Estados Unidos. Biden, el clima y la cuerda floja.

   Posible extracción de hasta 180 mil barriles de petróleo cada día, creación de nuevos puestos de trabajo y múltiples opciones de inversión local son algunas de “las bondades” defendidas por un proyecto de perforación de ese hidrocarburo en Alaska, Estados Unidos.

   Sin embargo, diversas voces sostienen, con más o menos apego a la locución proverbial original, que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

   Y al parecer, en este caso, referido a la iniciativa conocida como Willow, hay altas dosis de razón en quienes alertan sobre los peligros afines y critican al Gobierno del presidente Joe Biden por autorizar su desarrollo, que afectaría de manera considerable al medio ambiente. 

   La administración norteamericana dio la luz verde al polémico proyecto en un reporte divulgado el último 13 de marzo por el Departamento del Interior, y el informe ofreció detalles como la responsabilidad que tendrá ConocoPhillips, multinacional dedicada a la extracción, transporte y transformación de petróleo.

Como dos millones de automóviles adicionales

   Willow se hallará en la Reserva Nacional de Petróleo de Alaska, en tierras públicas del Gobierno federal, y más de 300 kilómetros al norte del círculo polar ártico. A juicio de fuentes especializadas, ese sitio es uno de los más biodiversos y menos explorados de Estados Unidos.

   Teniendo en cuenta el permiso concedido, ConocoPhillips podrá empezar a extraer el llamado oro negro en tres de las cinco zonas solicitadas para las labores de perforación, con más de 200 pozos.

   Los planes de la referida entidad apuntan a lograr la producción de 576 millones de barriles de petróleo en tres décadas, divulgó la Oficina de Administración de Tierras.

   Al mismo tiempo, recalcó, la emisión anual de dióxido de carbono llegará a 9,2 millones de toneladas, un 0,1 por ciento de las emanaciones de gases de efecto invernadero en Estados Unidos en 2019.

   Para apuntarlo con otras palabras de dicha fuente, las acciones de extracción significarán el equivalente a la presencia de dos millones de automóviles adicionales en las carreteras norteamericanas cada 12 meses.

    Reportes de prensa recordaron que esta iniciativa, con una inversión prevista de ocho mil millones de dólares, recibió respaldo durante la administración de Donald Trump (2017-2021), pero fue detenida de forma temporal por la decisión de un juez, hasta que un nuevo análisis condujo al actual desenlace.

   También expusieron que Biden llegó a la Casa Blanca con la promesa de no permitir nuevas perforaciones de petróleo y gas en terrenos federales; pero, como sucede muchas veces, las palabras fueron por un lado y las acciones por otro.

   Ante tal postura, organizaciones como Earthjustice esgrimieron críticas y advirtieron sobre los perjuicios para el hábitat de comunidades nativas que igualmente se oponen a Willow.

   Biden aprobó un proyecto que precisamente descarrila sus propios objetivos climáticos, existe una gran contradicción, opinó Robert Valencia, estratega de medios de comunicación en español para dicha entidad, quien añadió que la actividad preliminar de ConocoPhillips resulta increíblemente destructiva y dañina.

   De acuerdo con Earthjustice, esta iniciativa pondrá en peligro el refugio de vida silvestre más grande que queda en la región polar (espacio de osos y de miles de aves migratorias, por citar ejemplos de algunas especies).

   Abigail Dillen, su presidenta, sostuvo, citada por la cadena de televisión CNN, que “estamos demasiado avanzados en la crisis climática para aprobar proyectos masivos de petróleo y gas que atentan directamente contra la nueva economía limpia que el Gobierno de Biden se comprometió a impulsar”.

   Por su parte, la organización ambiental Sierra Club calificó el proyecto como un paso equivocado y anticipó que será un desastre para la vida silvestre, las tierras, las comunidades y el clima.

   Sonny Ahk, un joven activista iñuipat de Alaska que hizo campaña contra Willow, aseguró que el desarrollo catalizará la futura expansión petrolera en el Ártico.

   “Mientras que los ejecutivos de fuera del estado obtienen ganancias récord, los residentes locales deben lidiar con los impactos perjudiciales de estar rodeados de operaciones masivas de perforación”, expuso.

   Estrategia energética y jugada política

   Del lado opuesto, los promotores de la iniciativa la presentaron como una inversión muy necesaria y recalcaron que ayudará a impulsar la producción de energía nacional y disminuirá la dependencia del país del petróleo extranjero.

    Un análisis de Matt MacGrath, corresponsal de medio ambiente de la cadena británica BBC, subrayó que Willow tiene que ver con la política y la ley, no con el medio ambiente.

