Y de repente…

Y de repente todo cambió: las calles, el movimiento, los olores, la gente.

Y de repente todo aquello que me era familiar se desvaneció, como se desvanece un sueño al despertar. En un instante, todo lo que un día fue, se tuvo que resguardar en los confines de mi memoria y quedarse allí como una vieja película que corre y corre hasta volverse una fotografía.A mí alrededor todo parecía hostil, o al menos, esa era mi percepción. Era difícil ver la luz en ese cambio, y con obstinación me concentraba únicamente en lo sombrío, en todo aquello que no funcionaba como estaba acostumbrada.Tan solo unas horas antes, a unos minutos de embarcar, había mirado al horizonte por los amplios ventanales del aeropuerto y con un dolor, casi físico, me repetí que era verdad, que nos íbamos y que el momento de ofrecer mis adioses a esa tierra que tanto me había dado era inminente. Atrás dejaba tantos bellos momentos compartidos, atrás quedaba una vida, así como ese yo que fui y que se había construido en ese lugar. Sentada en el avión, dejé que mi mirada se fijara una vez más en el exterior, tratando de no perder, ni por un instante, la vista que tenía enfrente de mí. Hasta el último segundo no despegué los ojos de ese paisaje urbano; quería aprisionar, en una sola imagen, lo que habían sido estos últimos seis años de mi vida. Por encima de las nubes, cuando habíamos dejado el lugar que hasta ese momento había llamado casa, cerré los ojos y lloré en silencio mi partida.Con todos los sentidos en alerta empecé a andar por nuevos caminos, a grabar en mi memoria, aun sin hacerlo de manera consciente, espacios variados, tan opuestos y tan similares a la vez a aquellos que extrañaba ya tanto; y empecé a guardar referencias que algún día, muy cercano, se volverían familiares.Con sorpresa me dejé abrazar por el sol vespertino que poco a poco iba perdiendo fuerza. Seguí avanzando, descubriendo. Algunos recuerdos de infancia se despertaron y asomaron la cabeza como queriendo imponerse.Y de repente, me sentí abrumada. Me detuve y miré hacia atrás: solo quedaban mis recuerdos; me aferré a ellos y me llenaron de la fuerza que necesitaba. Entonces, me atreví a dar un paso, y otro y de repente, mis pies tomaron un nuevo ritmo, con la certitud de saber que algún día, podría llamar a esta nueva tierra mi hogar.

Tania Farias
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Integrante del Certificado de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Toronto