¿Accidente o infortunio?

Cada vez que llega el verano hay noticias que estremecen. Noticias como:  “La ola de calor está haciendo estragos, ancianos y niños son las víctimas más frecuentes”. Se puede entender que eso sea hasta cierto punto normal, ya que muchos hogares no cuentan con sistemas de aire acondicionado. Pero cuando lo que escuchamos o leemos es que alguien olvidó a un infante en el asiento trasero del vehículo y por horas estuvo en un suplicio, batallando contra el calor, la sed, la angustia de sentirse solo, eso no debería pasar. Al público en general se le mueven las fibras, pero ¿eso evita que vuelva a pasar? sabemos que no. Muchas personas se preguntan ¿cómo te puedes olvidar de un pequeño que montaste en su silla? La respuesta puede ser que muchas veces un cambio de rutina, en una vida acelerada, el corre-corre diario nos lleva a ser autómatas y nos acostumbramos a tener un esquema grabado en el consciente que nos deja en un estado de letargo. Para muchos parecerá imposible que una persona olvide a un bebé en el asiento trasero del carro. Pero qué pasa cuando alguien siempre se va solo a sus actividades, y un día por una razón fortuita debe llevar a su bebé al centro de cuidado diario y de forma programada toma rumbo a su oficina, deja el carro en el estacionamiento y como el niño se durmió, esa persona, se baja y se va a sus actividades. Al regresar nota que esa personita se quedó atrás. Ahí puede empezar la pesadilla para toda la familia. Volver a conciliar el sueño será difícil. El sentido de culpa y el remordimiento dejará una huella profunda en todos. Muchas veces pensamos que eso solo les ocurre a personas descuidadas, pero no es cierto. Un cambio inesperado, una vida acelerada, un cronograma que cumplir, horarios, es muchas veces el punto en común que tiene terribles consecuencias.