El terror en la literatura contemporánea latinoamericana se alimenta de hechos domésticos y cotidianos

En el marco del Ciclo: Narrativa Contemporánea organizado por la iniciativa cultural Inspirad@s, el pasado lunes se llevó a cabo el encuentro virtual: “Monstruos internos” con la presentación de la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero.

Esta actividad que atrajo a numerosos amantes de la cultura hispanoamericana residenciados en Canadá y otras ciudades del continente, versó sobre la obra, vida y recorridos literarios de Ampuero, “dueña de una pluma contundente y magistral,y quien se alza como una de las voces más potentes de la literatura latinoamericana actual”.

La autora nació en Guayaquil, Ecuador, en 1976, estudió periodismo y literatura y colabora con numerosos medios internacionales. Se reconoce como una persona muy politizada a quien le interesa denunciar las historias de terror y violencia que surgen en la misma sociedad. Sus obras han sido traducidas al inglés, portugués e italiano y en 2012 fue considerada como una de los latinos más influyentes de España.

Luego de los libros de crónica “Lo que aprendí en la peluquería” (2011) y “Permiso de residencia” (2013), con el cual ganó el premio Cosecha Eñe de relato y el premio Joaquín Gallegos, se posiciona como una de las escritoras representativas del quehacer literario latinoamericano con “Pelea de gallos” (2018), “Sacrificios humanos” (2021) y “Visceral” (2024). También publicó la recopilación de cuentos “Dantescas”.

La periodista que cuenta con experiencia como migrante en México, y España, ha vertido parte de su experiencia personal en textos en los que predominan historias de terror traspapeladas tras hechos cotidianos, domésticos, entendiéndolos como legados de la infancia y del sistema actual.

Mencionó que en retrospectiva su interés por el género literario del terror nació durante su infancia. “Eran tiempos muy convulsos, los periódicos y revistas de aquel tiempo hablaban sobre guerras en muchos sitios, había un ambiente muy feo en América Latina y, no es que en Ecuador viviéramos la atrocidad que vivieron en el cono sur, pero siempre estaba la amenaza de que la cosa podía subir al resto de América Latina”

Recordó que en los ochenta también se registró la guerra del narcotráfico en Colombia, “que fue brutal y cercana”, y que impregnó su infancia con fragmentos de situaciones, amenazas y situaciones delirantes en un país también afectado por una constante sensación de inseguridad personal, de peligro latente.

Otro factor que tuvo relación con su acercamiento a las historias que dan miedo, fue la democratización del cine que buscaba atraer a la población adolescentes con este tipo de historias. “Esta fue una mezcla sociopolítica, geográfica, climática que influyó en mi crecimiento en un momento en el que aparecen mundos de fantasías y voces con las cuales, como lectores, nos es muy fácil empatizar”, dijo.

La escritora refiere que en su producción literaria hay un intento por explicar “esa infancia, ese lugar donde crecí, esas cosas no dichas. Yo creo que son unos libros donde pasan cosas un poco turbias, que no están completamente reveladas. Hay cosas muy veladas, como insinuaciones que te pueden llevar a un lado o a otro, porque yo creo que así es un poco la infancia, nadie te habla muy claro de nada supuestamente para protegerte”.

Agregó que con todo este tema de la discriminación por las diferencias sociales, por la apariencia física, por la pertenencia, los estigmas por los cuerpos, todas esas violencias físicas y diferentes forma de las discriminaciones desembocan en una cautela y terror que dan origen a una especie de angustia vital que se manifiesta también en el dolor y el terror, “porque el terror es dolor”.

-Está tan vinculado que para mí el dolor de nunca haber sido aceptada como soy, ni físicamente, ni por mi origen social, ni por como soy, como persona o que no era muy mujercita o que no era muy esto, que no era muy lo de acá, que no tenía de estas características mi cuerpo, o mi espíritu, todo eso, que por ser mujer no puedes hacer esto ni lo otro, de todo eso es son pequeños duelos y grandes violencias.

De manera especial la escritora alude al tema de la migración como una especie de violencia que degenera en duelo. Explicó que en ese contexto surge la posibilidad de gritar por lo que considera injusticias y ofrecer visiones diferentes de la vida. “Hay gente que no nos deja olvidar que somos extranjeros. Y ahí la imposibilidad del hogar, situación que crea un mecanismo para impedir que defendamos nuestros derechos”.

Finalmente, Ampuero se refirió a los diferentes estilos que se encuentran en la producción de escritoras latinas contemporáneas. “Hay algunas que intentan en su discurso hacer que la gente se fije en algo con lo que pueda empatizar, que tenga la hermosura suficiente como para hacer que no todo sea golpes, porque la gente no puede con tanto. Y entonces tú tienes que lograr ese equilibrio entre contar una cosa espantosa con un lenguaje que sea balsámico, que sea revelador y hermoso, y que sea como un como un destello para que pueda la gente soportarlo”.

Mariela Gomez
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