   Rememoró que ConocoPhillips posee una licencia de explotación desde 1999 y hubiera tenido un caso sólido para apelar en las cortes si sus planes hubieran sido rechazados.

   A juicio de MacGrath, la administración de Biden es consciente de que, desde una perspectiva puramente climática, el proyecto es injustificable.

   No obstante, como una concesión a los opositores, el mandatario ha tratado de compensar la aprobación de este plan con nuevas prohibiciones sobre la explotación de petróleo y gas en el Ártico.

   Con elecciones presidenciales en noviembre de 2024, Biden desea ser visto como un líder de centro, preocupado por el suministro del hidrocarburo y los precios para los ciudadanos estadounidenses, enfatizó el periodista.

   En medio de la polémica, el Departamento del Interior anunció que más de 1,2 millones de hectáreas del mar de Beaufort, en el Ártico, estarían “indefinidamente fuera de los límites” para la perforación en busca de petróleo y gas.

   Según un comunicado de la Casa Blanca, tal medida garantiza que un hábitat importante para ballenas, focas, osos polares y otros animales salvajes “será protegido a perpetuidad del desarrollo extractivo”.

   También, el Gobierno comunicó que propondría nuevos límites a la perforación en más de cinco millones de hectáreas de tierra que considera “ecológicamente sensible” en la Reserva Nacional de Petróleo de Alaska.

    Los desafíos legales

    A criterio de grupos defensores del medio ambiente, esos pasos carecen de gran significado al contar con un alcance insuficiente.

   Proteger un área del Ártico para destruir otra no tiene sentido, y no ayudará a las personas y la vida silvestre, que se verán afectadas por el proyecto Willow, estimó Kristen Monsell, abogada del Centro para la Diversidad Biológica.

   La iniciativa resulta peligrosa y sucia, estamos extremadamente decepcionados, afirmó Tiernan Sittenfeld, vicepresidente de Asuntos Gubernamentales de la Liga de Votantes por la Conservación.

   Esto está en conflicto directo con los objetivos del Gobierno de Biden de reducir la contaminación a la mitad para 2030, y ahora es aún más importante que redoblen la acción ejecutiva con el fin de maximizar el progreso climático, anotó en un comunicado.

   Sittenfeld recalcó que las nuevas protecciones anunciadas para el amenazado Ártico son importantes, pero no compensan la aprobación de Willow.

   Dicha determinación oficial representa un error para el futuro climático, proteger la biodiversidad y honrar a las comunidades de primera línea que han alzado su voz contra este proyecto, señaló Kristen Miller, directora ejecutiva de la Alaska Wilderness League, dedicada a cuidar las áreas naturales del estado ante los intereses de la industria de los combustibles fósiles.

   El Ártico occidental es uno de los últimos grandes paisajes salvajes del planeta, y el desarrollo industrial allí no envejecerá bien, manifestó el senador demócrata Martin Heinrich, quien rechazó el espaldarazo a Willow por parte de la administración.

   Dadas las preocupaciones existentes, seis grupos ambientalistas interpusieron una demanda el 14 de marzo para evitar que ConocoPhillips siga adelante con el proyecto.

   La acción legal, presentada en el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para Alaska por organizaciones como Sovereign Iñupiat for a Living Arctic, Sierra Club y Wilderness Society, sostiene que la aprobación otorgada por el Gobierno violó cuatro leyes ambientales.

   Más allá del camino judicial a seguir, opiniones de analistas y expertos en el tema apuntan que Biden intenta equilibrar los propósitos de lograr que Estados Unidos reporte cero emisiones netas de carbono para mediados de siglo, con la presión de aumentar el suministro de combustible en aras de mantener bajos los precios.

   En ese sentido, el diario The New York Times también señaló el modo en que el presidente se ha distanciado de los compromisos de campaña de no permitir nuevas perforaciones en tierras federales.

   A decir del periódico estadounidense, ese divorcio entre lo prometido y lo ahora aprobado se explica por una crisis energética mundial, la intensa presión de los legisladores de Alaska (incluido el único miembro demócrata de la Cámara de Representantes del estado), un año electoral inminente y un complicado panorama legal que, según los abogados del Gobierno, dejaba pocas opciones para el mandatario.

   Mientras Biden parece estar moviéndose entre una dosis de cal y otra de arena en lo concerniente al tema climático, surge la pregunta de si tales movimientos lo favorecerán a nivel político y, sobre todo, si tendrán un saldo más positivo que negativo en materia medioambiental. En este último caso, la respuesta no parece ser alentadora.

José Oscar Fuentes
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