Crónica de una violencia desatada

Los asaltos con armas de fuego en escuelas se están haciendo cada vez más frecuentes. Jóvenes con problemas de diferente índole, toman las armas para saciar sus necesidades de justicia (dicen algunos de los pocos asaltantes que han sobrevivido a su obra). El camino de esa justicia es la forma más injusta de cómo niños y adolescentes, así como maestros y personal de las instituciones escolares, quedan en medio de esta batalla unilateral. Un hecho reciente es la masacre de 19 pequeños de entre 9 y 10 años en la ciudad de Uvalde, Texas y dos educadores que perdieron su vida porque un joven (aún se desconocen las causas) decidió abrir fuego contra estos chicos que estaban, según creemos, seguros dentro de su salón de clases. La acción no fue de sorpresa, el joven lo había anunciado en sus redes sociales, había compartido con sus seguidores lo que pensaba hacer. Uno de los problemas es que no se toman medidas preventivas, se espera que los hechos sucedan y luego se acaba con un disparo con ese problema. ¿Por qué no actuar antes de que se enluten tantos hogares?

Hay que llegar al fondo, a las razones que llevan a una persona a tomar tan desdichadas acciones. Hay que vigilar el entorno donde los niños crecen, hay que ayudar a hacer gente de futuro. Uvalde perdió 19 vidas que apenas empezaban a despuntar. ¿Hasta dónde hubieran llegado en el futuro? Eso es algo que nunca sabremos.