Tradiciones ancestrales o nuevas tradiciones

Mi infancia en México estuvo llena de historias que estimulaban la imaginación haciéndome pasear por mundos mágicos creados por mis ancestros. Las tradiciones y costumbres de mi país me formaron. Nacida en una familia católica, crecí celebrando a los muertos y preparando altares para recibirlos en su día; crecí presenciando piezas de teatro con historias navideñas que contaban el andar de los pastores rumbo a Belén. En familia armábamos inmensas recreaciones miniatura alrededor del  nacimiento de Jesús, y en los primeros días del año compartíamos una rosca de reyes con la emoción de encontrar quiénes sacarían a los muñequitos escondidos para que prepararan los tamales un mes después.

En mi juventud emigré y atrás quedaron muchas de esas tradiciones. Logré recrear algunas con los elementos que pude encontrar en el país que me acogía. Y por supuesto, nuevas tradiciones me fueron presentadas. Adopté algunas sin mayor problema. Con otras, lo hice con recelo, como Halloween; más con un niño pequeño en casa he tenido que aceptar la tradición a mi manera, sin participar plenamente.

En Canadá, la celebración del 31 de octubre se prepara con entusiasmo. A principios del mes pasado mientras nos dirigíamos a una prueba de camisetas de Hockey para mi hijo (claro, también en mi familia hemos adoptado el deporte nacional de este país) me tocó ver a varias familias, papás y niños, que trabajaban en equipo para engalanar el frente de sus casas con tétricas decoraciones. Escuché sus risas, vi esas caras de alegría al presenciar el resultado final. Mi casa no fue una excepción, mi hijo esperaba con ansias el día en que pudiera salir junto con su papá a poner las decoraciones.

Después de presenciar tan férreos trabajos en equipo me puse a reflexionar sobre las tradiciones y comprendí que no solo deben ser importantes aquellas que datan de tiempos remotos, sino que también se pueden crear nuevas en cada hogar, en cada familia. Y aunque mis tradiciones de infancia seguirán conmigo y las celebraré con los míos, ahora me digo ¿por qué no disfrutar de Halloween, en especial si la celebración ha forjado nuevas tradiciones familiares?