Cuba. Nación y emigración, diversidad y fortaleza

    Definida por especialistas como muy compleja y heterogénea, la comunidad de cubanos residentes en el exterior protagonizó el pasado fin de semana un nuevo acercamiento a su tierra natal, gracias a la participación de más de tres centenares y medio de representantes en un encuentro en La Habana.

    Los últimos 18 y 19 de noviembre esas personas con hogar en 54 países intercambiaron criterios en la IV Conferencia La Nación y la Emigración, una cita continuadora del Diálogo de 1978 que perfiló la política de Cuba, tras el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, hacia sus emigrados.

    Según el estudioso y doctor en Ciencias Históricas Jesús Arboleya, hasta ese momento la relación de la mayor de las Antillas con quienes salían del país era muy complicada y estaba marcada por la confrontación y el rechazo.

    Con su paulatina aceptación, las conversaciones y el establecimiento de mecanismos para integrar a los emigrados en la vida nacional, el fenómeno comenzó a cambiar de manera considerable, remoraron recientemente participantes en el proceso que condujo el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro.

   Por su parte, el reconocido intelectual y director de la revista Temas, Rafael Hernández, recordó en un artículo periodístico que en la última década la política migratoria cubana dio un giro radical respecto a los 50 años anteriores.

    Los que se van, apuntó, no pierden sus derechos como ciudadanos, residencia, propiedades, acceso a servicios sociales; pueden retornar, permanecer el tiempo que quieran, volver a salir, y así sucesivamente.

    Puntualizó que en los últimos tiempos surgieron nuevas regulaciones sobre la renovación del pasaporte, ocurrieron cambios aduanales para facilitar los envíos y la importación de medicinas y alimentos, y se efectuaron encuentros de empresarios emigrados con autoridades gubernamentales, incluido el presidente Miguel Díaz-Canel.

   Indudablemente, el propósito es lograr una mayor participación de los residentes fuera del país en la vida política, económica y social de su patria, más allá de la diversidad de opiniones y posturas sobre importantes asuntos.

   Esta Conferencia, después de las celebradas en 1994, 1995 y 2004, permitió a los participantes dialogar con altos funcionarios de la administración y el Estado acerca de los vínculos con su nación de origen y las perspectivas al respecto, los temas migratorios, la cultura, la identidad, el desarrollo económico, las inversiones, la tecnología y la comunicación social.

    A criterio de Julio Fonseca, uno de los 10 cubanos residentes en Canadá que estuvieron en el evento, este encuentro fue muy importante y todo el mundo tuvo la libertad de expresar sus ideas, lo cual, recalcó, resulta muy positivo.

    Entrevistado por el periódico Correo Canadiense, Fonseca destacó la decisión de sus compatriotas de viajar a Cuba en un momento “en el que la nación es asediada y calumniada”.

   Manifestamos el apoyo y la solidaridad con nuestro pueblo, raíces y cultura, y conocimos con más detalles los embates que sufre Cuba por el bloqueo norteamericano hace más de 60 años y su inclusión en la lista de Washington de países que supuestamente patrocinan el terrorismo, subrayó.

    Recalcó que los emigrados participantes en dicho foro hacen siempre todo lo posible por ayudar de alguna manera a su país y por defenderlo de la desinformación que continúan divulgando los medios dominantes empeñados en ofrecer una versión tergiversada de la realidad cubana.  

   De acuerdo con el también miembro de la Asociación de Cubanos Residentes en Toronto Juan Gualberto Gómez, en esta Conferencia reinó un gran espíritu de patriotismo y el deseo de hacerle saber al pueblo que no está ni estará solo.

    Al clausurar la reunión en el capitalino Palacio de las Convenciones y  al homenaje al Héroe Nacional, José Martí, ante su estatua ecuestre en la Habana Vieja, el presidente Díaz-Canel reconoció que la mayor parte de los connacionales mantiene un vínculo estable y favorable con la patria.

   Comparten sus éxitos, se solidarizan con nuestras causas, se muestran interesados con la situación del país, y apuestan por aportar y contribuir al desarrollo socioeconómico, añadió el mandatario.

   Insistimos en la fórmula martiana de una Cuba con todos y para el bien de todos, dejando claro que en ese todo no están los que conspiran contra la nación para agredirla y ofenderla, precisó.

   Después de puntualizar que en la actualidad existen 138 asociaciones de cubanos en 57 países y son muchos los responsables de participar en tareas de apoyo donde no están creadas esas entidades, expuso que los brazos estarán abiertos con el reconocimiento agradecido para los que arriesgan hasta la vida por defender a la patria en la hora difícil.

    Para Díaz-Canel, esta Conferencia posibilitó realizar un balance exhaustivo de los honorables vínculos con los cubanos en el exterior, identificar tareas de trabajo conjunto y definir un nuevo punto de partida hacia metas superiores.

   El proceso iniciado en 1978 no depende de las relaciones, los contactos o incluso de la opinión de otros gobiernos; es un ejercicio estrictamente cubano, entre cubanos y para cubanos, enfatizó.