Acercarse a Jorge Luis Borges, uno de los grandes íconos de la literatura universal, sin caer en la solemnidad no parece a primera vista una tarea sencilla. Mariano Llinás lo hace a su manera. En Biografía de Jorge Luis Borges, presentada en la sección Wavelengths del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), se acerca a Borges para llevarlo a su propio terreno: una película de más de cinco horas que se mueve entre documentos, libros y lugares, pero también entre viajes, investigaciones detectivescas, humor y desvíos, sin perder en el camino la esencia borgeana.
Director, guionista y uno de los fundadores de El Pampero Cine, Llinás es director de Historias extraordinarias y La flor, entre otras películas. Conversamos con él en las oficinas del TIFF Lightbox mientras el film se proyectaba en su estreno en Toronto, momentos antes de participar en la sesión de preguntas y respuestas con el público.
La película nació de un encargo bastante acotado. La Fundación ISLAA (Institute for Studies on Latin American Art) había convocado a Ernesto Montequín, investigador y especialista en Borges, para trabajar sobre una colección de documentos y objetos relacionados con el escritor. “Mi recorrido personal había empezado antes. Para mí es muy importante Borges. De alguna manera me llaman porque suponían que yo era borgeano, es decir, que no era para mí un terreno extraño y que podía tener algún tipo de química con Montequín”, relata Llinás. “Yo no sabía qué iba a hacer. No me imaginaba que podía hacer una biografía. Inmediatamente apareció”, recuerda. “Montequín dice: ‘Fijate esto’. Entonces me lee un pequeño cuento escrito a los nueve años en donde habla creo que de Teseo, escrito en inglés. Es la primera vez que Borges escribe con sus palabras ‘laberinto’. Es todo en inglés y escribe ‘laberinto’ en castellano. Dije: ‘Ah, bueno, hay una cosa donde está apareciendo una especie de biografía’. Desde estos objetos surge una biografía, como un géiser”.
Y de los objetos pasaron a los lugares. Llinás venía filmando libros en sus películas anteriores. “Cada vez me gusta más filmar libros”, dice, pero no quería que esa fuera la única forma de acercarse a Borges. “Digo: ‘Bueno, también podemos ir a ver los lugares’. Y entonces rápidamente armamos una lista imaginaria de lugares borgeanos y fuimos a filmar”.
Así apareció otra dimensión del relato: el viaje. “Pensé que le podía venir bien a la película un criterio de diario de viaje, en donde se ven los distintos hallazgos. Y bueno, entonces es una película de aventuras también”. Y explica: “Es la manera de incluir las cosas que a mí me gustan, que son escenas de ruta, la provincia de Buenos Aires, la gente andando en auto. La idea del viaje como mecanismo narrativo. Entonces descubrí que era la manera de poder meter una más de esas y simplemente me dejé llevar”.
Montequín, por su parte, no tardó en convertirse en algo más que el experto que examinaba los documentos. “Yo le digo: ‘Bueno, mirá, Montequín, la película tiene que tenerte a vos de protagonista’”. Al principio, recuerda, estaba muy tenso. “Se lo ve en la película, estaba así como todo engalanado. Y en un momento llega y empieza a hablar y… ‘a star is born’. En serio, tuve esa sensación, y creo que él también”.
El humor atraviesa buena parte de Biografía de Jorge Luis Borges. Por momentos es reconocible el de Llinás y El Pampero Cine, pero también aparece la ironía del propio Borges. Para Llinás, quizás no sean cosas independientes. “Pienso que hay algo de ese gusto que es borgeano, o que al menos no es independiente de Borges. Entonces siento que tal vez no sería un invento mío ni un invento de Borges, sino algo que une a personas y que puede tener que ver con lo porteño, en algún punto”. Y agrega: “Es una idea muy borgeana, la idea de sociedades secretas, de personas que no se conocen. Y tal vez el humor sea eso, sea una forma de vincular personas que tienen una especie de sentido, que es el sentido del humor. No se incluye dentro de los cinco sentidos y ni siquiera es el sexto sentido. Es otra cosa”.
Al preguntarle por los nombres de personajes de la política argentina actual que aparecen en la película, Llinás responde: “Suena la radio y sobrevuelan esas cosas. Supongo que tendrá algún eco. Me atrae que estén esas pequeñas señales en la película. Y me da la impresión de que en algún momento, si esta película se sigue viendo, alguien dirá: ‘¿Te acordás de ese?’”. Y agrega: “Mirá las cosas que hemos visto… Things we’ve seen, como le decían al personaje de Falstaff [de Shakespeare]. Things we’ve seen. Me parece que hay algo de eso, algo de los tiempos. Supongo que hay algo gracioso en el hecho de que en la Biblioteca Nacional está el nombre de Karina Milei, que tal vez no debe haber frecuentado mucho ese edificio”.
En el recorrido aparecen también figuras como Edgardo Cozarinsky y Fernando Martín Peña. “Hay algo interesante de la película, que es que muestra, aunque sea de manera lateral, un montón de personas que para mí son importantes. También es como una radiografía de Buenos Aires en este principio de siglo”, explica Llinás. “Pienso que para el cine argentino del comienzo de siglo Fernando Peña es alguien imprescindible. Entonces me parece bien que aparezca ahí”.
Al preguntarle por la duración de la película, que supera las cinco horas, Llinás cuenta que podría haber sido todavía más larga. “Hubo un momento en que mi mujer me dijo: ‘Seis horas, no’. En serio. Entonces digo: ‘Pero escuchame, falta todo esto’. Y dice: ‘No! Seis horas no’. Entonces llegamos a cinco y algo. Son cinco… Sonaba bien. Seis parecía mal”.
En el texto sobreimpreso al comienzo del film, Llinás habla de la vida de Borges como una batalla y plantea que podría pensárselo como un prócer, un liberador, casi un mártir. Al preguntarle por qué un mártir, responde: “Supongo que porque sufrió. En un punto sacrificó muchas cosas por su meta en función de su objetivo, de su credo. Esa es la sensación que tengo. ¿Viste que hay un momento en el que dice ‘no fui feliz’? Debe haber sufrido mucho y ese es el precio que pagó por su especie de devoción a los libros”.
También le preguntamos por otra de las afirmaciones del comienzo: que gracias a Borges la literatura sigue existiendo. “Por ahí es un poco hiperbólico eso. Pero bueno, había que convencer a los espectadores que no sabían. Pero pienso que sí. Pienso que su revolución fue muy intensa. Es decir, que la idea de que los libros importan por sí mismos es algo en lo que muchos nos seguimos refugiando”.
Llinás contrapone ese planteo con una época “en donde la cultura de masas genera la idea de la utilidad de las cosas”. Y concluye: “Creo que a eso se refiere la idea de que por eso la literatura sigue existiendo, es como una especie de lugar a donde van las personas a las que les gustan los libros por los libros en sí. En ese sentido, es un protector”.



Vanesa Berenstein
Encargada de Programación del Festival de Cine Latinoamericano de Toronto (LATAFF)
Investigadora en MAP Centre for Urban Health Solutions, St. Michael's Hospital, Unity Health Toronto










