexualidad es algo que viaja con nosotras, aun cuando estemos en una situación de violencia o de un desastre natural. Nuestra fertilidad y nuestros ciclos menstruales siguen, y si estamos gestando, necesitamos cuidado prenatal. Por eso es tan importante que las parteras sigamos siendo proveedoras de salud al frente de estas comunidades vulnerables, que además atraviesan situaciones de trauma. Las parteras nos hemos formado en ese acompañamiento y hacemos este cuidado respetuoso.

Me gustaría pedirte una reflexión sobre algo que dice Jay, la partera de Toronto, sobre la importancia para esas mujeres de “ser vistas”, y sobre lo que siente que les puede dar a las mujeres con las que trabaja.

N.A.: Con Jay, algo que ella repite mucho es que esas mujeres se sienten vistas, y que Jay las ayuda y las empodera. Pero ella misma dice todo el tiempo que en realidad es ella la que está siendo transformada, que es Jay quien aprende, crece y se convierte en una mejor persona a través de su trabajo como partera. Y creo que hacer esta película tuvo el mismo efecto en mí. Creo que me volví más sensible, porque yo era una periodista bastante curtida. Pocas cosas me afectaban.

Vanesa Berenstein
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Encargada de Programación del Festival de Cine Latinoamericano de Toronto (LATAFF)

Investigadora en MAP Centre for Urban Health Solutions, St. Michael's Hospital, Unity Health Toronto