Francisco Rico-Martínez: el último adiós al defensor de refugiados

Francisco Rico-Martínez, codirector del FCJ Refugee Centre, perdió la batalla contra el cáncer el pasado 13 de agosto dejando atrás una inmensa obra en favor de los refugiados y los inmigrantes. En Correo Canadiense y CorreoTV le brindamos este merecido homenaje tras una trayectoria impecable en la defensa de los derechos de los inmigrantes con estatus precario.  

Tuve la oportunidad de entrevistarlo varias veces y siempre encontré un hombre fiel a sus convicciones. Tenía la fuerza y entereza de criticar a la autoridad cuando era necesario y a la vez la sensibilidad de escuchar los increíbles testimonios de los peticionarios de refugio.

Al refugiado salvadoreño que llegó a Canadá en 1990 en compañía de su esposa Loly, nunca le faltaría la total disposición, la entrega y la pasión de quien ha estado en la oscuridad y lucha por ayudar a otros a salir de ella. Su espíritu, su jovialidad, la fuerza y claridad para expresar sus ideas, su contundencia lo acompañaron hasta sus últimos días, cuando a la temprana edad de 63 años dejó de acompañarnos físicamente.

En marzo del 2020 lo entrevisté por última vez en un evento sobre la Comisión de la Verdad de Colombia, donde declaró: “Trabajamos con refugiados, con víctimas. Queremos que el silencio que impone el sistema de opresión se rompa, que se construya una conciencia. Queremos no que se pida perdón, sino que se acepte la responsabilidad y sobre ella se escriba una historia de paz más duradera en el mundo”.

A modo de sentido homenaje a este incansable luchador social, CorreoTV conversó con dos de sus compañeros y amigos: Diana Gallego, directora asociada del FCJ Refugee Centre, y Edgar Valderrama, quien ofrece apoyo a los refugiados.

“Francisco no fue solo el codirector del centro de refugiados al lado de su esposa, Loly Rico, sino que también fue nuestro amigo, un mentor para muchas personas que trabajamos en la lucha y en la defensa de los refugiados, emigrantes y los derechos humanos en Canadá. Fue la voz de muchos y su presencia nos va a seguir acompañando por varias generaciones. Nuestro moto en el centro es: Nuestra puerta está abierta y si alguien siempre la mantuvo abierta fue Francisco. Incluso a la hora de cierre si llegaba un refugiado con sus maletas, él lo invitaba a la cocina, a tomar un café o a calentarse del frío. Siempre estaba dispuesto a tender la mano”, recuerda Gallego.

Rico-Martínez tenía un dicho: la vida es difícil, muestra de las dificultades que había pasado y que aun así no lo detenían. Tal y como comenta Valderrama por ello siempre incentivó a todos a colaborar con quien lo necesitase. “Es por eso que continuamos acá, trabajando, a pesar del dolor que tenemos desde que Francisco se fue. Tenemos que seguir adelante con todo el trabajo que él y Loly iniciaron”.

Para Diana Gallego, quien trabajó junto a Francisco durante seis años, es invaluable su labor escuchando, dando apoyo y esperanza a los refugiados y a los emigrantes en un estado a veces precario.

“Muchas veces les decía: Va a ser difícil pero vamos a tratar de hacer algo por ustedes. Y yo siempre al inicio me asustaba y me preguntaba: cómo lo vamos a hacer, es casi imposible. Pero Francisco nos daba una gran lección cada vez que ganábamos un caso. Nos mostró que hay que tratar de abrir una ventanita para luego intentar abrir la puerta completa”.

La directora asociada del Centro de Refugiados destaca que muchas veces se logró abrir la puerta a muchas personas, sobre todo gracias a que Francisco era incansable y escuchaba atentamente a todos. “Aunque al final no pudiésemos hacer nada por ellos, se sentían muy agradecidos de que Francisco los escuchara con toda la paciencia del mundo. Muchas veces llegaban desesperados y él siempre les daba una semillita de esperanza y nos impulsaba a todos a hacer lo posible por ayudar”.

Por su parte, Edgar Valderrama cuenta que Francisco siempre estaba sonriendo a pesar de las dificultades de la vida. “En los últimos meses compartí casos con él y a pesar de estar ya agotado por su enfermedad continuaba siendo curioso y bondadoso. Eso es algo que aún nos motiva a todos a seguir adelante. Bondad sin cuartel que le ofrecía a todos es lo que lo identifica. Fue una persona que sobrevivió a una tragedia, agarró esa experiencia e inició un sendero que cambió muchas vidas”.

En tanto, Diana Gallego agregó que le gustaría que la comunidad latina recordara a Francisco “como el hombre que, junto a su familia, abrió las puertas de su casa a todos. Esa persona que le hablaba a los políticos de frente y francamente. Con la sencillez que poseía pero que no tenía miedo de decir las cosas como son. Esa persona que trabajó incansablemente por muchos que son excluidos e invisibles para la sociedad canadiense”.

Recordamos hoy a quien fuera un luchador incansable y respetado miembro de nuestra comunidad, cuya labor incluso trascendió las fronteras del país y apoyó una petición al Ministerio de Inmigración de Canadá para que se pronunciara cuando en Estados Unidos el gobierno de Donald Trump puso en peligro a la comunidad salvadoreña al no querer renovar el programa TPS que los amparaba. Un hombre íntegro y tenaz que nos deja un vacío profundo, pero también un camino marcado en pos de la justicia social.

Correo Canadiense expresa su más sentido pésame a su viuda Loly Rico, a su familia y cercanos colaboradores. Francisco descansa en paz por sus más de 30 años en pro del refugiado y dejó varias semillas que continuarán su labor.

(*) Nota realizada a partir de la entrevista de Isabel Inclán para CorreoTV. Vea la entrevista en el canal de YouTube de Correo Canadiense.