Hay que aprender a navegar sobre los cambios migratorios

Durante los últimos meses hemos visto lo que parecería ser una serie de mensajes contradictorios en los temas migratorios canadienses. Pero realmente no es que no haya coherencia en lo que está sucediendo con el Departamento de Inmigración, sus políticas y sus cambios, sino que lo que pasa es que la opinión de distintos grupos es totalmente contradictoria entre sí. Interesantemente, algunos elementos políticos se están aprovechando de que el apoyo público hacia la inmigración está muy bajo en relación con otras épocas.

Es lamentable que, por razones políticas, estos grupos estén utilizando a la inmigración y a los inmigrantes como chivos expiatorios de los problemas que hay en el país. Y esto lo hemos estado viendo por lo menos desde el año pasado, cuando se empezó a acusar a los estudiantes internacionales y a los trabajadores temporales de ser los culpables de los problemas de vivienda que existen actualmente.

Pero es interesante notar que, por ejemplo, en Ontario hay una construcción de condominios demasiado elevada, lo cual ha generado que miles de unidades estén vacías porque no se pueden rentar. Y esto no tiene nada que ver con el hecho de que haya falta de vivienda, sino con que los precios son extremadamente inaccesibles.

Hay que reconocer que el gobierno liberal del ex primer ministro Justin Trudeau, durante la pandemia, se excedió en el número de inmigrantes que llegaron al país, y que entraron personas sin control. Pero tal y como señala el periódico The Globe and Mail esta semana, la población canadiense ha dejado de crecer.

No obstante, el gobierno liberal de Mark Carney puso freno a la entrada de inmigrantes. El Departamento de Inmigración, a mediados de agosto del año pasado, publicó el plan para 2025 y 2026. Las prioridades estratégicas son mejorar los servicios y la eficiencia de la atención al cliente, pero también continúan enfocándose en la reducción del número de inmigrantes que llegan al país. Y como lo estamos viendo, el número se ha reducido significativamente. Y no estamos hablando solamente de los residentes permanentes, sino también de los temporales.

En el último mes vimos cómo el gobierno está reduciendo, por ejemplo, el número de estudiantes internacionales. Y no solamente en términos de cuántas solicitudes se van a aceptar anualmente, sino también en el número de rechazos, que ya alcanza el 65%.

Dependiendo de en qué provincia o en qué zona de Canadá uno lea sobre inmigración, el discurso varía. Por ejemplo, el gobierno de Alberta está llevando a cabo consultas en la provincia con el mensaje de que tienen que bajar el número de inmigrantes. Lamentablemente, esta campaña en Alberta, y la que parece tener también el líder de la oposición a nivel federal, Pierre Poilievre, crean una atmósfera antiinmigrante y fomentan aún más esos sentimientos. Alberta y Poilievre quieren menos personas, a pesar de que ya hay muchísimos menos inmigrantes llegando al país.

Si nos vamos a la provincia de Saskatchewan, el NDP está muy preocupado porque la población ha dejado de crecer, y se estima que la provincia enfrentará muchos problemas económicos por la falta de fuerza laboral.

En la costa atlántica vemos el mismo problema. La cámara de comercio de las provincias del Atlántico está en contra de la reducción de inmigrantes y trabajadores temporales, y considera que esto ya afecta y seguirá afectando negativamente el crecimiento poblacional, generando un déficit de fuerza laboral que impactará la economía de la región.

El gobierno federal, sin embargo, ha adoptado medidas estándar para todo el país, sin prestar atención a las necesidades específicas de cada región, lo cual constituye un problema.

En cuanto a los trabajadores temporales, Poilievre repitió esta semana, como ya lo había dicho antes, que hay que cortar su llegada, específicamente de aquellos que vienen bajo el programa Labour Market Impact Assessment (LMIA). Según él, estos trabajadores les quitan empleo a los jóvenes canadienses y residentes permanentes, quienes no pueden empezar a acumular experiencia laboral.

Este programa ha cambiado radicalmente desde el año pasado. De hecho, esta semana se introdujo otra modificación que reduce drásticamente el número de compañías que pueden traer trabajadores temporales. Ahora, el Departamento de Empleos puede decidir automáticamente, sin darle oportunidad al empleador de argumentar, que ya hay suficientes currículums locales para un trabajo específico y que debe contratar a alguien del país.

Pero cualquier persona que publica un aviso para contratar sabe que puede recibir 100 solicitudes y que, de esas 100, ninguna cumpla realmente con los requisitos del puesto.

Otro punto importante respecto a los comentarios de Poilievre es que estos permisos se dan únicamente cuando no se consigue a una persona dentro de Canadá que pueda hacer el trabajo, ya sea ciudadano o residente permanente, y la oferta se debe publicar a nivel nacional.

Ahora bien, si miramos a los jóvenes canadienses, debemos reconocer que la mayoría de los permisos solicitados bajo LMIA son para trabajadores calificados, con estudios y experiencia en áreas específicas que los jóvenes aún no tienen. Por lo tanto, si no traemos a esos trabajadores extranjeros, las industrias sufrirán, porque los jóvenes no podrán cubrir esas vacantes.

Un área donde sí llegan muchos trabajadores temporales, que no requieren estudios ni experiencia, es la agrícola. Pero aquí hay que notar que los jóvenes canadienses y residentes permanentes no quieren tomar esos trabajos, porque pagan el salario mínimo y son muy duros. Los granjeros no tienen otra opción que depender de trabajadores agrícolas extranjeros.

Otra cosa que salió a la luz con el plan 2025-2026 es que el gobierno ampliará las categorías para residencia permanente, enfocándose en sectores con escasez de mano de obra. Por eso, el consejo para quienes buscan la residencia es que se enfoquen en esas categorías en gran demanda.

Por ejemplo, si alguien tiene experiencia en el área de salud, puede empezar trabajando en otro empleo temporal, como en una cafetería, mientras aprovecha los tres años de permiso posgraduado para encontrar un puesto dentro de las categorías invitadas a aplicar. Lo importante es no estancarse en empleos sin posibilidades, porque de lo contrario, al terminar el permiso, tendrán que regresar a su país de origen.

Vilma Filici
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Consultora de Inmigración certificada