En las escuelas hay aulas de clases que cobijan a unos treinta alumnos, en otras más en otras menos, pero ese no es el punto principal. Lo importante es que, en su mayoría, todos los alumnos reciben la misma educación, los mismos conocimientos y las mismas evaluaciones de resultados. Entonces, ¿todos los niños son iguales ante la educación? No, porque no todos aprenden de la misma forma, y más importante aún, no todos tienen las mismas aptitudes. Las habilidades son individuales, existen algunos dotados de excelentes cualidades artísticas, otros con un espíritu científico o están los que tienen destrezas manuales. Sin embargo, dentro de las aulas de educación todos son medidos con las mismas reglas. Para el artista es frustrante no lograr cumplir con las evaluaciones de cálculo, al igual que el científico que no puede o no logra dibujar.
No quiere decir que un buen artista no sea capaz de hacer cálculos matemáticos o que una persona que ama las letras no pueda hacer una escultura, pero no es algo que sea fácil que todos lo logren. Debe ser frustrante tratar de cumplir con los requisitos de grados en un área donde las habilidades no están presentes. Este tipo de educación generalizada, anclada en un solo patrón se rompe cuando se llega a la universidad, donde cada persona escoge lo que le gusta, lo que se le hace ameno y sencillo. Pero cuántos exámenes de otras materias hay que pasar antes de llegar a eso.
La educación está arraigada en el pasado, donde cada grado escolar tiene un pensum y todos los estudiantes deben pasar por ahí. Han pasado muchos años y esto no ha cambiado de manera significativa. Seguimos manteniendo las aulas de clases bajo un patrón general y común sin tomar en cuenta las diferencias individuales. La pregunta que queda en el aire es: ¿Si existieran escuelas primarias y secundarias con diferentes enfoques, disminuiría la deserción escolar?
Glennys Katiusca Alchoufi
Integrante del Certificado de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Toronto










