FILibro 2026 en la memoria

La octava Feria Iberoamericana del Libro en Canadá, FILibro, celebrada los días 3 y 4 de octubre en la Universidad Saint Paul de Ottawa, cerró con un balance muy positivo.

Casi un centenar de escritores, editores y gestores culturales se dieron cita para compartir libros, ideas y experiencias, con la participación de 14 embajadas: Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, España, Guatemala, México, Panamá, Perú, Portugal, República Dominicana y Uruguay.

Durante los dos días de feria, sumados a los eventos de bienvenida y al encuentro literario realizado en la Galería Nacional de Canadá, cerca de 1.500 personas participaron de una programación que reunió 34 eventos literarios. Entre ellos la proyección de un documental sobre Ida Vitale, así como el documental dedicado a Maruja Vieira, producido y dirigido por Bella Clara Ventura, quien estuvo presente gracias al apoyo de la Embajada de Colombia. También se presentó una exhibición de caricaturas del reconocido caricaturista, periodista y escritor uruguayo Jaime Clara, invitado por la Embajada de Uruguay.

La feria comenzó con las palabras de su directora, Silvia Alfaro, cuyo discurso marcó el espíritu de todo el encuentro. “Ocho ediciones significan páginas escritas, libros publicados, autores que han compartido su voz, editores que han apostado por una obra, lectores que han descubierto nuevas historias e instituciones que han abierto sus puertas”, afirmó.

Alfaro reivindicó la literatura como espacio de encuentro en una época marcada por la rapidez, la desinformación, la polarización y la soledad. Recordó que leer significa escuchar otras voces, acercarse a otras culturas y comprender que el mundo no cabe en una sola mirada. También subrayó el valor de la libertad de creación y el papel de escritores, editores, lectores, promotores culturales y representantes diplomáticos.

Su mensaje resumió el sentido profundo de FILibro: “La literatura hace algo extraordinario: acerca lo que la geografía separa”. Así, la octava edición no fue solamente una feria de libros, sino un puente cultural entre Iberoamérica y Canadá, un espacio para compartir identidades, memoria, imaginación y esperanza.

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