Dormirlo o eliminarlo

El hombre en su necesidad de vivienda y, desde hace largo tiempo, ha estado empujando a la vida silvestre hacia los lados, arrinconándola, acabando con su hábitat y, por tanto, con sus opciones de alimentación. No es raro escuchar que un oso, un coyote u otro animal salvaje haya sido encontrado merodeando en esta o aquella ciudad. También es común enterarse de que animales salvajes han atacado personas en campamentos, parques nacionales o reservas forestales. Cuando un evento como este ocurre, el resultado es la muerte del animal.

Se debería evaluar la posibilidad de utilizar dardos que lo duerman y luego trasladarlo a su zona, para no matarlo. Si muchos de ellos se acercan a las zonas habitadas es porque los hemos orillado a eso. Hemos talado sus bosques, urbanizado su territorio, construido carreteras que los ponen en riesgo de ser arrollados.

No podemos parar el progreso, ni tampoco la demanda de viviendas, pero sí podemos tratar de no sacrificarlos. No son ellos los que nos han invadido, somos nosotros quienes hemos asaltado y alterado su ecosistema. Cada vez que un animal salvaje se atreve a entrar en lo que otrora fuera su casa, un rifle lo puede esperar, y ¿si en vez de una bala le ponemos un dardo? El resultado sería muy similar, la persona atacada podría ser rescatada, y el animal podría sobrevivir a su osadía.

Utilizar un método que preserve la vida de esa criatura, podría ser una opción más justa, en especial si el evento ocurre en un bosque, o reserva, porque se podría dejar el animal ahí hasta que recupere conciencia y pueda regresar a sus predios.

 La tierra es de todos y para todos debería haber espacio y una sana convivencia.

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