Alrededor de 200 fotos de trabajadores migrantes y personas con estatus precario fueron enviadas esta semana al primer ministro Justin Trudeau y a los 338 miembros del Parlamento Federal para recordarles que un millón 800 mil migrantes en Canadá no pudieron estar esta semana –que se celebró el Día de la Familia—con sus seres queridos debido a un retraso se solicitudes o a que el sistema migratorio los considera no elegibles para la residencia permanente.

El lunes pasado la organización Migrant Workers Alliance for Change, junto a una decena de trabajadores afectados, realizó una protesta a las afueras de la oficina de la ministra de Finanzas, Chrystia Freeland, en el centro de Toronto donde denunciaron que casi dos millones, incluidos 16 mil trabajadores se salud y cuidado no han podido reunirse con sus familiares.

Una de las oradoras en este evento fue la migrante Celia, quien labora en una granja de Niágara y prefirió identificarse sólo por su nombre para no afectar su trabajo. Su voz se escuchó a través de un teléfono celular y dijo que en los últimos 23 años ha trabajado en granjas canadienses sin la posibilidad de ver o traer a su familia.

Celia compartió que al venir a Canadá dejó a su hija cuando ella tenía sólo seis años de edad. “Perdí todas sus graduaciones y cumpleaños”, señaló. La inmigrante temporal recordó que cuando su hija tuvo una crisis de asma, quiso volar para ver cómo estaba, pero no pudo porque tenía miedo de perder su trabajo.

Celia, de 55 años, es una de los más de 23,000 trabajadores agrícolas mexicanos que vienen a Canadá cada año por hasta ocho meses para cosechar alimentos frescos para los canadienses, como parte del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT) que opera entre Canadá y México desde 1974.

“Es angustioso estar tan lejos sin poder ver a mi hija, ni abrazarla, sin escuchar su voz buscando a mamá, buscando un abrazo, sin saber si ha comido, extrañando todos los cambios que día a día vive un niño”, dijo la madre migrante, cuyas manos han contribuido a alimentar a los canadienses.

Señaló que la separación de las familias en ocasiones lleva a los familiares –ante la ausencia de la madre—se automediquen o consuman alcohol, que haya embarazos en adolescentes, debido a la “desintegración familiar que provoca este programa temporal”.

El gobierno canadiense, ante los casos de Covid que se presentaron en las granjas al principio de la pandemia, ha dicho que debería de haber una ruta para los trabajadores agrícolas que quisieran quedarse en Canadá, lo que les permitiría traer a sus familias, pero hasta ahora no se ha concretado nada.

Los representantes de Migrant Workers Alliance for Change, entre ellos varios latinos, agregaron que, además, 1.6 millones de personas en Canadá son trabajadores temporales, estudiantes internacionales, solicitantes de refugio o indocumentados que no tienen acceso al estatus de residente permanente.

Tina Weeska, de Indonesia, ha estado trabajando como niñera desde 2018. Solicitó la residencia permanente bajo un programa de transición para traer a su esposo e hijo, pero hasta ahora su caso aún está en proceso. “Las caregivers somos en su mayoría mujeres separadas de nuestras familias, mientras cuidamos de otras familias”, dijo mostrando la foto de su hijo a quien ya no puede patrocinar porque tiene más de 22 años.

“¿Cómo puedo dejar a mi hijo solo en casa si mi esposo viene aquí para quedarse conmigo en Canadá?”, se preguntó la trabajadora migrante. Agregó que “esta larga separación familiar es ridícula”. Hablando sin poder contener las lágrimas, Weeska compartió que su permiso de trabajo vencerá el próximo mes. “¡No más retrasos (backlog)”, dijo para cerrar su testimonio.

La inmigrante Queen Gabriel, de Trinidad y Tobago, ha estado trabajando en Canadá durante los últimos diez años como trabajadora de apoyo personal, pero ha sido rechazada tres veces para la residencia permanente. Durante este tiempo ha perdido a su tía, abuela, esposo, hermano y el año pasado a su padre. No pudo despedirse de ninguno de ellos. “Todo lo que pude ver son fotos de ellos en un ataúd. ¿Cómo te sentirías si tu pariente fallece y no puedes estar con él en sus últimos días, no puedes abrazarlo?”, se preguntó con lágrimas en los ojos.